La ambición de Estambul

La ciudad ya tiene una vocación comercial. El primer ministro turco quiere llevarla a otro nivel con un nuevo centro financiero internacional.
Mark Bentley y Benjamin Harvey / Bloomberg

Ahora no es más que un polvoriento parche de tierra en el moderno suburbio de Atasehir, en el lado asiático de Estambul. En tres años, si todo sale de acuerdo con los planes, los rascacielos de oficinas dominarán el lugar para convertirlo en un presuntuoso Wall Street sobre el mar de Mármara: el Centro Financiero Internacional de Estambul.

Al igual que muchas de las ideas del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, como su insistencia en que la mayoritariamente musulmana Turquía iniciara negociaciones para ingresar a la Unión Europea, el Centro Financiero Internacional de 2.5 kilómetros cuadrados es audaz. Erdogan, cuyo Partido de la Justicia y el Desarrollo consiguió un segundo mandato en los comicios del año pasado, ve a Turquía como un pujante poder tanto económico como político en el Medio Oriente y el sureste de Europa.

El IFC-Estambul, como ya se le conoce por sus siglas en inglés, será la encarnación en acero, cristal y concreto de esa visión, dice Kubilay Cinemre, quien renunció como director ejecutivo de la oficina en Estambul de Merrill Lynch en 2010 para establecer su propia firma de gestión de fondos, Fokus Yatirim Holding. Con el IFC en marcha, dijo a periodistas el ministro de Ambiente y Urbanización, Erdogan Bayraktar, "Estambul asumirá su papel histórico como un centro global de comercio".

En algunos sentidos, Estambul, que es parte de Europa y de Asia con sus 13 millones de habitantes, ya transita ese camino. El sector financiero ha crecido de la mano de la 16ta. economía más grande del mundo. Mizuho Financial Group y Mitsubishi, de Japón, OAO Sberbank, de Rusia, y Burgan Bank, de Kuwait, compraron empresas turcas o abrieron oficinas en la ciudad este año, con lo que se unieron a pesos pesados, como Citi Group y HSBC.

Con un producto interno bruto de 770,000 millones de dólares, la economía turca creció 8.5% el año pasado, el tercer crecimiento más acelerado entre el grupo de 20 países industrializados, detrás de China y Argentina. Aunque se ha enfriado un poco, al crecer a una tasa anualizada de 3.2% en el primer trimestre de 2012, ese ritmo sería la envidia de los vecinos en Occidente.

Hoy, el corazón de la industria financiera turca está en los distritos de Levent y Maslak de Estambul, en una colina con vista al Bósforo desde la orilla europea de la ciudad. Los activos de todos los bancos con licencia en el país se sextuplicaron a 1.27 billones de liras (710,000 millones de dólares) entre 2002 y 2012, de acuerdo con la Agencia de Supervisión y Regulación Bancaria de Turquía. Los bancos relativamente fuertes del país la han protegido en parte de la inestabilidad que asuela Europa. En junio, según la agencia bancaria, los bancos turcos tuvieron un coeficiente de suficiencia de capital de 16.5%, más del doble del 8% que exige la ley.

El principal índice de la Bolsa de Valores de Estambul, el ISE 100, con sólo un cuarto de siglo, ya es uno de los mayores mercados bursátiles de los mercados emergentes en el mundo. Si bien la Bolsa de Estambul, valorada en 113,600 millones de liras al 13 de agosto, es diminuta en comparación con Nueva York y Londres, es ligeramente más grande que Frankfurt (51,000 millones de dólares), mayor que las bolsas de Grecia y Egipto sumadas y tiene casi cuatro veces el tamaño de la de Dubai. Creció 26% este año y su dimensión aumentó más del doble desde el comienzo de 2009.

La inversión extranjera directa también está al alza: durante los primeros dos meses de 2012, fue un 25% más alta que durante el mismo periodo un año antes. En marzo, Aeroports de Paris compró 38% de participación en el operador de aeropuertos turco TAV Havalimanlari por 874 millones de dólares. TAV administra  el principal aeropuerto internacional de Estambul, el Ataturk, el trigésimo más transitado del mundo, así como terminales en Letonia, Macedonia, Túnez y Arabia Saudita. En abril, Goldman Sachs acordó pagar 240 millones de dólares por una participación de 13% en Aksa Enerji Uretim, el mayor productor de energía no gubernamental de Turquía.

La prosperidad que viene con ese tipo de crecimiento está transformando Estambul. Las nuevas construcciones, ya sean bloques de departamentos, villas u hoteles, se ven a lo largo y ancho de la ciudad, junto a lujosos sitios para comer kebab, restaurantes y bares. Altos ejecutivos y gerentes visitan el Billionaire Club, una discoteca de varios niveles en el hotel Edison que combina decoración de estilo otomano con candelabros e iluminación azul disco.

Los ejecutivos de menor rango se divierten en el Suada Club, una isla artificial en medio del Bósforo con una piscina olímpica, varios bares y restaurantes. Un tercer puente previsto sobre el ajetreado estrecho probablemente traerá nuevos desarrollos a un gran terreno arbolado en el norte de Estambul.

El IFC es un instrumento en la campaña del primer ministro Erdogan para explotar los vínculos comerciales y políticos, algunos de los cuales datan del imperio otomano, a lo largo de los Balcanes, los países del golfo Pérsico, y el norte de África. El potencial de Estambul no es tan conocido como debería, dijo Martin Spurling, director general de HSBC en Turquía, durante una conferencia el 13 de junio en Estambul. "No tenía idea de lo grande que era Estambul hasta que fui nombrado aquí", dijo. "Estaba en shock. En términos de su ubicación, historia, cultura, potencial humano y hospitalidad, Estambul es un gran candidato para ser un centro financiero internacional. Debemos explicárselo un poco mejor al mundo".

En el pasado, Erdogan concibió grandes proyectos que se estancaron. Una autopista entre Estambul e Izmir, la tercera ciudad de Turquía, todavía está sin terminar.

El plan del premier para un canal en Estambul con un costo de 30,000 millones de dólares sigue en borrador más de 18 meses después de que lo anunció. Complicaciones similares golpearon las ventas de gasoductos de propiedad del gobierno y de los derechos de operación de peajes.

Algunos críticos del IFC dicen que tiene más forma que fondo. "La razón por la cual no somos un centro financiero ahora es un problema de competitividad, y tener esta ‘imagen' de ser un centro financiero como meta en sí misma puede implicar obviar lo importante", asegura Murat Ucer, quien estuvo asociado con el banco central turco y ahora es asesor en Estambul de Global Source Partners, una consultora económica con sede en Nueva York. "Quisiera que se enfocaran más en cómo elevar la competitividad general de Turquía y las calificaciones crediticias. El sistema educativo se puede mejorar. Debemos trabajar más para hacer de Estambul una ciudad más habitable. Podemos mejorar el sistema fiscal. Tenemos un largo camino por delante en estos frentes". El IFC bien podría ser un éxito, dice. "No es una meta increíblemente imposible", señala. "Pero necesitamos ser más realistas al respecto. Hay mucho más que construir edificios bonitos".

En casi una década como primer ministro, Erdogan, un seguidor de la rama suní del islam, no siempre disfrutó de todo el apoyo de los líderes seculares del empresariado turco, señala Bulent Aliriza, director del programa sobre turquía en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. Gracias al crecimiento económico constante bajo su mandato, Erdogan convenció a críticos influyentes, como Rahmi Koc, presidente honorario de Koc Holding, un grupo de compañías cuyas ventas representan más de 6% del PIB turco.

Tres años después de que Erdogan anunciara sus planes para el IFC, los líderes políticos y empresariales turcos están alineados en apoyo al proyecto de 2,600 millones de dólares, que, según el gobierno, empleará a 50,000 personas y proporcionará un nuevo hogar para la Bolsa de Valores de Turquía. Turkiye Halk Bankasi y Turkiye Vakiflar Bankasi, ambos bancos gubernamentales, compraron terrenos en el lugar y otras instituciones financieras públicas han dicho que se sumarán a la gran marcha hacia Atasehir: la Agencia de Regulación y Supervisión Bancaria, la Junta de Mercados de Capital y la Asociación de Bancos de Turquía.

Haci Omer Sabanci Holding, el segundo grupo industrial y financiero más grande del país, se cuenta entre las grandes compañías que respaldan el plan y está organizando conferencias y exhibiciones itinerantes para promoverlo. Citigroup, UBS, el Instituto de Finanzas Internacionales y TheCityUK, que representa a la industria británica de servicios financieros, asesoran al gobierno turco en el proyecto.

Al buscar convertirse en un centro financiero internacional, Turquía también está cambiando la naturaleza de su relación con la Unión Europea, a la que anhela pertenecer.

Las negociaciones formales sobre el ingreso de Turquía, que Ankara solicitó desde 1987, comenzaron en 2005 y están en marcha. Aunque la oposición al ingreso turco ha crecido en años recientes en los estados miembros de la UE, particularmente en Francia, el propio entusiasmo de los turcos se enfría a medida que su economía va mejorando. Erdogan redujo a menos de la mitad la deuda pública, a menos de 40% del PIB. Entre mayo y julio, la lira turca fue más estable que cualquier moneda europea. Mientras Europa del Este era sacudida por la crisis del euro que hizo erupción en Occidente, Turquía permanecía protegida, en gran medida, debido al acceso a otros mercados, según el Tesoro turco.

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El éxito o el fracaso del IFC-Estambul inevitablemente será visto como una medida del liderazgo del primer ministro. "Erdogan piensa en grande y a muchas personas que votaron por él les gusta eso", comenta Aliriza. "La pregunta es si todos estos ambiciosos proyectos se materializarán. Erdogan nació y creció en Estambul. Fue alcalde y es una persona muy ‘Estambul-céntrica'. El centro financiero muestra cuán comprometido está".

El IFC también será una medida de la autoestima de Turquía como poder regional. "Todo lo que tenemos que hacer ahora es dar a conocer este potencial, y si hay algún obstáculo, removerlo", dijo a periodistas el viceprimer ministro Ali Babacam en una sesión de planificación en junio. Gran parte de esa tarea es responsabilidad del primer ministro, quien vendió bebidas frías y panecillos de ajonjolí en las calles de Estambul cuando era adolescente. Y no se intimida con facilidad.

LAS DINASTÍAS MULTIMILLONARIAS
Aunque la economía turca ha atraído un aumento de la inversión extranjera, grandes grupos familiares dominan sectores clave. Entre los patriarcas se cuentan:
Nombre (Edad) Patrimonio (millones de dólares) Compañía Industria Participación en su mercado Historia
Mehmet Karamehmet (68) 4,200 Cukurova Group Tele comunica ciones 53% Fundada en 1923 como una fábrica de hilos, Cukurova se expandió al transporte de carga, el petróleo, la televisión satelital y las telecomunicaciones.
Sarik Tara (82) 3,700 Enka Energía 15% Tara, de origen macedonio, cofundó Enka en 1957. Dirigida por su hijo, Sinam, es la mayor constructora de Turquía y el más grande generador privado de energía.
Mustafa Rahmi Koc (81) 1,900 Koc Holding Automotriz 51% Tres generaciones de la familia Koc han presidido la compañía a lo largo de sus 95 años. Es el mayor grupo industrial turco en términos de ingresos, exportaciones y empleados.
Ferit Faik Sahenk (49) 1,300 Dogus Group Automotriz 13% Fundado en 1951 por Ayhan Sahenk como una compañía constructora, Dogus Group ahora abarca 150 compañías en siete sectores, desde el bancario hasta medios.
Murat Ulker (53) 1,000 Yildiz Holding Alimentos 50% El negocio emblemático de la familia, Ulker Biskuvi, fue iniciado por el padre de Murat, Sabri Ulker, en 1944. La marca de galletas original de la compañía todavía es la más popular.
FUENTE: Bloomberg.
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