La costumbre como estrategia

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libro el poder de los hábitos  (Foto: Dayan Jiménez)
Hernán Iglesias Illa

 

En una frase: Si entendemos nuestros hábitos podemos modificarlos para hacerlos más saludables y productivos.
Especial para: Ejecutivos y gerentes presos en rutinas negativas.

Charles Duhigg descubrió el poder de los hábitos y las rutinas en Irak, adonde fue enviado a cubrir la ocupación estadounidense por el diario The New York Times. Dos meses después de llegar, Duhigg viajó a una pequeña ciudad, no muy lejos de Bagdad, donde varias veces por semana había protestas violentas en la plaza central. El proceso era siempre el mismo: en la tarde empezaba a reunirse en ese lugar una multitud, que con las horas aumentaba de tamaño. Aparecían entonces los puestos ambulantes de comida y grupos de curiosos. Después de un rato, alguien arrojaba una piedra o una botella y desataba el caos.

Un mayor del Ejército de Estados Unidos analizó los videos de algunas de estas protestas y tuvo una idea. Visitó al alcalde de la ciudad y le pidió si podía prohibir el ingreso a la plaza de los vendedores de comida. El alcalde aceptó. Unos días después, una multitud se congregó frente a la mezquita local y algunos manifestantes empezaron a gritar consignas y a generar alboroto.

En el aire se olía la tensión: la policía local le había pedido ayuda a los militares estadounidenses en caso de que estallara la violencia. Al anochecer, sin embargo, los manifestantes y los curiosos empezaron a sentir hambre. Pero los vendedores de kebabs, prohibidos, no estaban en sus lugares. El entusiasmo por la protesta decreció paulatinamente. "A las ocho de la noche no quedaba nadie", escribe Duhigg.

Cuando habló con el mayor a cargo, Duhigg recibió su primera lección sobre la potencia de los hábitos. El militar le contó cómo las rutinas le permiten a sus subordinados tomar decisiones sin pedirle permiso o cómo la repetición de procesos le facilitaba trabajar con gente que le caía mal. "Comprender la importancia de estos hábitos es lo más importante que aprendí en el Ejército", le dijo el mayor. Duhigg volvió a Nueva York y se obsesionó con el tema. El resultado es The Power of Habit: Why We Do What We Do in Life and Business, un manual sobre cómo detectar aquellas rutinas negativas en nuestras vidas y nuestras empresas y cómo cambiarlas o mejorarlas.

La tesis principal del libro es que los hábitos dan forma a nuestras vidas en muchos más niveles de los que tenemos conciencia. Para Duhigg, "el deseo de cambiar" es el ingrediente más importante para poder generar cambios y la mejor manera de canalizar este deseo es a través de cambios en nuestros hábitos. "Al cambiar un hábito, el cambio se hace real", dice en el libro. La regla de oro para lograr esto es comprender que es imposible extinguir un hábito perjudicial: lo ideal, y la única solución, es remplazarlo por un hábito benéfico.

Duhigg dedica los primeros capítulos a mostrar la relación entre el cerebro y los hábitos. "Las rutinas sólo pueden ser alteradas si comprendemos cómo funcionan", explica. Para ello recurre a las últimas investigaciones neurológicas sobre el comportamiento humano y aplica sus conclusiones a la formación de hábitos y rutinas. El primer resultado es que las rutinas nunca habían sido bien comprendidas por los científicos hasta el descubrimiento de los ganglios basales, en la base del cerebro, y de su importancia en los procesos de memoria y almacenamiento. Los ganglios basales usan un proceso llamado en inglés chunking para crear procesos que aprendemos a hacer sin pensar demasiado en ellos. Esto le sirve al cerebro para ahorrar energía y poder hacer dos o más acciones al mismo tiempo. Pero no le permite distinguir entre los hábitos positivos o negativos.

Según los estudios, un hábito o rutina consta de tres fases: 1) un ‘gatillo', que enciende el piloto automático del cerebro, 2) una ‘rutina' u hoja de ruta, que puede ser física, emocional o mental, y 3) una ‘recompensa', que le ayuda al cerebro a decidir si esta espiral merece ser recordada.

Una parte de esta ciencia que estudia los hábitos es comprender cómo funcionan los ‘antojos' creados por estos hábitos. Hay empresas de consumo masivo que llevan años intentando entender nuestros automatismos cuando entramos a una tienda o a un supermercado. ¿Cómo tomamos nuestras decisiones de compra? Más de 50% de las decisiones se toman dentro de la tienda, aun si llevamos una lista detallada con lo que necesitamos. La mejor manera que tiene una compañía de entrometerse en nuestro proceso es aplicando los elementos de la espiral del párrafo anterior: gatillo, rutina y recompensa.

Duhigg cuenta entonces la historia de Febreze, el exitoso eliminador de malos olores de P&G. Cuando inicialmente fue lanzado en Estados Unidos, Febreze fue un fracaso, porque los consumidores no sabían que tenían malos olores en sus casas: estaban habituados a ellos. Finalmente, después de una investigación de mercado, P&G vio que algunos de sus clientes usaban Febreze como ‘toque final' después de limpiar sus casas. Adaptaron sus campañas de mercadeo (adaptaron, según la terminología del libro, la ‘recompensa' del hábito) y el producto se transformó en un éxito, con ventas globales de más de 1,000 millones de dólares anuales.

¿Pero cómo salir de estas espirales negativas? El consejo principal de Duhigg es que no intentemos deshacernos completamente de ellas. Usando su propia clasificación, recomienda mantener el ‘gatillo' y la ‘recompensa' anteriores pero insertando una nueva rutina. Este modelo lo usan entrenadores deportivos y también expertos en tratamiento de alcoholismo, desórdenes compulsivos y otras conductas autodestructivas. Cita a Tom Dungy, un legendario entrenador de futbol americano que enseñaba sólo unas pocas jugadas a sus equipos, pero insistía con ellas hasta que las aprendían completamente: "Los campeones no hacen cosas extraordinarias -dice Dungy-. Hacen cosas normales, pero las hacen sin pensar, más rápido que sus rivales, siguiendo los hábitos aprendidos". Lo más importante de esto, según Duhigg, es que cuando una persona logra cambiar una parte (un hábito) de su vida, empieza a pensar que también puede cambiar el resto.

Enfoque empresarial

La segunda parte del libro está dedicada a los hábitos de las empresas. Aquí, el caso principal es el de Alcoa, la fábrica de aluminio estadounidense que estaba estancada a mediados de los 80 y fue rescatada por Paul O'Neill, quien después sería secretario del Tesoro de George W. Bush. El día de su presentación como ceo, O'Neill sorprendió a sus empleados y accionistas: dijo que el objetivo principal de la compañía sería la seguridad, reducir el número de accidentes a cero. Esto era poco habitual: los nuevos directores generales normalmente hablaban de ingresos y costos y hacían promesas un tanto vagas.

La reacción de los colaboradores fue preguntar sobre sus inventarios y qué pasaría con el estado del capital básico.

O'Neill notó que no lo habían escuchado. Si los empleados querían entender el estado financiero de Alcoa, debían fijarse en el estatus de seguridad en sus áreas de trabajo.

"Mejorar nuestros índices de seguridad -dijo O'Neill aquel día de 1987- será una señal de que estamos comprometidos con un proceso de excelencia, un indicador de que estamos cambiando los hábitos de la organización".

El ejecutivo quería cambiar muchos hábitos de Alcoa, pero sabía que si lograba cambiar uno de ellos, la cantidad de accidentes, los otros serían más fáciles de modificar.

La gestión de O'Neill en Alcoa fue enormemente exitosa: logró multiplicar las ganancias y el valor de mercado de la compañía, al mismo tiempo en que la transformó en una de las empresas más seguras de Estados Unidos. Todo ello gracias a la modificación de un ‘hábito fundamental', según la categorización de Duhigg.

Otro ‘hábito fundamental' es la fuerza de voluntad. De acuerdo con el autor, se puede ejercitar y se puede aprender, como cualquier otra cualidad. La mejor manera de hacerlo es transformarla en un hábito.

En un ámbito empresarial, una serie de buenas rutinas en las que los empleados deben tomar decisiones relacionadas con la fuerza de voluntad es una buena estrategia para darles más autoridad para tomar decisiones. Y estas decisiones, a su vez, aumentarán su fuerza de voluntad y su compromiso con el empleo.

Cerca del final de su texto, el autor quiere dejar un mensaje optimista. Escribe que, a pesar de que algunos "hábitos primarios" son casi imposibles de cambiar, la mayoría de nuestras rutinas negativas sí pueden modificarse. El reto se encuentra en identificar esos reactivos que generan nuestros hábitos. El primer paso será confiar en uno.

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"Si crees que puedes cambiar, si transformas esta creencia en un hábito, el cambio se hace realidad", escribe Duhigg. "Éste es el poder real de los hábitos: la noción de que tus rutinas son lo que tú quieres que sean. Una vez que ese cambio ocurre -y se convierte en automático- no sólo se hace realidad. Se hace inevitable".

The Power of Habit: Why We Do What We Do in Life and Business (‘El poder de los hábitos: por qué hacemos lo que hacemos en la vida y los negocios'), Charles Duhigg. 371 páginas, 15 dólares en Amazon.

LA FÓRMULA SECRETA
Cuando las personas escuchan hablar sobre el estudio de los hábitos, lo primero que quieren saber es cómo eliminar aquellos que son negativos, menciona Charles Duhigg en su libro. Sin embargo, asegura, no existe una receta que pueda definir cómo deshacerte de ellos.
Los individuos y sus hábitos son todos diferentes. Y como ellos, también son múltiples las soluciones. El diagnóstico y la estrategia para cambiar varían para cada persona, porque incluso lo que los genera no es lo mismo para todos. Por eso, el libro funciona como una propuesta para entender cómo funcionan los hábitos y experimentar cómo podrían cambiar.
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