Tan fácil que da risa

¿Se puede patentar algo tan simple como las cosquillas?
Víctor Núñez Jaime / Madrid

Las yemas de los dedos, las manos y los antebrazos de una terapeuta recorren toda la piel y la relajación es inmediata. El objetivo no es producir un ataque de risa, sino recibir caricias y mimos, suaves y envolventes.

En 2010, Isabel Aires fue de vacaciones a Cuba y, mientras tomaba el sol, un amigo le preguntó: "¿Crees que alguien pagaría para que le hagan cosquillas?". Ella, sin duda, lo haría, respondió. Así que al volver a Madrid buscó a expertos en neurología y psicología para averiguar los beneficios que aportan las cosquillas a los seres humanos. "Relajación del sistema nervioso y muscular -explica Aires-, pérdida de estrés y liberación de endorfinas que provocan felicidad". ¿Algo en contra? "Son adictivas", dice.

Aires patentó la idea y, en diciembre de ese año, montó CosquilleArte, "el primer centro de cosquillas de España y del mundo", según reza su eslogan. Ubicada en el céntrico distrito de Chamberí, la clínica ofrece sesiones individuales o en pareja que ponen la piel de gallina y estampan la satisfacción en la cara.

Lourdes Nieto ‘Manos de Seda' se transformó en cosquillóloga después de ser masajista en algunos gimnasios y spas. Experta en quiromasaje y terapias alternativas, integra el equipo fundador de CosquilleArte. "No queremos que haya carcajadas", comenta. "Incluso evitamos la zona del cuerpo que más risa le produce a la gente. Sólo queremos que se relajen. Además usamos plumas, un masajeador capilar y un poco de aceite esencial. Pero lo fundamental son nuestras manos".

A este centro acuden personas de distintas edades, profesiones y nacionalidades. Anabella Díez de la Lastra (40 años, sesiones maratónicas de trabajo administrativo, cuidado de los hijos y de la casa) fue por primera vez hace ocho meses. "Al principio me sonó raro, como una tontería -advierte-. Luego comprobé que es estupendo. Entras con la espalda hecha polvo y sales encantada de la vida. Voy para relajarme, para quitarme el estrés del trabajo. Incluso tenía dolores de estómago provocados por ese ritmo de vida, esa ansiedad. Ya no los tengo más".

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Concepción González Encinar, experta en psicoanálisis de la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que las cosquillas evocan etapas felices y de satisfacción en la infancia. "Cuando nos tocan la piel, inmediatamente recordamos sensaciones pasadas de placer y juego que nos calman y relajan", explica.

En la clínica, las expertas cosquilladoras recuestan a su cliente sobre una camilla, al centro de una cabina con paredes negras y una iluminación tenue. Mientras las yemas de los dedos recorren el cuerpo, la mente olvida las preocupaciones. Algunas personas llegan a dormirse. Hay quienes incluso roncan y otros, simplemente, suspiran de alivio.

NEGOCIO INTERNACIONAL
Cada vez más extranjeros que visitan Madrid no dudan en ir a que les hagan cosquillas. Hay gente que pide una cita en la clínica CosquilleArte hasta con tres meses de antelación.
“Hay turismo nacional e internacional que viene a la ciudad y aprovecha para conocer CosquilleArte. Así como existe el enoturismo, queremos que exista el cosquilloturismo”, dice la fundadora del centro, Isabel Aires.
“Los ejecutivos asiduos a CosquilleArte suelen elegir la sesión de una hora y así hacen a un lado el estrés y salen relajados. También ofrecemos incentivos para empresas en España e, incluso, podemos desplazarnos a sus instalaciones para dar sesiones de cosquillas a los empleados”, dice Aires.
La sesión de media hora cuesta 25 euros. Una hora, 45 euros.
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