¿Quién decide competir?

La competencia debe ser resultado de las reglas que la promuevan y no de concesiones de empresas o de sus accionistas.
Los editores

La falta de competencia es la crítica más común que enfrentan quienes dirigen las empresas más grandes de México, públicas y privadas. Este fenómeno se le reclama igual a Pemex, un monopolio constitucional, que a América Móvil o Televisa, empresas que poseen la mayor participación de mercado en la industria a la que pertenecen.

Los datos duros dan poco margen a la discusión. Pemex es el único que produce petróleo y vende gasolina en México. América Móvil posee 69.7% de la telefonía móvil, una industria donde hay cinco competidores. Televisa tiene 68% (según un estudio del CIDE que comisionó la Cofetel) del mercado publicitario de televisión abierta, donde sólo hay dos participantes.

En el caso de las empresas privadas, el discurso que escuchamos de los principales accionistas parece una contradicción a su posición de mercado. Carlos Slim, por tomar el caso de América Móvil, afirma que su empresa sí tiene competencia, y que su amplio market share es resultado de que ha invertido más que sus competidores.

Ahora es el turno del presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean. En la entrevista que publicamos en esta edición nos muestra su visión de la competencia, tanto la que él podría enfrentar si se licitan nuevas cadenas de televisión, como la que él y Televisa representan ya en el sector de las telecomunicaciones. Y él también dice estar a favor de competir.

El empresario habla de su relación con Carlos Slim, quien le ayudó a mantener el control de Televisa cuando murió su padre. Cuenta que el enfrentamiento en los negocios era inevitable como consecuencia del avance tecnológico, y que entre ellos no hay una ruptura sino una competencia.

Azcárraga dice que es difícil competir contra Slim. Y por ello pide a los reguladores que fijen condiciones asimétricas para que los participantes más pequeños en telecomunicaciones no mueran en el intento de ganar participación de mercado. Justifica los amparos en contra del apagón analógico porque eso implicaría, dice, que 20 millones de mexicanos queden sin televisión abierta por no tener un aparato digital. Los planes que tiene con Univision son ambiciosos, y no rehúye el tema del futbol, donde reconoce que la entrada de Slim encarecerá a las televisoras los derechos de transmitir en vivo.

Las declaraciones a favor de la competencia hacen creer que competir en México es un asunto de voluntades o de fenómenos tecnológicos, como la convergencia entre telecomunicaciones y televisión que esta vez enfrentó a Slim y Azcárraga.

Más que una concesión de una empresa o de los valores de una persona, la competencia en México debe ser una condición que genere el marco regulatorio, sin importar si se trata de televisión abierta, telecomunicaciones, energía o transporte aéreo.

En el México que nos imaginamos, los presidentes de órganos reguladores como la Cofetel y la Cofeco no tienen que convencer a sus regulados de acatar sus decisiones ni negociar las condiciones bajo las cuales operarán. En todo caso aplican la regulación y, si fuera necesario, defienden sus decisiones en los tribunales, que tendrían que hacer un trabajo más expedito y especializado.

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Crear tribunales especiales para que traten temas de competencia fue una de las propuestas de Enrique Peña Nieto cuando fue candidato a la presidencia. Estaremos atentos a su iniciativa de ley.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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