Una agenda por México

Más allá de las reformas que necesita el país, se requiere definir el tipo de capitalismo que responde a su realidad y a sus necesidades.
Xavier Ginebra Serrabou

En otro loable esfuerzo por diagnosticar los problemas nacionales, el sector privado firmó con el próximo presidente de México, Enrique Peña Nieto, un documento llamado ‘Agenda por México', en el cual la cúpula del sector privado señala el mapa que se debe seguir para retomar la senda del crecimiento.

Es de esperarse que su contenido íntegro sea el Plan Nacional de Desarrollo del siguiente gobierno. Los pendientes:  fortalecer el Estado de Derecho, conservar la estabilidad macroeconómica, crear un entorno adecuado para los negocios, combatir a la inseguridad, reformas estructurales, etcétera.

¿En qué se equivoca el estudio? En muchas cosas, pero la principal es que no alcanza un modelo económico de capitalismo mexicano.

Carlos Llano destacó hace ya más de una década, comentando la obra Las siete culturas del capitalismo, de Hampden-Turner y Trompenaars,  ciertos rasgos que suponen siete estilos de capitalismo:

1. El modo de establecer las reglas y de identificar las excepciones, que configura el dilema cultural universalismo versus particularismo.

2. El modo de enfrentarse con la organización, considerando analíticamente cada parte o viéndola bajo la perspectiva de una armonía globalizadora que respondería al dilema metodológico de análisis versus integración.

3. Las diversas maneras de enfrentarse con los grupos o comunidades de individuos, que a su vez dan pie a la consideración de dos polos axiológicos opuestos: individualismo versus comunitarismo.

4. Las guías o criterios más importantes de acción por parte de la empresa nos ponen en contacto con dos grandes modos de trabajo: orientación hacia dentro versus orientación hacia afuera.

5. Los procesos que acontecen en las empresas, a los que contempor­­­áneamente se les imprime cada vez más velocidad, señalan también dos géneros de empresas según se considere el tiempo como secuencia versus el tiempo como sincronización.

6. Las formas de hacer empresa varían dependiendo del estatus en que se coloca a las personas. Para unas empresas la posición se gana con resultados. Para otras, deriva de varias condicionantes, como edad, experiencia, titulación académica.

7. El valor predominante en la relación de las personas en la empresa: la homogeneidad (se asumen como iguales y se diferencian por su eficacia) o la heterogeneidad (se distinguen por su nivel jerárquico).

El mexicano es más integracionista que analista, su concepción del tiempo es sincrónica, trabaja más bien enfocado hacia dentro, es más emotivo que ético, no selecciona a sus individuos entre aquellos que han logrado progresos en beneficio de la compañía.

Esto daría como resultado un enfoque capitalista distinto al que pretendió implantar la generación tecnócrata que ascendió al poder en los 80. No se pueden utilizar parámetros de capitalismo desarrollado (Daniel Bell) en sociedades que no funcionan bajo esas premisas.

Al copiar el modelo capitalista estadounidense sucede que copiamos lo bueno (más eficiencia), pero a costa de asumir los costos de la masificación de la sociedad norteamericana: consumismo, individualismo, desintegración familiar.

El estudio del Consejo Coordinador Empresarial no ‘tropicaliza' las recetas del Consenso de Washington, razón de su fracaso. Ojalá el retorno del PRI, más nacionalista y realista que el pan, realice esta adecuación que no hace el estudio.

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El autor es doctor en Derecho Económico, profesor investigador de la UAEM (Morelos) y responsable del área de competencia y consumidores del despacho Jalife y Caballero.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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