Con corcho y etiqueta

En Ensenada, banqueros, financieros y directivos retirados viven su jubilación entre viñedos, pero es un capricho que necesita inversión constante durante al menos ocho años.
zona vinicola bajacaliforniana  (Foto: Paulina Chávez)
Delia Angélica Ortiz

A la Villa Montefiori se llega por una terracería rodeada de viñedos. Al fondo, una casona de piedra resguarda barricas de vino. Curiosamente, esta finca en la zona vinícola bajacaliforniana es también una casa de retiro.

El dueño es Paolo Paoloni, un italiano avecindado en México desde 1985, cuando llegó para ocupar posiciones directivas en empresas como L.A. Cetto, Jugos Del Valle y Jumex. Pasó 21 años en la vida corporativa, pero en 2006, a los 47 años, decidió que era momento de dedicarse de tiempo completo a la actividad que había planeado para su jubilación: la producción de vino.

"Al principio, la idea era hacer de esto una especie de fondo de retiro, porque al invertir por años, logras capitalización de activos, de inventario y de vino", dice Paoloni, copa de chardonnay en mano, sentado en la terraza del rancho que compró hace 15 años. Aun antes de ese tiempo, sabía que el vino requiere paciencia y dinero.

"En este negocio -dice-, para hacerte millonario tienes que ser multimillonario".

Paoloni conoce bien el negocio, por tradición familiar y por su formación como agrónomo enólogo. Sabía qué quería y hoy Montefiori es una de las 10 vinícolas más importantes de la zona, con una producción cercana a las 10,000 cajas de vino al año.

Un centenar de microproductores convive en la región, con bodegas de 2,500 cajas, en promedio. La mayoría son emprendedores, pero también hay un puñado de empresarios, financieros y banqueros retirados que llegaron hace más de una década y ahora viven su sueño de jubilación entre viñedos.

La ruta tradicional de inversión para un viñedo -además del terreno y la casa- implica 100,000 pesos por cada hectárea de vid que plantar y medio millón de pesos más para el mantenimiento por hectárea. Las instalaciones de vinificación son un desembolso adicional: un tanque para uso doméstico cuesta 50,000 pesos y el sistema de enfriamiento, otro tanto igual. En números redondos son al menos 5 millones de pesos para empezar.

El retorno de la inversión tomará ocho años, explica Joel Muñiz, socio director de Boston Consulting Group México y miembro del consejo consultivo de Monte Xanic, una casa vinícola bajacaliforniana que produce 40,000 cajas de vino al año. "La cadena de producción se segmenta para disminuir costos: hay casas que no tienen viñedo y compran uva. Otras  maquilan la producción con terceros o terciarizan el almacenamiento", explica Muñiz.

Pero sin viñedo, el sueño ya no es tan romántico. El matrimonio Miller se aferró al cuadro completo, incluso con caballos. Donald Miller es un ex banquero californiano y su esposa Tru es lingüista de origen holandés. Hace 15 años, a sus 62 años, Donald vendió su banco en Orange County para comprar un rancho en Ensenada. Tru vendió su escuela de idiomas. "Cuando nos jubilamos, queríamos tener un pequeño negocio donde ambos mezcláramos nuestras pasiones: el vino y los caballos -cuenta Tru-. Pero mi esposo lo tenía planeado desde 30 años antes de retirarse".

Tru propuso una oferta de hospedaje en medio de los viñedos para subsidiar los gastos corrientes de la producción de vino. "Cuando vi las cuentas de corchos, botellas, tanques, pensé que podían ocuparse cuartos como Bed & Breakfast -dice-. Gracias al hotelito y a que el vino comenzó a venderse enseguida, el negocio salió adelante".

Hoy, Adobe Guadalupe es un concepto de hotel boutique con instalaciones hípicas y viñedos que producen 10,000 cajas de vino por año. Tru se mantiene activa a cargo de la agenda promocional de la marca, con visitas a la Ciudad de México y a Europa para difundir sus etiquetas. "Es una buena manera de ocupar mi tiempo", dice Tru y confía que su esposo mantiene el bajo perfil por un tratamiento de cáncer.

Sin embargo, el viñedo como plan de retiro puede ser más utópico que real. Enrique Marín, director de Retiro para Latinoamérica Norte de Mercer, explica que el mejor plan de retiro es el que se diseña desde los 30 años. "Alguien que está a 15 años de su jubilación debe buscar alternativas de inversión de bajo riesgo y no apostar todos los ahorros a un negocio que no conoce".

Motivados por la pasión y el glamour de la industria vinícola, la mayoría de los jubilados metidos a productores de vino incursionó en el negocio como una práctica paralela a su actividad empresarial central. "Es un hobby", comenta Guillermo Rodríguez Macouzet, un empresario dedicado a la comercialización que llegó al mundo del vino hace más de una década por su grupo de dominó. Buscaba un clima más favorable para la salud de su hija con asma y con una producción propia de vino también quería honrar sus raíces francesas.

Está cercano a cumplir los 60 años y su vinícola Vinisterra aún no genera utilidades. "Tengo 12 años invirtiéndole y no le he sacado ni un centavo", dice. Sin embargo, confía, las satisfacciones son memorables: su vino se sirvió en la cena de gala de la reciente cumbre del G20 en Los Cabos.

Más allá del dinero invertido, estos empresarios jubilados viven su pasión por el vino desde la tierra, con las madrugadas de cosecha y las largas jornadas para vinificar. Se involucran en la selección del corcho y la etiqueta que llevará su sello, así como en la difusión y comercialización de cada botella. "Al final -dice Paoloni-, es un fondo para un retiro sin retiro".

Con información de Mariana Camacho y Carmen Murillo.

VIVIR LA UTOPÍA
El concepto inmobiliario Cuatro Cuatros es un proyecto de 710 hectáreas para levantar 900 viviendas. Los eventuales propietarios sólo deben preocuparse de comprar el terreno –a un promedio de 170 dólares el metro cuadrado– y de construir la casa para comenzar a vivir entre viñedos, sin hacer una inversión de riesgo y sin esperar una década para comenzar a disfrutarlo. El complejo tiene 16 hectáreas de viñedo plantado y bodegas de vinificación. “La idea es que la gente viva la experiencia de tener una vinícola y que intervenga en la producción del vino o en la cosecha”, explica Enrique Sandoval Martínez, director del proyecto.
El vino producido en Cuatro Cuatros no está a la venta, está diseñado para los compradores. “Cada propietario, recibirá cada año siete cajas –casi 90 botellas– de vino producido en este terreno”, dice Sandoval. Es un proyecto que inició la preventa hace un par de años y esperan que las primeras casas comiencen a construirse en 2013.
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