¿El villano de la crisis?

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Roberto Jiménez e Isabel Mayoral

Alan Greenspan, Ex presidente de la Reserva Federal estadounidense

El riesgo de que Estados Unidos caiga en el llamado precipicio fiscal -que surtirá efecto en enero si no hay acuerdo en el Congreso e incluye 7,000 millones de dólares en aumentos impositivos y recortes de gastos- reavivó temores de que la economía de ese país caiga en recesión y arrastre consigo a otros, incluido México.

A poco más de cuatro años de la quiebra de Lehman Brothers, que marcó el inicio de la crisis financiera global, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense entre 1987 y 2006, responde a quienes lo acusan de haber sentado las bases de la burbuja inmobiliaria que originó la turbulencia que sigue sacudiendo a los mercados.

¿Qué responde a quienes lo acusan de que la crisis de 2008 fue generada por las decisiones de política monetaria tomadas durante su mandato?

Estaría de acuerdo si los hechos lo demostraran, pero a lo que todo mundo se refiere es a una decisión que tomamos en 2003 para reducir la tasa de referencia a 1%, debido a que veíamos evidencias de un riesgo de deflación que no se había percibido antes en Estados Unidos. Tomamos esa alternativa por un periodo muy corto y, si hubiera tenido lugar un problema inflacionario, habríamos visto subir la oferta de dinero con un impacto en las tasas de interés de largo plazo, con todas las características que el dinero fácil genera en burbujas inflacionarias. No hubo evidencia de eso. Decir que una reducción de corto plazo en la tasa de fondos federales derivó en una burbuja inmobiliaria es ilógico.

¿Qué escenario advierte ante los problemas fiscales de Estados Unidos y la crisis de deuda en Europa?

Ya no podemos suponer que estamos en posibilidad de evitar una solución dolorosa. No puedo ver un escenario en particular, ni para Europa ni para Estados Unidos, que resuelva los desequilibrios. Nos hemos demorado mucho tiempo y como consecuencia debemos asumir que habrá un impacto recesivo por el ajuste. Creo que el punto no debe ser si podremos evitar ese efecto, sino que será extraordinariamente positivo que ese impacto sea moderado.

El problema deriva del concepto que definió el euro, como parte de la expansión de la Unión Europea, que fue considerado como un gran paso dentro del proceso de integración y que funcionó excepcionalmente bien durante ocho años.

Recuerdo claramente, antes de que el euro entrara en vigor en enero de 1999, que se reconocían las diferencias culturales, digamos entre España, Italia, Alemania y Austria. Hasta los mercados confiaban en que cuando entrara en vigencia la moneda común, los italianos se comportarían como alemanes. Desde el inicio, ningún país lo hizo.

¿El futuro de Grecia está fuera de la zona euro?

Creo que Grecia, a fin de cuentas, debe dejar el euro. Su competitividad es limitada en los escenarios que se perciben y básicamente requiere volver a una situación de estabilidad. A la fecha, Grecia está pasando por un importante proceso a través de su aparato legislativo, que tiene como finalidad asegurar el siguiente tramo de fondeo por parte del Banco Central Europeo (BCE). Es posible aprobar leyes, como lo han estado haciendo, para cumplir los requisitos del BCE y otros organismos, pero eso no quiere decir que su aplicación tendrá éxito.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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