Con la mira en Merkel

La influencia del economista Hans Werner Sinn limita las opciones de la alemana para resolver la crisis de la eurozona.
Jeff Black Y Simon Kennedy / Bloomberg Markets

Vestido con su habitual traje gris de tres piezas en una conferencia en Frankfurt el 15 de junio, Hans-Werner Sinn dobla las manos y escucha sin reflejar expresión alguna mientras una serie de oradores critican sus teorías económicas. Willem Buiter, economista jefe de Citigroup, llega al extremo de calificarlas de "sinsentido".

Cuando le toca el turno a Sinn, presidente del Instituto Ifo de Investigación Económica, con sede en Munich, dice que lamenta cuando banqueros de inversión como Buiter "pierden la compostura". Después, plantea una vez más su argumento de que Alemania está pagando más de lo que cree por los descuidos fiscales de Grecia y que el país de Europa del sur inmerso en problemas debió haber abandonado la eurozona hace mucho tiempo.

Desde que surgió la crisis de deuda de la zona euro, conformada por 17 miembros en 2010, Sinn, de 64 años, ha estado en el centro del debate público. En discursos, entrevistas de televisión y testimonios ante el Parlamento, argumenta a favor de una postura más estricta al utilizar el dinero de los contribuyentes alemanes. La Unión Europea debió haber permitido que Grecia incumpliera el pago de su deuda cuando tuvo problemas por primera vez a finales de 2009, dice.

En julio, Sinn compareció ante el tribunal constitucional de Alemania y dijo que los esfuerzos de la canciller Angela Merkel por rescatar el euro mediante vehículos, como el fondo del Mecanismo de Estabilidad Europea dotado de 600,000 millones de dólares, dificultan aún más solucionar el tema del euro. "Como los presupuestos han sido sobreexplotados, intentan encontrar otras fuentes de dinero para cubrir los faltantes", dice Sinn en una entrevista en la elegante villa que sirve de sucursal del instituto en Dresden. "Éste es un camino a la catástrofe".

Sinn, profesor de la Universidad de Munich y reconocido fácilmente por su barba estilo capitán Ahab, ha sido una piedra en el zapato para el gobierno alemán desde hace varias décadas. "Sinn es mucho más influyente que cualquier otro economista del sector privado en Alemania", dice Frederik Erixon, director del Centro Europeo de Economía Política en Bruselas. "Sus opiniones reflejan las de los alemanes tradicionales, cuyos temores sobre la estructura fallida del euro se han visto exacerbados por la crisis. Lo escuchan los encargados de las políticas alemanas".

Sinn critica las iniciativas del gobierno alemán de manera generalizada. En los primeros años de la década pasada, dijo que la red de seguridad social del país sólo produce desempleo. Más adelante, advirtió que la dependencia de Alemania de las exportaciones estaba convirtiendo el país en una "economía de bazar" y más recientemente denunció la política de energía renovable que producirá el cierre de las plantas nucleares. Algunas veces se extralimita en su retórica.

En 2008 se disculpó con los líderes de la comunidad judía de Alemania luego de que comparó la demonización de los ejecutivos financieros con la manera en la que los judíos fueron utilizados como chivos expiatorios durante la crisis financiera de Alemania de 1929.

"Se forma una idea y luego argumenta a favor de ella con vehemencia y en público", dice Clemens Fuest, ex alumno de Sinn que ahora es profesor de la Universidad de Oxford y asesor del ministerio de Finanzas de Alemania. "No es del tipo de persona que presenta argumentos a favor y en contra".

Nacionalismo exaltado

Jean Pisani-Ferry, director del grupo de investigación Bruegel en Bruselas, dice que en ocasiones la retórica de Sinn corre el riesgo de rayar en un nacionalismo exacerbado. "Como economistas, en esta tensa situación tenemos la responsabilidad de mantener una cierta calidad en el debate y no ceder ante el populismo", señala.

En diciembre del año pasado, una encuesta del semanario de negocios alemán Wirtschaftswoche nombró a Sinn el economista más influyente del país. Esto significa que Merkel y los otros encargados de la política económica se ven obligados a escuchar sus opiniones. En una entrevista en julio con el diario Welt am Sonntag, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, acusó a Sinn de hacer declaraciones irresponsables sobre la cantidad de dinero que Alemania tiene en juego si la eurozona se desintegra.

Sinn se siente orgulloso de su papel de contrapeso del gobierno. "Hace 10 años era enemigo de la izquierda", dice. "Ahora, no le gustamos a otros. Ése es nuestro destino".

La campaña más reciente de Sinn y el tema de su más reciente libro, The Target Trap, es condenar los desequilibrios en el sistema de manejo del dinero de la eurozona, que él considera que deja a los contribuyentes alemanes injustamente expuestos a las dificultades de Grecia y de otros miembros del euro con problemas de efectivo.

El objeto de su ira es el sistema europeo automatizado de pagos masivos en tiempo real, mejor conocido como Target 2. Se trata de un sistema de pagos electrónicos diseñados por el Banco Central Europeo que unifica los diversos sistemas bancarios nacionales del área del euro. Canaliza euros de un banco a otro cruzando fronteras, como cuando un ejecutivo griego ordena un Mercedes de Alemania, vía los bancos centrales de cada uno de los países.

En términos contables, los flujos de dinero se reflejan en las cuentas de cada banco central, ya sea como superávit o como déficit. En el curso de la crisis de crédito, los déficits Target 2 de los países como Grecia y España subiera a niveles sin precedente, impulsados por miles de millones en fondos de emergencia prestados a sus bancos por el Banco Central Europeo. En el proceso, los países centrales han devengado superávits, mientras que el sistema quedó intacto. Hasta el 31 de julio, Alemania tenía un superávit de 730,000 millones de euros (910,000 millones de dólares).

En la opinión de Sinn, los balances de Target 2 reflejan préstamos reales de los países centrales de la zona euro, como Alemania, al sur de Europa, y son en efecto rescates que nunca han sido aprobados por ningún Parlamento.

"Es como si vas a la tienda y el tendero lleva una cuenta y únicamente anota los números", comenta Sinn. "Si las deudas se pagan, está bien. Si no, tenemos un problema".

Funcionarios del Banco Central Europeo y el Bundesbank de Alemania dicen que el análisis de Sinn es incorrecto y que Target 2 es simplemente un sistema de contabilidad de doble entrada. Alemania y otros países con superávit estarían en riesgo sólo si el euro desapareciera, advierten.

Incluso en ese caso, cualquier pérdida sería pagada o compartida por toda la zona del euro. "No hay absolutamente ninguna relación, lógica o cuantitativa, entre la exposición al riesgo de Alemania y Target 2", señala Buiter, de Citigroup. Utilizar el sistema de contabilidad de esa manera, agrega, "es completamente incorrecto".

La aseveración de Sinn de que sus vecinos de la zona euro se están llevando a Alemania ‘al baile' tiene resonancia política, asegura Simon Tilford, economista en jefe del Centro de Reforma Europea en Londres. Es una razón, dice, por la cual Merkel se niega a respaldar la emisión de bonos apoyada por todos los países de la zona del euro y sigue exigiendo un pacto fiscal que aplique para toda la región para atar las manos de futuros gobiernos.

"Economistas como Hans-Werner Sinn contribuyen a un clima en el que el gobierno alemán se siente limitado en lo que puede aceptar a nivel de la zona euro", comenta Tilford.

Carta a los ciudadanos

Los controvertidos pronunciamientos del economista alemán han cruzado el Atlántico. En julio, Paul Krugman, premio Nobel de Economía y columnista del diario The New York Times, atacó en su blog a Sinn y a sus partidarios (a los que llamó "Sinners", pecadores), al decir que sólo están acelerando la caída del euro. "Los Sinners claramente llevan la batuta en la opinión pública alemana", escribió Krugman.

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A Sinn no le importó y está abriendo nuevos frentes. En julio fue coautor de una carta titulada ‘El llamado de los economistas a los ciudadanos", en la que más de 200 investigadores de habla alemana condenaron la disposición de Merkel a respaldar un sistema regulatorio más integrado para los bancos europeos. "No me escuchan", dice Sinn.

Klaus-Peter Willsch, legislador de la Unión Demócrata Cristiana, el partido al que pertenece Merkel, dice que las ideas de Sinn influyeron en el voto de los miembros del Parlamento en contra de ratificar el Mecanismo de Estabilidad Europea. Sus ideas sobre Target 2 "ya no pueden ser descartadas como la opinión del lunático de Munich", comenta Willsch. "Su postura se ha vuelto parte de un debate serio".

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