La ‘guerra’ brasileña

La intervención en el mercado de divisas podría distraer de las reformas necesarias.
Jonathan Wheatley / Financial Times

¿Ganó Brasil la guerra de divisas? Los ministros parecen felices con el nivel actual de casi 2 reales por dólar, con respecto a 1.50 reales en 2011. Dicen que defenderán el valor actual de su divisa y admiten que, después de años de discusiones a favor de un tipo de cambio flotante, ahora opera una ‘flotación sucia' de 2 a 2.10 reales por dólar.

Cuando la moneda brasileña alcanzó su máximo de 1.50 reales por dólar, el real se había fortalecido 40% con respecto a los dos años anteriores, carcomiendo la competitividad de las exportaciones brasileñas. Guido Mantega, ministro de Finanzas, acuñó el término "guerra de divisas" en septiembre de 2010 tras la primera ola de relajación cuantitativa de Estados Unidos, que llevó a lo que denominó "devaluaciones agresivas", proteccionistas del dólar y de otras divisas.

Brasil no quería cerrar el ingreso de capital extranjero. La inversión extranjera directa -unos 60,000 mdd anuales- es clave para generar empleos y crecimiento, por lo que no se podía arriesgar. Además, los ministros no querían limitar las inversiones extranjeras en acciones o capital brasileño. El ‘dinero caliente', que atrae los bonos de Brasil por las altas tasas de interés, fue una meta.

Tras declarar la guerra de divisas, Mantega anunció un impuesto de 6% a la las inversión extranjera que comprara deuda. Mientras otros países en la región veían un incremento en la participación de sus bonos nacionales en la cartera de los inversionistas extranjeros, el ingreso de dinero a Brasil casi se paraliza.

A ese impuesto de 6% le siguieron, en marzo de 2011, mayores impuestos para los préstamos en el extranjero por parte de empresas brasileñas y, desde agosto de ese año, una reducción continua en la tasa de interés, de 12.5 a 7.25% hoy, si bien el recorte de la tasa de interés se describió como respuesta a la desaceleración del crecimiento económico en el país y en el exterior más que como un ataque al tipo de cambio.

Brasil evidenció su manejo de divisas el mes pasado. "Para nosotros, el ideal es una moneda flotante, sin manipulación", dijo Mantega. "Pero si todo el mundo manipula sus divisas, nosotros también".

En Chile, la apreciación de la moneda contribuye a un constante declive de las exportaciones al grado de que su balance comercial fue negativo los últimos meses. Sin embargo, las autoridades resisten presiones para una mayor intervención en los mercados de divisas.

En Colombia, el gobierno tomó la medida en febrero de pedir a Ecopetrol, la empresa de petróleo controlada por el Estado pero que cotiza en Bolsa, demorar hasta el próximo año el pago de dividendos al fondo público por un valor de casi 6,000 mdd a pesar de la dificultad que genera en el balance del presupuesto nacional.

Perú recurrió a una intervención en el tipo de cambio, así como a exigir mayores reservas a los bancos locales.

Sin embargo, ninguno de estos países se une a Brasil en su cruzada. El éxito de Brasil en contener la subida del real puede tener menos relación con la guerra de divisas que con su bajo desempeño económico. Tras sobrevivir la crisis financiera global de 2008-2009 ‘ileso', su  economía se expandió 7.5% en 2010. Desde entonces, el crecimiento se desaceleró a 2.5% en 2011 y se espera que este año sea de 1.5%. Brasil ya no es el destino favorito de los inversionistas  extranjeros.

Otros países con enfoques de política económica más ortodoxa han obtenido un mejor desempeño. Chile crece a una tasa anual de casi 5% y Perú, a casi 7%.

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El gobierno brasileño busca impulsar la competitividad más allá de los mercados de divisas. Si bien usa incentivos fiscales orientados a los sectores industriales, también utiliza medidas que promoven la competitividad económica, como la reducción de los impuestos de nómina para incentivar la contratación.

Quizá Brasil note que estas medidas a largo plazo son más efectivas que una ‘guerra de divisas'.

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