La nueva cara de Río

Pacificar las favelas es clave para que Brasil sea un líder global del siglo XXI.
Misha Glenny / Financial Times

En preparación para la próxima Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, las autoridades lanzaron una ofensiva contra las pandillas de la droga que controlan las áreas más pobres de Río de Janeiro. Pero esta limpieza tiene un alto precio.

En la tarde del 27 de julio, una unidad del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) irrumpía en la favela de Quitanda Costa Barros, en el norte de la ciudad. Los oficiales fuertemente armados fueron recibidos por ráfagas de fuego disparadas por hombres escondidos en las estrechas escalinatas y en los techos del barrio.

Analiza Rodrigues Ribeiro, de 37 años, salió de su kiosco a mirar qué sucedía. Pudo ver cómo la "gran calavera" -el nombre coloquial con el que se conoce a los BOPE, por su escudo con la imagen de una calavera con dos rifles cruzados y un cuchillo de combate clavado en su parte superior- abría su paso por las calles a balazos.

Ribeiro comenzó a cerrar la pequeña tienda en donde ella y su hija de 10 años, Bruna, vendían botanas. "Le grité para que no se regresara mientras yo cerraba la tienda, pero no me pudo escuchar", recuerda Ribeiro. Una bala alcanzó a la pequeña y murió en el hospital ocho horas después. Todavía resta determinar de quién provino la bala.

Los eventos que llevaron a la muerte de Bruna empezaron a principios de esa semana en otra favela de Río llamada Complexo do Alemao (Complejo del Alemán). Alemao es la favela más grande de Río en superficie. Se extiende por kilómetros y una gran parte está a 20 minutos en metro de los elegantes distritos de Ipanema, Leblon y Copacabana.

Con el Día Mundial de los Jóvenes Católicos en julio de 2013, que podría atraer a más de un millón de personas, Río se prepara para el inicio de tres años excepcionales que incluyen no sólo los carnavales de febrero, sino el Mundial de Futbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Las Olimpiadas de Londres probaron que si se hacen bien las cosas, un evento deportivo puede mejorar la reputación de un país e inyectar una gran dosis de bienestar a una ciudad.

Para Brasil, la apuesta es mayor. Como miembro de los BRIC, lucha por atención. Sus recursos minerales y agrícolas sorprenden, pero no es la única razón que explica su influencia económica en expansión: sus proezas culturales y futbolísticas son deslumbrantes.

Para Occidente, Brasil es una democracia orgullosa, probablemente, la nación con más diversidad racial del planeta. Su gente no tiene complejos sexuales, ni para salir de fiesta o de copas. Y el país colabora para liderar un cambio en las relaciones entre América del Norte y América del Sur a favor de esta última. 

La prueba de fuego

2014 y 2016 son oportunidades para que Río y Brasil se proyecten como un gran jugador en el escenario del siglo XXI. Para lograr el éxito, deben superar dos grandes desafíos: el primero es la infraestructura para los eventos deportivos: ¿estará todo listo a tiempo? El segundo es la presencia permanente de grupos armados y pandillas de la droga que controlan sus favelas.

BOPE ingresó a Quitanda con órdenes de buscar a los miembros de una pandilla que, creían, había sido responsable del asesinato, cuatro días antes, de la policía Fabiana Aparecida de Souza, de 30 años, que cumplía funciones en Alemao. Fabiana patrullaba la zona próxima a su estación cuando al menos tres pandilleros adolescentes le dispararon. Su muerte fue dolorosa, ya que era conocida entre sus pares como una líder en la lucha contra la corrupción.

La muerte de De Souza fue el primer asesinato de un oficial en servicio en las favelas desde la introducción en 2009 de uno de los experimentos más audaces de vigilancia en el mundo democrático, las UPP o unidades de policía pacificadora. En respuesta al ataque, las autoridades enviaron a la Gran Calavera primero a Alemao y luego a Quitanda, donde fue asesinada Bruna Ribeiro.

Con el apoyo del gobernador del estado Sergio Cabral, las UPP se crearon en 2008 al inicio de la gestión del secretario de Seguridad Pública del estado de Río, José Mariano Beltrame. Esto convirtió a Beltrame en una de las figuras públicas más reconocidas de Brasil.

Beltrame se recibió de abogado y luego se integró a la policía federal. Allí ascendió a cargos superiores y  se destacó por su sentido de justicia. Con una franqueza poco habitual en los funcionarios policiales brasileños, Beltrame explica qué lo inspiró a elaborar una estrategia sin precedentes y tan riesgosa.

"Todos en Río lo sabían, los taxistas, senadores, sociólogos y periodistas", dice con un dejo de ira contenida. "Todos sabían que Río era una ciudad dividida. Pero en 40 años nadie hizo nada al respecto".

Según Beltrame, las autoridades olvidaron e ignoraron a los residentes de las favelas, generando una mezcla tóxica de pobreza extrema, violencia interna y, a partir de fines de los 80, la omnipotencia de los cárteles de droga y otros grupos armados que chantajean a comunidades enteras. Las redadas policiacas acompañadas por matanzas y extorsiones garantizaban que los residentes de las favelas vieran al Estado como su peor enemigo.

Consternado por la inacción colectiva y por la mala reputación de la ciudad, Beltrame decidió hacer algo al respecto y con la proximidad del Mundial y de las olimpiadas, no hubo problema para implementar las UPP.

La estrategia y los esfuerzos de integración entre el estado y la ciudad se dividen en dos: UPP de vigilancia y UPP social. La primera fase consiste en fuerzas que irrumpen en las favelas en un acto sorpresa, seguido por una fuerza de policías de civil que se establecen dentro de las favelas por primera vez en la historia.

Todos sabían que la pacificación de las dos grandes favelas de la ciudad, Alemao y Rocinha, era de extrema importancia. "Elegimos esos territorios que eran centros críticos de la actividad delictiva evaluando el poderío armamentista de los grupos que los dirigían", explica Beltrame. Mientras más poderío tuvieran, mayor sería el efecto para la pacificación.

Los arsenales dentro de Alemao no tenían parangón, ya que era la fortaleza de la pandilla criminal más notoria de Río, el Comando Vermelho (Comando Rojo).

Adriano, de 37 años, es un sobreviviente de las feroces guerras de las drogas de los 90. "En 1992 nuestro jefe, Jogador (Jugador), fue asesinado y se desató el infierno", dice. "Jogador era un narcotraficante, pero éste era su hogar y él había establecido ciertas reglas. Por ejemplo, no se le permitía a los menores de 16 años ingresar a la pandilla".

A medida que crecía el poder económico y político de las pandillas en las favelas, la policía -profundamente corrupta-, junto con políticos y jueces, establecieron vínculos con los narcotraficantes. No reprimirían sus actividades mientras recibieran un pago, con lo cual casi 50% de las ganancias de los zares de las drogas iba al pago de las fuerzas policiacas y a funcionarios de la justicia criminal.

Como la mayoría de las personas en las favelas, Adriano se siente aliviado con la disminución de delitos que trajeron las UPP, pero tiene una visión más cínica del plan que su autor. "La élite rica sentía que tenía que protegerse porque las pandillas estaban saliendo de las favelas y mudándose al asfalto", sostiene. "El asfalto" es el nombre que se les da a los distritos ricos.

Sólo Beltrame sabe si sus motivos son cínicos, pero pocas personas pueden dudar de los resultados de las UPP hasta ahora. En un estudio exhaustivo sobre las consecuencias del despliegue policial, el think tank independiente Foro Brasileño para la Seguridad Pública señaló que en las áreas donde se implementaron las UPP, la tasa de homicidios se redujo 80%.

¿Pandillas pacificadoras?

Pero este gran éxito tiene otra cara: un alza de otras formas de delito, sobre todo de violencia doméstica, asaltos y violaciones.

Esto es porque si bien los zares de la droga usaban armas para sus negocios, mantenían un cierto nivel de orden dentro de la comunidad. Si una niña era víctima de una violación, podía recurrir a los jefes de la pandilla local en busca de justicia y si se encontraba al agresor, se lo ejecutaba.

Estas sanciones impuestas por los jefes de las pandillas desaparecieron y la policía desplegada no tiene los recursos para ejercer sus funciones de vigilancia. A pesar de la inversión para Alemao -el costo de vigilancia y de inversión en infraestructura durante el primer año en esa favela fue de casi 230 millones de reales- los funcionarios de las UPP siguen sintiéndose tensos.

La desaparición de las armas pesadas y la reducción del comercio de la droga en las zonas donde están las UPP refleja un éxito. Sus críticos no se oponen al proyecto en sí, pero dicen que, al inicio, Beltrame se concentró en las favelas que rodean las áreas ricas. Pero hace unas semanas ordenó la pacificación de Jacarezinho y de Marquinhos, dos de los centros con evidente comercio de drogas lejos de los barrios ricos.

"Es bastante simple", dice Pedro Henrique H.F. de Cristo, fundador de Cidade Unida, un movimiento social que reúne a organizaciones de distintas favelas de Río. "En las UPP, las favelas se eligen para proteger al capital. No me malinterprete -no soy socialista- pero la gran mayoría de las favelas ‘pacificadas' están en la  zona sur de la ciudad, donde vive sólo 7% de la población, pero este grupo representa 50% del empleo formal en Río y produce 33% del PIB de la ciudad".

Con un doctorado de Harvard, De Cristo, de 28 años, vive en Vidigal, donde desde las casas de cartón se aprecia la mejor vista de Río y ahora atrae a un nuevo grupo de habitantes. Junto con los jornaleros y los niños con apariencia de abandonados, hay un creciente grupo de ingenieros informáticos, artistas y bohemios que viven allí.

De Cristo señala una de las casas de por allí. Todas parecen haber sido construidas en unos pocos días. "El hombre que vive ahí la compró por 7,500 dólares hace tres años -relata- y ahora la vende por 125,000".

En la cima de la favela, un restaurantero construye una elegante casa de huéspedes. El hombre más rico de Brasil, Eike Batista, dona 20 millones de reales al año para la compra de equipamiento vital para el programa UPP y anunció en una conferencia este año que quería "adoptar" una favela.

De Cristo regresó a Río tras obtener su doctorado y empezó a trabajar como estratega de la UPP Social, la segunda fase del programa de pacificación. Esta organización es responsable de consolidar los logros de seguridad al garantizar la provisión de todos los servicios -educación, salud, sistema de alcantarillado, agua- que no existían en las favelas.

Sin embargo, De Cristo renunció de inmediato.

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"Sin duda, Beltrame ha hecho algo muy positivo con las UPP de Seguridad", sostiene. "Pero no hay duda de que no tiene control sobre las UPP Sociales y desde su inicio han sido más un nombre que una realidad. No ha habido intenciones de conocer con exactitud el alcance del problema o de fijar metas, especialmente en el área de educación primaria y secundaria. Y si el gobierno de Río no logra resultados en estas áreas, entonces el programa habrá sido en vano".

Esto no está en manos de Beltrame. Él controla la operación de seguridad, no el seguimiento socioeconómico, pero si las autoridades no dan seguimiento a la exitosa operación de seguridad con escuelas, clínicas y calles asfaltadas de la cual gozan las zonas más ricas de Río, las pandillas ocuparán el vacío.

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