El banco que quebró a España

Bankia ejemplifica las debilidades políticas y administrativas del sistema financiero español. Su fracaso es un parteaguas para la banca europea.
Victor Mallet y Miles Johnson / Financial Times

"Un grupo muy sólido con más de 10 millones de clientes". Así describía un ejecutivo senior de Bankia el gran banco español el último viernes de abril.

En medio de los rumores de serios problemas financieros, él garantizaba a dos periodistas escépticos que la tarea de integración de siete bancos regionales de ahorro en el grupo estaba casi concluida, y que estaban avanzados los planes de recorte de gastos, reducción de deuda y minimización de la dependencia de los caprichosos mercados mayoristas de financiamiento.

"Hemos creado una marca Bankia", decía el ejecutivo desde las oficinas centrales del grupo en el norte de Madrid, mientras la seguridad que intentaba transmitir se debilitaba con su evidente malestar y la salida apresurada de la sala tras haber sido convocado a  una reunión.

Apenas una semana después, el gobierno de centro derecha de Mariano Rajoy intervino para salvar el banco. Así se iniciaba el juego del gigante desdichado que comenzó su vida con más de 4,000 sucursales y casi 25,000 empleados.

Rodrigo Rato, ex ministro de Finanzas de España y ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), asumió como director ejecutivo de Bankia y fue obligado a renunciar. El gobierno anunció una nacionalización parcial del banco a un costo estimado en 10,000 millones de euros (mde).

Y después, el golpe más sorprendente: el 25 de mayo, José Ignacio Goirigolzarri, un experto banquero a quien se sacó de su retiro para sustituir a Rato y rescatar a Bankia, dijo que necesitarían dos veces más para compensar todos los préstamos incobrables.

Goirigolzarri solicitó 19,000 mde para un nuevo capital de emergencia, además de la primera ayuda de 4,500 mde.

Bankia reformuló sus resultados para 2011 reflejando una pérdida neta de 3,000 mde en vez de las ganancias netas anunciadas de 309 mde.

Creado en enero del año pasado, y lanzado a la Bolsa de Madrid seis meses después, Bankia y su banco matriz Banco Financiero de Ahorros (BFA) fue promovido por Rato como el mayor banco de España en función de sus negocios internos, con 341,000 mde en depósitos y préstamos y 10% de participación de mercado. Menos de 18 meses después, Bankia se había convertido en la mayor catástrofe de la banca en España.

La debacle de Bankia no es sólo una mancha en la reputación de la banca española. Goirigolzarri hizo su pedido de capital en un momento en el cual era cada vez más difícil para Madrid conseguir dinero con bonos soberanos. Esto desató la decisión de Rajoy, dos semanas después, de tragarse su orgullo y recurrir a la Unión Europea para pedir un rescate de 100,000 mde para ayudar a recapitalizar los bancos españoles.

Este ‘minirrescate' español para tranquilizar los mercados podría, sin embargo, provocar la necesidad de un rescate total de España, algo parecido a los rescates anteriores para Grecia, Irlanda y Portugal -y por lo tanto, pondría en peligro la eurozona con sus 17 naciones.

"Lo que detonó la última fase de la crisis fue la situación de una gran institución financiera y sus enormes requisitos de capital", dijo ese mismo mes Ángel Ron, director del Banco Popular, un banco comercial español que cotiza en Bolsa, en referencia a Bankia. "Ése fue el punto crítico", señala un analista.

El origen del problema

Los orígenes de la institución que hizo tanto daño a España se remontan a las regiones del país, las cuales han adquirido un poder considerable en los últimos años. Los integrantes de Bankia -Caja de Madrid, Bancaja de Valencia y los bancos de ahorro más pequeños, como el de Islas Canarias, Cataluña, Rioja y de las ciudades de Ávila y Segovia, en España central- fueron las típicas cajas que representaban la mitad del sistema bancario de España en función de sus activos antes de que iniciara la crisis.

Estas instituciones comenzaron como negocios regionales y en muchos casos estaban estrechamente ligadas al poder político en las áreas donde operaban. Debido a esto, tanto la Caja de Madrid como Bancaja estuvieron bajo la influencia y dirección del Partido Popular (PP) que ahora gobierna.

Más que nada, las cajas estaban expuestas al mercado de  bienes raíces, al haber financiado la bonanza de la construcción de viviendas durante una década hasta el año 2007 y al haber prestado libremente a los desarrolladores, a empresas constructoras y a particulares que querían comprar una casa.

Desde 2009, quebraron otras cajas y grupos de cajas. Fueron confiscadas por el Estado o vendidas o simplemente se nacionalizaron, en Castilla La Mancha, Andalucía, Valencia, Galicia y Cataluña. Sin embargo, la caída de Bankia fue peor porque no sólo sirvió como ejemplo de todas las debilidades políticas y administrativas del sistema financiero español, sino que también fue tan grande como para ser de "importancia sistémica". Su fracaso amenazaría la estabilidad de toda la red bancaria y por lo tanto, el banco era "demasiado grande para caer".

Las entrevistas con los ejecutivos de Bankia, con otros banqueros y con analistas demuestran que hubo errores en todos los frentes: por parte de los políticos nacionales y regionales tanto del Partido Popular como del Partido Socialista, por parte del mercado de valores y de los entes reguladores de la banca, por parte de los directores anteriores y actuales del banco y por parte de las cajas que lo integraban, por parte de los banqueros de inversión, de los analistas de la banca y por parte de los medios que no fueron lo suficientemente cuestionadores.

Si bien es fácil hacer este tipo de análisis en retrospectiva, es también cierto que los bancos comerciales españoles se han visto afectados  por la insensatez de las cajas a la hora de otorgar préstamos de propiedad, en especial en Valencia, donde se ubicaba Bancaja.

Madrid estaba apenas en mejor situación. Durante el auge de la vivienda en España, el préstamo para hipotecas de la Caja de Madrid, el banco de ahorro más grande de los que conformaron Bankia, comenzó a crecer tan rápidamente que, para 2007, algunos ejecutivos estaban intentando desacelerar las cosas. Luego de que su libro de hipotecas se expandiera 25% en 2006, Carlos Stilianopoulos, entonces director de Mercados de Capital de la Caja de Madrid y posteriormente director financiero de Bankia, dijo: "No queremos crecer tan rápidamente. Somos un banco de ahorro, por lo tanto no tenemos que mantener felices a los accionistas. Preferimos tener una institución sólida".

Al mismo tiempo, se hizo caso omiso a las advertencias del exterior de un sobrecalentamiento del mercado de la vivienda en España. "Quizás en otros países este ritmo de crecimiento se consideraría como una burbuja", dijo Stilianopoulos a Euromoney. "Pero no en España".

Caja Madrid siguió creciendo y pasó a comercializar instrumentos financieros exóticos para inversionistas extranjeros, tales como los paquetes de préstamos.

"Un 50% del sector de la banca en España -que eran las cajas- no contaba con reglas de gobierno corporativo o con capacidades de gestión para soportar una crisis", dice uno de los muchos banqueros inversionistas involucrados en la oferta pública inicial de Bankia.

Luego de 2008 -cuando comenzó a desinflarse la burbuja de la vivienda en España, colapsó Lehman Brothers y comenzó la crisis de deuda soberana de la eurozona-, el Banco de España y el gobierno socialista de José Luis Rodriguez Zapatero lanzaron un programa de ‘fusiones suaves' entre las cajas para mejorar su eficiencia.

 En un principio las reformas estuvieron lejos de ser brutales. Los directivos responsables de la caída de las cajas retuvieron sus puestos o se jubilaron, en ambos casos con paquetes multimillonarios de compensaciones.

Impacto público

A medida que se profundizaba la crisis, los entes reguladores internacionales españoles y europeos incrementaron los requisitos de capital. Para Bankia, fue fatídica la decisión de  la introducción de una ley española que obligaba a los bancos a tener un coeficiente de capital básico nivel uno equivalente a 10% de sus activos, a menos que cotizaran en Bolsa, en cuyo caso se les permitía un capital de 8%. La idea de esta diferencia de capital  era salvar el dinero de los contribuyentes, pero motivó  a Bankia a realizar una OPI (oferta pública inicial de acciones) que ahora la mayoría concuerda en que nunca debió hacerse.

"Me cuesta mucho creer que quienes crearon la estructura de Bankia y que estaban trabajando en la OPI, no supieran los problemas que tenía el banco", dijo un asesor involucrado en la nacionalización de Bankia. Antes de la OPI, Bankia contrató a Lazard, donde había trabajado Rato luego de dejar el FMI, para que coordinara y asesorara la venta de acciones.  Contrató a un grupo de bancos internacionales de inversión -liderados por Bank of America/Merrill Lynch, Deutsche Bank, JPMorgan y UBS- para que comercializaran el acuerdo con inversionistas internacionales. Lazard en España no estuvo disponible para hacer comentarios.

A pesar de todo el apoyo internacional buscado, los banqueros de inversión que trabajaron en el acuerdo dijeron que el interés de las instituciones extranjeras por Bankia era insignificante.

Podían pensar en un solo gerente de fondos en Londres que estuviera interesado en comprar algunas acciones.

"Si yo fuera un banquero de inversión, nunca hubiera hecho la OPI de Bankia, nunca le hubiera recomendado esto a un cliente", asegura un gerente de fondos establecido en Reino Unido que se negó a comprar acciones.

El proceso de venta de Bankia en el extranjero fue descrito por algunos de los que estuvieron involucrados como "caótico" y "desordenado" con numerosos bancos que lucharon por lograr que se hicieran escuchar sus opiniones sobre las de los otros y siendo obligados a filtrar el feedback negativo de los potenciales inversionistas a Lazard y a otro asesor central, STJAdvisors.

Numerosos asesores reportaron a Bankia que la institución necesitaba recaudar más dinero, especialmente dada la gran brecha entre los préstamos y los depósitos, sus 32,900 mde de exposición al mercado de bienes raíces y su necesidad de pagar un préstamo de 4,500 mde a una alta tasa de interés al Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria.

Un factor crucial que detuvo la posibilidad de que Bankia acordara vender más de sus acciones, dándole un mayor colchón para soportar las pérdidas, fue que era imposible hacerlo sin atenuar el control de los bancos de ahorro que constituían Bankia a menos de 50%, algo inaceptable para los políticos regionales que buscaban mantener su poder.

El blues del ‘roadshow'

Bankia se lanzó a la Bolsa con base en informes no auditados -"debido a la creación reciente del Grupo Bankia", señalaban los reportes- y finalmente fue la negativa de Deloitte a firmar los informes de 2011 lo que motivó la intervención del gobierno meses atrás.

Bankia  también tenía ejecutivos de alto nivel con poca experiencia, una falla que motivó a que algunos de los bancos de inversión que trataban de operar la OPI amenazaran con retirarse del proceso justo antes de la presentación internacional (roadshow) de la OPI. Rato entonces eligió a Francisco Cerdú, el poco conocido vicedirector de Banca March, como su director ejecutivo.

"Hubo mucha improvisación", dice un banquero. "Fue una OPI muy extraña". Y cuando los extranjeros rechazaron la oferta de acciones, los miembros más relevantes del gobierno de Rodríguez Zapatero convocaron a los bancos y a las corporaciones españolas y los presionaron para que compraran 40% de los 3,000 mde de acciones  "a favor de la nación". Los clientes minoristas de toda España -unos 350,000- fueron convencidos para que adquirieran el resto.

"El gran error fue cuando volvieron a los road-shows y vieron que no había interés en la compra de acciones de la institución. Debieron haber detenido el negocio en ese momento", opina Íñigo Vega, experto en banca.

Bankia había tenido un lado excepcionalmente  tormentoso desde que se lanzó a la Bolsa. En septiembre, Santiago López Díaz, analista de Exane BNP Paribas y crítico de las cajas, inauguraba la cobertura del banco aconsejando a los inversionistas que vendieran, una postura poco habitual entre analistas relacionados con instituciones que trabajaban para Bankia. BNPP había sido uno de los agentes de cálculo para el acuerdo.

Se acaban las esperanzas

Los ejecutivos de Bankia describen meses de dificultades mientras los entes reguladores europeos y el gobierno del PP, electo en diciembre pasado, imponían una serie de demandas de capital más rigurosas  sobre los atribulados bancos españoles como una protección en contra de los préstamos de propiedad incobrables.

"Usted superaba una barrera y entonces aparecía otra", dice un ejecutivo de Bankia. "Esto nos causó terribles dolores de cabeza".

En abril estaba claro que el final estaba cerca cuando el FMI, sin mencionar al Bankia, solicitó aún más capital de los bancos españoles para preservar la estabilidad financiera.

"Es crítico que estos bancos, especialmente los más grandes, tomen medidas veloces y decisivas para fortalecer sus balances generales y para mejorar las prácticas de gestión y de buen gobierno", señaló el FMI.

En menos de dos semanas, Rato fue alejado por sus ex colegas del gobierno del pp. En cinco semanas, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España, fue convencido para dejar su cargo un mes antes en medio de críticas por su papel como regulador.

Vega, el experto en la banca, estima que las últimas demandas de Goirigolzarri de capital implicaron que los requerimientos de provisiones para Bankia/BFA -entre ellas, la cantidad ya establecida para el banco- alcanzaran a más de 41,000 mde hasta diciembre del año pasado, casi duplicando la cantidad de Rato. "Es como un 18% del portafolio de crédito original, lo cual es una cantidad sorprendentemente alta".

Continúa: "¿Qué salió mal? Los estándares para la evaluación de préstamos de Bancaja y de la Caja de Madrid eran básicamente malos... ha sido una gran burbuja y los bancos prestaron a lo loco".

Entre los afectados  estaban no sólo la postura y la reputación internacional del sistema bancario español, sino también los cientos de miles de clientes de los bancos que compraron acciones de Bankia creyendo que era una inversión segura.

El gobierno está resistiendo una investigación pública, pero el Ministerio Público ha lanzado una investigación de cinco posibles delitos cometidos en Bankia, entre ellos, fraude, falsificación de documentación y malversación de fondos.

Los trabajadores de las sucursales de Bankia fueron instados por sus dirigentes gremiales a adquirir acciones de la institución como una muestra de apoyo. "Yo compro Bankia. ¿Y tú?" fue el eslogan de la campaña del gremio, la cual también tuvo presencia en Facebook.

El personal que lo hizo no se dio cuenta de que existía la posibilidad de que sus inversiones -al igual que las de todos los accionistas de la institución- se diluyeran a prácticamente nada con la inyección de los fondos de rescate. Fue otra nota a pie de página en  la triste historia del banco que quebró a España.

PLAN ESTRATÉGICO 2012-2015
Bankia puso en marcha un plan estratégico a tres años, con el que pretende concluir ese periodo con una rentabilidad (ROE) de más de 10% y devolver las ayudas económicas recibidas por otras instituciones.
Desinversión de activos no rentables (50,000 millones de euros mediante traspaso de activos, venta y salida de carteras de crédito).
Cambio de composición en la cartera crediticia (84% de los préstamos para empresas).
Reducción de sucursales del banco en 39%.
Reducción de la planta laboral de Bankia en 28%.
Reducción de costos totales de exportación (incluyendo amortizaciones) en 26%.
FUENTE: Hechos Relevantes de la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España.
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