La guerra del contenido

Las empresas de telecomunicaciones quieren más clientes y el futbol es su medio para lograrlo.
Los editores

Una semana después de que Grupo Pachuca anunció que Carlos Slim compraría una tercera parte de sus acciones, el presidente de uno de los equipos de primera división más exitosos de los últimos años dijo: "Este cambio puede hacer que, por fin, el dinero que genera el futbol se quede en el futbol".

Los clubes de primera división en México negocian con Televisa y TV Azteca los derechos de transmitir por diversos medios los partidos que juegan como local. Para ellos, este ingreso es el más importante por el monto que representa y porque así pueden vender a mejor precio la publicidad que portan en su playera y la que venden en sus estadios.

La relación club-televisoras es asimétrica por la diferencia que existe en el tamaño de las organizaciones, su poder económico y su influencia. La negociación se equilibró un poco cuando detrás del club estaba una empresa grande, como es el caso de Grupo Modelo en Santos, Cemex en Tigres y FEMSA en Monterrey, por decir algunos. Gracias al apoyo de FEMSA, por ejemplo, Monterrey pudo prescindir del ingreso de una televisora durante cuatro partidos hasta lograr un mejor acuerdo económico.

En algunos casos, la relación comercial de estas empresas con las televisoras es muy relevante para su negocio. Hay compañías que sacrificaron el monto que el club bajo su mecenazgo le cobraba a las televisoras a cambio de mejores condiciones en la compra de publicidad para promover sus productos. Así, buena parte de los beneficios económicos que producía el futbol terminaba repartida entre las empresas que respaldan a los clubes y las televisoras.

Dos personas están creando un nuevo equilibrio de fuerzas. Por un lado está Jesús Martínez, presidente de Grupo Pachuca, quien se rebeló a este orden al no firmar un contrato con TV Azteca bajo las condiciones económicas que ésta le ofrecía para transmitir los partidos del León, entonces recién ascendido a la primera división. Por el otro, Carlos Slim, quien vio una oportunidad en la propuesta que le hizo Martínez para entrar al futbol mexicano y al negocio de comercializar derechos de transmisión de este deporte.

En el reportaje de portada de esta edición mostramos los primeros efectos de esta nueva dinámica. Los derechos de transmisión se revaloraron en unos 50 millones de dólares, dinero que saldrá de alguna de las televisoras que hoy concentran el negocio o de nuevos participantes, como canales de televisión de paga o sitios de internet, e irá a parar directo a los clubes.

No perdemos de vista que este pleito es una continuación de otro que nació en las telecomunicaciones, donde el futbol ya no se ve como un deporte, sino como el contenido que más atrae a los mexicanos. La transmisión de un partido es el activo más valioso para una empresa que quiere atraer a más clientes a sus servicios de televisión restringida (Sky, Dish), a sus canales especializados (ESPN, FoxSports), a sus sitios de internet (UnoTV o Medio Tiempo, parte de Grupo Expansión, que edita esta revista) o a las pantallas de los teléfonos celulares de sus clientes (Iusacell, Telcel), entre otros.

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Lo que sigue en esta guerra por los contenidos no es muy difícil de imaginar. ¿Slim producirá telenovelas en México como lo hace en otros países de América Latina? ¿Emilio Azcárraga comprará los derechos para transmitir la F1 y capitalizar así el éxito de los pilotos mexicanos, apoyados por la familia Slim? ¿Ricardo Salinas Pliego se hará con su propio equipo en la liga española? Lo sabremos muy pronto.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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