Viejas estrellas desafían a disqueras

Una demanda colectiva en San Francisco busca que las descargas se consideren licencias y no ventas; los músicos reciben hasta 20% en regalías, pero la cifra sube a 50% cuando se trata de licencias.
descargas musica  (Foto: Getty)
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Una demanda colectiva de viejas estrellas de la música, procesada en un tribunal de San Francisco, podría tener profundas consecuencias para la industria, pues pretende que las descargas digitales, consideradas hoy como ventas, sean reclasificadas como 'licencias' para obtener mayores ganancias.

Los ídolos de la música quieren aprovechar el impulso que han dado a sus viejos éxitos las descargas; sin embargo, las disqueras no están dispuestas a ceder un mayor 'pedazo del pastel' y pretenden mantener las regalías que estipulan sus contraros originales, firmados mucho antes de la revolución digital.

La demanda 'James vs UMG Recordings' es una disputa sobre la cantidad de dinero que los músicos deben recibir por las descargas digitales de su trabajo.

El recurso fue presentado en 2011 por los herederos de Rick James, la estrella del funk que murió en 2004, contra la disquera más grande del mundo, Universal Music Group.

Los sellos discográficos pagan a los músicos entre 10 y 20% en regalías por las ventas de su música. Pero pagan hasta 50% cuando se otorga una licencia para usarla, como cuando se incluyen las canciones en películas o anuncios, por ejemplo.

La tarifa de las regalías por las ventas musicales tiene sus raíces en los costos que las disqueras asumían para grabar discos y CD, transportarlos a las tiendas y promocionarlos, escribe Ludovic Hunter-Tilney en un artículo del Financial Times retomado por la revista Expansión del 26 de abril de 2013.

Entonces, preguntan los artistas, ¿por qué deben quedarse las compañías con la misma porción si la mayor parte de esos costos se esfumaron?

Algunos músicos incluso han procedido a tomar acciones legales y han ganado, de acuerdo con la publicación. En 2012, Sony acordó pagar un total de 8 millones de dólares (mdd) a un grupo de artistas, encabezado por los Allman Brothers y Cheap Trick.

También el año pasado, Universal pagó una suma no revelada para resolver una demanda por descargas con el equipo de producción de los éxitos del rapero Eminem. El arreglo se produjo tras un fallo de 2011 sobre el mismo caso, según el cual las ventas por descarga deben ser consideradas licencias, si bien la sentencia sólo cobija el contrato en litigio.

Si la demanda colectiva de los herederos de James lograra un cambio generalizado, el costo retroactivo para las disqueras alcanzaría más de 2,000 millones de dólares, sólo por iTunes.

Las disqueras temen además que un fallo en su contra siente un precedente legal y abra una caja de Pandora de molestos artistas exigiendo una indemnización.

El resultado es una guerra de desgaste en la corte que inició hace dos años y aún podría tardar algunos más.

 Lo nuevo y lo viejo se mezclan

La integración al mundo digital de los catálogos musicales clásicos va más allá de la nostalgia. Sus implicaciones han tenido un fuerte impacto en la industria discográfica.

La línea entre lo nuevo y lo viejo se ha vuelto muy difusa, pues muchos artistas tienen carreras que abarcan tanto la era análoga como la digital y sus contratos,  firmados en una época en la que el vinilo era el único medio de distribución, aún son legalmente válidos.

El abogado neoyorquino de la industria musical Michael Sukin cree que las grandes disqueras probablemente eran conscientes del problema con la situación contractual de las descargas desde el primer momento, "pero, básicamente, lo ignoraron durante años. Y luego no adoptaron una política general para el sector. Cuando llegaron a ello, la situación ya era de sálvese quien pueda. Pero ésa es la naturaleza del negocio de la música, esperar hasta que algo suceda".

La táctica de las disqueras, dice Sukin, es disputar cada demanda caso por caso, confiando en que el costo de la justicia en Estados Unidos disuada a otros demandantes. A su causa ayuda que no hay dos contratos de grabación iguales. Hay mucho margen para pleitear en los tribunales.

Sin embargo, es probable que en algún momento será económicamente viable para los músicos pelear por lo que perciben como pagos injustos.

Sobre todo cuando los viejos éxitos siguen apareciendo en películas o en programas de talentos y por lo tanto, el valor de sus catálogos digitales va en aumento.

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Un ejemplo es el cantante británico David Bowie. El álbum The Best of Bowie alcanzó el séptimo lugar en las listas de descargas del Reino Unido después de que el artista presentó su sencillo de relanzamiento a principios de 2013.

Los éxitos de la la banda de soft-rock, Foreigner, también han revivido gracias a descargas, programas de talento y videojuegos.

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