La austeridad del Arsenal

Arsène Wenger apostó por un modelo financiero saludable para el club londinense. ¿El gran economista de la liga inglesa de futbol se equivocó en sus cuentas?
Simon Kuper / Financial Times

"¡Gasta el maldito dinero!", coreaban los aficionados del Arsenal mientras su equipo perdía una vez más en su reciente visita al Chelsea, un grito que resonó después en Twitter. Su blanco, el técnico Arsène Wenger, ha escuchado antes el mismo argumento.

Wenger, de 63 años, llegó a los Gunners en 1996 y guió al club durante ocho gloriosas temporadas. Desde entonces, ha estado al frente durante otras ocho campañas más bien vergonzosas. Arsenal no gana ningún trofeo desde 2005 y ahora ocupa el sexto lugar en la tabla de la Liga Premier. El francés se está convirtiendo en objeto de burla. Muchos aficionados se quejan de que se niega a comprar a los jugadores caros que podrían competir con el Chelsea, el Manchester United o el Barcelona, a pesar de que Arsenal tiene 153.6 millones de libras en efectivo, casi 242 millones de dólares, una suma inaudita para un club de futbol. (La consultora Deloitte calculó el año pasado que los clubes de la Liga Premier tenían deudas acumuladas de 2,400 millones de libras, o 3,781 mdd.) Lo acusan de practicar  la austeridad en el ámbito futbolístico, en un club que busca un modelo financiero saludable.

Tanto el técnico como el equipo contestan que la economía del futbol es una burbuja: los clubes gastan más allá de sus posibilidades y corren el riesgo de colapsar. El argumento de fondo es sobre el negocio del deporte. ¿Tiene razón Wenger, prácticamente el único economista en el futbol actual? ¿La prudencia del Arsenal finalmente rendirá frutos algún día?

Wenger tiene un cerebro de matemático. Se graduó en economía en la Universidad de Estrasburgo en 1971, y esa materia le enseñó sobre las valoraciones y la importancia de los datos. Para otros técnicos, 15 millones de libras podrían ser sólo "un gran número", pero no para Wenger. Cuando sopesa posibles fichajes, juzga como un economista que tasa activos tanto como un entrenador que busca victorias rápidas.

Viejos días de gloria

Si recibe tantos insultos ahora es, en gran parte, debido a que puso muy alto el listón en sus primeras temporadas en Londres, pues transformó el cavernícola futbol inglés. Descartó la tradicional dieta del Arsenal, que consistía en frijoles guisados y Coca-Cola. Utilizó estadísticas para medir, por ejemplo, cuántos minutos tarda un jugador en perder velocidad. Pero sobre todo, conocía el futbol mundial. La liga inglesa en la década de 1990 era tan insular (de hecho, xenófoba) que muchos técnicos ni siquiera veían los mundiales.

En este mundo, Wenger estaba destinado a triunfar. Dio la casualidad de que los mejores futbolistas jóvenes de entonces eran franceses y tuvo la oportunidad de elegirlos. Estrellas como Patrick Vieira, Thierry Henry o Robert Pires transformaron el club que tenía fama de aburrido en el mejor y más emocionante de Inglaterra.  Los ojeadores de Wenger estaban por todas partes, y compró barato. El total que pagó por Henry, Vieira y Pires fue inferior a los 36 mdd que recibió del Real Madrid por el problemático Nicolas Anelka. Fue David Dein, entonces vicepresidente del Arsenal y el hombre detrás del nombramiento de Wenger, quien negoció los gastos de transferencia y salarios, y si quería pagar algo más de lo que el estricto Wenger consideraba justo, lo pagaba. Dein, otrora un comerciante de azúcar, mostró su buen ojo para vislumbrar oportunidades en 1983, cuando compró 17% del Arsenal por apenas 458,000 dólares.

En 2004, los ‘Invencibles' de Wenger, quizás el mejor equipo inglés de la historia, ganaron la liga inglesa sin perder un solo partido. Fue su tercer campeonato en siete temporadas, a pesar de que su archirrival Manchester United era mucho más acaudalado. Después, los Invencibles perdieron con el United en octubre de 2004 y nada volvió a ser lo mismo.

Para entonces, el futbol ya estaba cambiando. Un oligarca ruso llamado Roman Abramovich compró el Chelsea y gastaba fortunas en jugadores. El cambio no sólo implicaba dinero: todos en Inglaterra copiaron a Wenger. Habían alcanzado al pionero. El Chelsea de Abramovich comenzó a ganar títulos, y Wenger, que odiaba la idea de que cualquier ricachuelo pudiera comprarse un campeonato como si se tratara de una casa de campo, se quejó de que utilizaba "dopaje económico, porque sus recursos eran artificiales".

En esos años, el técnico tomó o estuvo de acuerdo con dos decisiones fundamentales. Una, el Arsenal construiría un nuevo estadio para aumentar los ingresos. Dos, el club sería conservador en términos financieros. Éstas son las políticas emblemáticas de los últimos años de Wenger.

El Emirates Stadium abrió sus puertas en 2006 y la apuesta fue exitosa: las 60,000 localidades se venden casi todos los partidos, la mayor asistencia con regularidad en la historia del futbol londinense (el viejo campo, Highbury, podía albergar 38,000 personas). Las entradas del Arsenal son las más caras en las islas británicas, y probablemente en el mundo, con un costo de más de 1,500 dólares este año por el abono anual más barato. Por lo tanto, el club ahora ingresa más de 5 mdd por partido en casa, casi el doble que el Tottenham, su tradicional rival londinense. Sus ingresos totales de la temporada pasada fueron unos 381 mdd, el sexto lugar en el futbol europeo.

Mudarse de estadio era atemorizante, pues la mayor parte de los 677 mdd necesarios fueron prestados. De repente, este conservador club inglés estaba ahogado en deudas. Las cosas se pusieron peor cuando estalló la crisis financiera en 2008, justamente mientras el Arsenal vendía los departamentos en que convirtió el viejo Highbury para recaudar fondos. Cada temporada, Wenger tuvo que vender jugadores en parte para pagar la hipoteca del Emirates.

En retrospectiva, la política de gasto prudente de Wenger era previsible. Es su naturaleza. Billy Beane, gerente general del equipo de béisbol Atléticos de Oakland y el héroe del libro y de la película Moneyball, me dijo en 2010: "Cuando pienso en Wenger, pienso en Warren Buffett. Wenger dirige su club de futbol como si fuera a ser dueño del equipo por 100 años". El lado más salvaje de la naturaleza de Wenger era Dein, pero dejó el Arsenal en medio de turbulencias en la junta en 2007 y, desde entonces, el técnico es más libre, lo que a menudo implica negarse a fichar a un jugador que cuesta más de lo que él considera.

La austeridad es parte de la cultura del Arsenal, cuidadosamente administrado por décadas. Esta tradición debe haber atraído al actual propietario mayoritario, el estadounidense Stan Kroenke, que trata los clubes deportivos como empresas serias. Ivan Gazidis, jefe ejecutivo del Arsenal, me dijo hace poco: "No gastamos más de lo que tenemos. En el futbol se considera conservador. Eso te dice algo sobre el ambiente en que estamos". Más personas deberían estar familiarizadas con la "política de sostenibilidad" del Arsenal, añade Gazidis, "dada la situación económica del mundo, pero el futbol sigue siendo una burbuja".

De hecho, el entorno de rivales que gastan en exceso alentó la prudencia de Wenger. Muchos expertos pronostican desde hace tiempo un gran ajuste de cuentas, en el que los clubes de futbol dejarán de existir cuando no puedan pagar sus deudas, en especial después de que estalló la crisis financiera e, incluso, algunos grandes bancos quebraron. "Si esta situación continúa, no pasará mucho tiempo antes de que incluso algunos grandes clubes enfrenten la quiebra", dijo en 2009 Michel Platini, presidente de la UEFA. Stefan Szymanski, profesor de Economía en la Universidad de Michigan, con quien escribí Soccernomics, sugiere que el Arsenal estaba esperando el momento en que los precios se desplomaran para poder apoderarse de grandes jugadores a precio de oferta.

Ese momento nunca llegó. Resultó que los clubes de futbol no eran como empresas normales, en las cuales si se acumulan deudas impagables, hay que cerrar. Los clubes acumulan deudas impagables y sobreviven. Ningún equipo inglés ha pasado a mejor vida desde el pequeño Wigan Borough durante la Gran Depresión en 1931. Todos los demás sobrevivieron la Depresión, la Segunda Guerra Mundial, recesiones, presidentes corruptos, técnicos terribles y ahora, la crisis financiera. Es una historia de notable estabilidad.

Es cierto que los clubes británicos más pequeños siempre se declaran insolventes (aunque el único equipo de la Liga Premier en hacerlo fue Portsmouth en 2010), pero luego alcanzan acuerdos con sus acreedores, por lo general pagan una pequeña fracción de la deuda, y siguen adelante. Ningún acreedor o gerente de banco quiere matar una adorada y antigua institución. Y, de todos modos, en el fondo un club es sólo un nombre. Si la empresa detrás del club fracasa, se puede crear una sociedad limitada con el antiguo nombre del equipo, y éste sigue adelante. Los clubes de futbol sobreviven incluso cuando se van a la quiebra. Eso es bastante sostenible. Cuando le preguntan si esperaba que los clubes empiecen a desaparecer, Gazidis contesta: "Yo no veo una perspectiva inmediata de eso, especialmente en Inglaterra".

Prudencia exagerada

Frente a semejante telón de fondo, el gasto prudente del Arsenal parece exagerado. Si creyó que los grandes clubes eran tan vulnerables como otros negocios derrochadores, estaba equivocado. Está claro que no debe copiar al Leeds United, que acumuló una enorme deuda que requirió vender a casi toda la nómina y terminó por descender a la tercera división. El Arsenal eligió el otro extremo. El ‘Swiss Rambler', quien dirige un respetado blog sobre las finanzas del futbol, calcula que desde el año 2007 el club ha obtenido beneficios totales de 300 mdd, de los cuales 280 provienen de la venta de jugadores. En su blog calcula que podría gastar sin problemas entre 70 y 80 mdd de recursos en efectivo. Ese gasto no desplazaría a los dos clubes de Manchester, pero acercaría a los Gunners.

Red and White Holdings, que representa a Alisher Usmanov, un oligarca uzbeko clasificado por Forbes como el hombre más rico de Rusia, y a Farhad Moshiri, su socio británico-iraní, que son dueños de casi 30% de las acciones del Arsenal entre los dos, también quiere que el club gaste más.

Los costos salariales del Arsenal aumentaron en los últimos años y en 2012 alcanzaron 225 mdd, o 61% de la facturación. Gazidis piensa que gastar una porción mayor en salarios equivaldría a entrar en un "territorio peligroso". Pero la tasa promedio de la Liga Premier entre salarios y facturación es de 70%. Y el City, el Chelsea y el United pagan sin problemas salarios más altos que el Arsenal. (El City gastó 114% de sus ingresos en salarios en la temporada 2010-2011.)

Algunos piensan que después de todo, el ‘Juego limpio financiero', o FFP, por Financial Fair Play, la nueva política financiera de la UEFA, demostrará que la conservadora estrategia de Wenger era acertada. La norma exige a los clubes europeos dejar de gastar más dinero del que tienen. La Liga Premier sopesa normas similares. Las nuevas ‘reglas' están llenas de lagunas e, incluso, cuando entren plenamente en vigor en 2018 no podrán exigir a los clubes un punto de equilibrio, pero ya limitan ligeramente el gasto de los equipos. El gasto en transferencias de clubes de la Premier cayó un 23% de 2011 a 2012, a 864 mdd, según Deloitte.

Sin embargo, es improbable que el FFP transforme el futbol. Lo más probable, dice Szymanski, es que tanto los equipos como la UEFA cedan un poco. La principal preocupación de este organismo será evitar que clubes sin dinero se declaren insolventes. Las instituciones con multimillonarios detrás, como el Chelsea y el City, pueden recortar con más holgura. En cualquier caso, algunos clubes ya encontraron formas de evadir el FFP. El City firmó un acuerdo de 10 años por 550 mdd con Etihad Airways por los derechos del nombre del estadio y el patrocinio de la camiseta.

Los críticos señalan que Etihad proviene de Abu Dhabi, como los dueños del City. Se preguntan si el acuerdo permite al City inyectar dinero de un benefactor externo a pesar de las restricciones del FFP. Sin embargo, la UEFA podría tener problemas en los tribunales para demostrar que los 550 mdd son excesivos, o que los dueños de Etihad y del City estaban vinculados. Es de suponer que este tipo de acuerdos se sostendrán. Al final, el FFP podría terminar por cambiar el futbol menos de lo que le gustaría al Arsenal.

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En resumen, es improbable que un colapso de la economía del futbol, un repentino florecimiento de la cantera del Arsenal o el FFP salven a Wenger. Por el lado positivo, Gazidis espera que Arsenal sea más rico a medida que se vencen viejos acuerdos comerciales y se remplacen con otros mejores. Los ingresos de los Gunners se encaminan a alcanzar 472 mdd el próximo año, mientras que los intereses sobre la deuda del club se han reducido a una cifra manejable de 21 mdd, con una deuda neta de unos 155 mdd. La carga del estadio se aliviana. "Estamos pasando de un periodo de riesgo a uno de menos riesgo", reconoce Gazidis.

Sin embargo, otros clubes también encuentran nuevas fuentes de ingreso, mientras innumerables asiáticos y estadounidenses comienzan a sintonizar la Liga Premier. A pesar de los agoreros, el ascenso económico de futbol inglés quizás apenas empieza, lo cual significa que los nuevos ingresos del Arsenal no serán suficientes para llevarlo de nuevo a los primeros lugares. Al menos no a tiempo para Wenger.

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