Contra la corriente

Después de ser uno de los fundadores de Facebook, Chris Hughes dirigió la campaña digital de Barack Obama ¿Por qué decide ahora apostar por los medios tradicionales e invertir en una revista?
chris hughes expansion 1111  (Foto: CNN)

Alguien que quiera sentirse bien con respecto a sus logros en la vida no debería sentarse a comer con Chris Hughes. Sin siquiera cumplir 30 años tiene un patrimonio neto de al menos 600 millones de dólares y estuvo involucrado en dos de los emprendimientos más exitosos de los últimos tiempos: Facebook y la campaña digital que ayudó a llevar a Barack Obama a la presidencia en 2008. Ahora dedica su tiempo y parte de su dinero a reinventar una centenaria revista política de corte progresista, The New Republic, que relanzó con bombos y platillos en enero.

"He sido increíblemente afortunado", dice Hughes con una cautivadora mezcla de modestia y confianza. Nos reunimos en un restaurante en Manhattan, no muy lejos de donde abrió hace poco una oficina de The New Republic. De cabello rubio y aspecto fresco, parece salido de una publicidad de una marca de ropa fresa. "Haber sido parte de una de las empresas más grandes de los últimos 10 años", dice, "haber sido parte del mundo de Obama, y ahora tener la oportunidad de modernizar esta revista de un siglo de existencia, me hace sentir increíblemente afortunado". 

Sin duda lo ha sido. Tuvo suerte cuando siendo un estudiante de literatura e historia en Harvard conoció a Mark Zuckerberg y decidieron compartir su dormitorio durante su segundo año de universidad, el mismo año en que el estudiante de psicología y ciencias de la computación comenzó a desarrollar una red social a la que bautizó ‘TheFacebook'.

Pero también está claro que Hughes trabajó duro por esa fortuna. Oriundo de Hickory, Carolina del Norte, este hijo único de un vendedor de papel y una maestra creció escuchando que podía hacer lo que se propusiera. A los 15 años, se presentó a algunas de las mejores escuelas de Estados Unidos para luego anunciarle a sus padres que lo habían becado en la Phillips Academy en Andover, la escuela a la que asistieron los dos presidentes Bush. Phillips fue lo que lo llevó a Harvard, y Harvard, lo que lo llevó a Facebook.

Hughes me cuenta sus planes para The New Republic, en la que se nombró editor en jefe. "Vamos a alejarnos de la opinión política, que es lo que la revista más ha hecho a lo largo de su historia, y nos vamos a enfocar en un periodismo reporteado y sustancial".

Cuando sugiero que ese territorio ya lo abarca The New Yorker, Hughes dice que hay espacio para otra revista de este corte. La primera edición de la nueva The New Republic, con una entrevista con Obama, su antiguo jefe, tuvo muy buena acogida, si bien causó cierta sorpresa que, en lugar de algún periodista político más avezado, fuera Hughes quien realizara esa entrevista junto con el editor de la revista, Franklin Foer.

Enfoque renovado

Fundada en 1914 como una publicación semanal (ahora es quincenal), The New Republic fue alguna vez el ámbito natural de los progresistas y contaba entre sus lectores a políticos como John F. Kennedy y Jimmy Carter, y entre sus escritores, a George Orwell y Philip Roth. Pero Hughes dice que ya no quiere que la revista sea conocida sólo como una publicación progresista, y que se enfocará más en los reportajes. "Lo que va a mantenerse sin cambios es el énfasis en el segmento de la población influyente y educado", dice. "No es una revista para toneladas de personas, es para unos pocos millones, para las personas que tienen curiosidad por saber lo que sucede en el mundo". 

Se entusiasma hablando del tema: "Quiero que tengamos gente que escriba desde su punto de vista, que no oculte su opinión -la idea de que los escritores no tienen opinión es anacrónica-, pero no quiero que seamos la voz de una ideología en particular. Necesitamos una cobertura sin sesgos".

Como es de esperar, Hughes es adicto a la tecnología y lleva su iPad mini a todas partes. Su ajuste de The New Republic incluye nuevas aplicaciones web y aplicaciones para tablets para que sea más fácil leer la revista en línea o en iPads. No puedo evitar preguntarle cómo planea evitar el destino de Newsweek, que recientemente dejó de publicar su edición impresa.

"Newsweek todavía tiene una edición para iPad", me recuerda, e insiste en que adquirió The New Republic como una oportunidad de negocio.

"Creo que la era de ganancias significativas en la industria de medios quedó atrás. Pero realizamos mucha investigación de mercado y tenemos la sensación de que hay un exceso de datos con los cuales se bombardea a la gente durante todo el día, que las personas se sienten abrumadas y que quieren una o dos fuentes a las que puedan recurrir para obtener análisis, contexto y profundidad".

Si bien dice que no tiene planes de abandonar la edición impresa de la revista, claramente ve como algo inevitable la migración a las formas digitales. "En cuatro o cinco años creo que estaremos en un punto en el que el paso de la impresión al iPad no parecerá el fin de nada; parecerá simplemente una progresión natural". En tono de broma concede que es improbable que la revista se convierta en el "próximo Facebook".

Locuaz, extrovertido y con un encanto aniñado, Hughes fue el vendedor natural de Facebook mientras los chicos de sudadera de capucha se ocupaban de la programación. Lo apodaban "el Empático", un papel que le permitió ganar el 1% de participación accionaria. Pero en 2007, justo cuando la red social empezaba a despegar, Hughes abandonó Facebook para trabajar para un candidato relativamente desconocido, y se convirtió en director de Nuevos Medios para las primarias demócratas y la campaña presidencial de Obama.

Se abocó a la tarea como el egresado de Facebook que era, y creó una comunidad en línea que hizo que la gente se sintiera conectada: My.BarackObama.com se convirtió en el sitio obligado para la organización de los partidarios en todo el país, los ayudó a contactarse, a enviar correos electrónicos a los votantes y a recaudar más de 30 millones de dólares para la campaña.

El negocio editorial

Hace casi un año, Hughes decidió concentrarse en The New Republic y adquirió una participación mayoritaria en la revista por una cifra no revelada. Al igual que muchas otras publicaciones en papel, la revista perdía lectores, inversionistas, editores y dinero. Su circulación había caído de 100,000 ejemplares, hace dos décadas, a 34,000.

En una era en la que el periodismo se escribe cada vez más en 140 caracteres, parecía un paso contracultural: una estrella de los nuevos medios que pasaba a dirigir una revista tradicional que publica ensayos de 10,000 palabras en papel y que llega a los lectores por correo.

Si bien admite que Zuckerberg considera extraño que él se pase a los viejos medios, Hughes argumenta que las personas de su edad en esta era de Twitter siguen siendo lectores. "Un reporte del Centro de Investigación Pew halló que la gente de menos de 30 está leyendo más libros que hace 10 años -no muchos más, pero más- y es tan probable que los lean en sus teléfonos como en papel", dice. "Es de locos". Y sabe de lo que habla. Cuenta que leyó capítulos enteros de La guerra y la paz en su iPhone, y algunas partes en papel.

La circulación de The New Republic está en aumento, y ahora tiene un tiraje de 44,000 ejemplares, pero no todo ha sido tan sencillo. Hughes cambió al editor de la revista, Richard Just, que fue la persona que le había sugerido invertir en la publicación. Just creía que conseguía un inversionista, pero Hughes resultó ser muy activo y los dos se enfrentaron por la manera de dirigir la revista. Hughes también decidió hacer nuevas contrataciones, y trajo a Foer como editor y contrató al ensayista y novelista Walter Kirn. Sin embargo, trató en reiteradas oportunidades, y sin éxito, de atraer a grandes escritores, como Ryan Lizza y Dexter Filkins, que trabajan para The New Yorker.

Le pregunto si no le resultó extraño encontrarse con el presidente no como simpatizante sino como periodista (Hughes y su esposo, Sean Eldridge, un inversionista y activista político, asistieron al baile inaugural de enero). Se ríe. "Han pasado cuatro o cinco años desde que trabajé para él y muchas cosas han cambiado. Me he adaptado rápidamente a este papel que me hace ser parte de la prensa", dice.

"No es un secreto que apoyé al presidente o a muchos otros candidatos y causas, pero logramos hacerle preguntas desafiantes para que nos contara cómo él y el país han cambiado en los últimos cuatro años y cuál es la agenda para los próximos cuatro". Aun en su función de periodista, Hughes sigue siendo diplomático al contestar cómo se siente con respecto al presidente hoy. Si bien halaga la agenda "increíblemente ambiciosa" que Obama presentó en su segundo discurso inaugural, sólo dice que le resulta "interesante" que haya fijado expectativas tan altas para su segundo mandato.

Hughes y Eldridge se han hecho famosos en la escena política de Nueva York como influyentes recaudadores de fondos para la causa demócrata.

Eldridge, que a sus 26 años es más guapo aún que Hughes, fue un activo promotor de la ley de matrimonio homosexual aprobada en Nueva York en 2011, lo que allanó el camino para su propio matrimonio, y ahora trabaja en promover la reforma financiera. También dirige una empresa de capital de riesgo.

"El trabajo que ha realizado en políticas públicas ha tenido mucho más impacto del que yo podría aspirar en el matrimonio igualitario en el estado de Nueva York, y después está también su campaña por la reforma financiera", dice Hughes. Eldridge presentó los requisitos para ser candidato al Congreso.

Hughes planea seguir siendo anfitrión de eventos de recaudación a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y la reforma financiera, e ignora mi sugerencia de que es irónico que luche contra el dinero en la política mientras organiza fiestas ostentosas a favor de los candidatos y de las causas que defiende.

"Al ver el papel del dinero en la política nos hemos vuelto más apasionados por disminuir ese papel", dice. Luego cierra el asunto. "Creo absolutamente en este tema pero estoy 100% comprometido con The New Republic. Sean es quien está realmente involucrado en esto; yo simplemente lo escucho en la cena".

Entonces, le pregunto, ¿qué traerán sus 30 años? "El trabajo que hago en The New Republic se siente como estar en casa. Abarca todos mis intereses: mis intereses políticos, tecnológicos, mi pasión por el periodismo. Es un reto y por eso es fácil pensar que en cinco o 10 años habrá nuevas maneras de leer".

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