Apostarle a Haití

Digicel, la compañía de telefonía celular del irlandés Denis O’Brien, es un sorprendente modelo de emprendimiento en el atribulado país caribeño.
denis obrien exp 1112  (Foto: CNN)
David Adams / Reuters

Muchos se mostraron escépticos cuando el multimillonario irlandés Denis O'Brien decidió crear una empresa de telefonía celular en el país más pobre del hemisferio occidental. Seis años después, Digicel es el mayor inversionista privado en Haití y tiene 4.8 millones de usuarios, casi la mitad de la población. Es un inusual ejemplo de emprendimiento en un país que aún lucha por reconstruirse después del terremoto de 2010.

Los ambiciosos planes de O'Brien para Digicel son parte de su visión optimista sobre Haití, que contrasta con las proyecciones generalmente sombrías para una nación lastrada por constantes problemas políticos y desastres naturales.

Promover emprendimientos locales en Haití es poco habitual. Tanto el gobierno como los bancos han hecho poco por estimular la inversión y la elite de  pequeñas empresas se beneficia de los monopolios de importación que sofocan la producción local.

En una de sus habituales breves visitas a Haití antes de Navidad, O'Brien, de 54 años, voló desde Nueva York en su jet corporativo para la reunión mensual de la junta directiva de Digicel. Luego fue el anfitrión de una gala televisiva llamada el "Emprendedor del Año", un evento importado de Irlanda que Digicel organizó para inspirar a las pequeñas empresas.

Alto, canoso y de mejillas rosadas, O'Brien es fácil de distinguir en medio de una multitud constituida, en su mayoría, por empresarios y personalidades locales, entre ellos, el presidente Michel Martelly. "Haití necesita más personas como tú", dijo el mandatario.  "Si no fuera por Denis, todos estaríamos aquí solos".

Teléfonos para los pobres

Digicel Group, con sede en Jamaica, tiene 13 millones de clientes en 31 mercados emergentes, la mayoría en el Caribe y el Pacífico. O'Brien, quien fundó la empresa en 2001 y posee 94% de las acciones, sigue los pasos del multimillonario de origen sudanés Mo Ibrahim, fundador de Celtel, una red de telefonía que abarca África, y del indio Sunil Mittal, fundador de Bharti Airtel, que opera en 20 países de Asia y África.

Ibrahim vendió Celtel en 2005 por 3,400 mdd y dirige la Fundación Mo Ibrahim para fomentar el mejor gobierno en África, mientras que Mittal también dirige su propia fundación. "Ambos demostraron que puedes tener a personas con muy poco ingreso disponible en términos reales, pero que quieren un teléfono y te pagarán por él, y puedes crear una red bastante grande", dice O'Brien.

Digicel declaró ingresos de unos 2,500 mdd anuales a marzo de 2012, de los cuales Haití generó 439 mdd.

La llegada de Digicel en 2006 fue un inusual ejemplo de inversión extranjera en un país más acostumbrado a depender de la ayuda extranjera. Sus relucientes oficinas se inauguraron un año antes del terremoto de 2010 y fue uno de los pocos edificios grandes que quedó casi intacto.

Digicel invirtió en infraestructura y ofreció equipos desde 7 dólares, así como tarifas bajas para una base de clientes, que en su mayoría adhiere al sistema prepago. "Denis revolucionó el sector de comunicaciones. Antes, los celulares eran un lujo y ahora son una necesidad", dice la ministra de Turismo de Haití, Stephanie Villedrouin.

Las inversiones de O'Brien en Haití van más allá de la industria telefónica. A finales de 2012 inició la construcción del primer hotel Marriott en el país y la fundación de Digicel invierte millones a fin de edificar 150 escuelas en el país para 90,000 alumnos. Su enfoque ha despertado elogios de políticos como el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton, que lidera la Clinton Global Initiative (CGI) y es enviado especial de Naciones Unidas a Haití.

O'Brien coordina la Red de Acción de la CGI en Haití, cuyos miembros han destinado más de 350 mdd para educación, infraestructura y proyectos de desarrollo de negocio.  "Se considera que el programa CGI en Haití  es uno de los mejores. Y realmente esto se debe al fuerte liderazgo de Denis", dice Anne Hastings, directora de  Fonkoze, una institución financiera de microcrédito. "Él fija metas y la gente tiene que cumplirlas. Esto no es muy habitual en Haití".

Su primera inversión sin fines de lucro fue en el histórico Iron Market de Puerto Príncipe, el centro de la actividad comercial de la capital, donde gastó millones para reconstruirlo tras el terremoto. "Todos los problemas en Haití son solucionables, sólo se necesita tener las habilidades  correctas para realizar el proyecto", asegura. "Tienes que emplear a las personas y enseñarles cómo hacer las cosas. Hay tanto talento aquí, personas creativas e inventivas".

La primera vez que visitó Haití, O'Brien quedó sorprendido por las calles repletas de vendedores. "Había tantos emprendedores en toda la ciudad. Son vendedores natos". Al homenajear a los emprendedores, espera inspirar una nueva cultura empresarial para sustituir las importaciones.

"Con suerte alguien está sentado en casa o bajo un árbol y dice ‘tengo una idea'", dice 0'Brien. "‘En vez de importar arroz, voy a sembrar arroz. En vez de importar pollos, voy a criar pollos. En vez de importar huevos, produciré huevos'". 

Su próxima meta es lanzar la revolución de los smartphones en Haití y ofrecer banca móvil para los más pobres. Este año, Digicel invertirá en banda ancha para actualizar su red 4G, lo cual elevará su inversión total en el país a más de 600 mdd.

La compañía depende de que fabricantes asiáticos como Samsung sigan bajando los precios gracias a los componentes baratos. "Podemos comprar un teléfono inteligente por 70 dólares hoy. En 2013 costará 30 dólares", apunta O'Brien, y predice que los precios alcanzarán los 10 dólares en pocos años. 

Capitalismo con conciencia

Digicel es el mayor contribuyente en Haití y su edificio principal alberga las oficinas del alcalde de Puerto Príncipe, así como la Cruz Roja. "El edificio de Digicel es a donde voy para donar sangre", dice Cyril Pressoir, un empresario local. "¿Las cosas deberían ser así? ¿No deberíamos ser capaces de hacer las cosas por nuestra cuenta? Sin duda, pero él (O'Brien) hace que las cosas se concreten".

O'Brien ha invertido 25 mdd en proyectos de desarrollo. "Nuestra fundación es tan importante como nuestro departamento técnico", afirma. "La mayoría de las empresas multimillonarias roban al país descaradamente. A nosotros nos gusta ganar dinero, pero también dormir tranquilos por la noche".

Su trabajo está diseminado a lo largo y ancho de Haití. La mañana siguiente a la gala de negocios, O'Brien fue a Saut d'Eau para inaugurar una de las escuelas construidas por su fundación. Los nueve salones, el laboratorio de computación, el auditorio, la cafetería, la biblioteca y la cancha de basquetbol costaron 326,000 dólares. La Fundación Digicel ha edificado hasta ahora  87 escuelas, a un costo promedio de unos 180,000 dólares. No se encarga de los costos operativos, así que es cuidadosa al elegir comunidades comprometidas con administrar las escuelas.

Los maestros de la escuela Saut d'Ea u ganan entre 60 y 65 dólares mensuales y la matrícula cuesta 10 dólares al año. Fue fundada por Paul Calisme, un haitiano de 59 años que no reside en el país y la administra con ahorros de su trabajo en un lavadero de automóviles en Connecticut. "Me fui de mi país hace 23 años, pero tenía un sueño", dice Calisme, y señala que 25% de los niños locales no asisten a la escuela.

En una ceremonia sencilla, los alumnos uniformados cantaron una canción que terminó con el grito de "Larga vida a Haití. Larga vida a Digicel".

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