Un sector privado más público

Los empresarios deben entender que mucho de lo que pasa y no pasa hoy en nuestro país también es su responsabilidad.
Sabino Bastidas Colinas

Hace algunos meses, un importante grupo de empresarios me invitó a dar una conferencia sobre política mexicana. Hablé durante una hora acerca de nuestro sistema político y, como suele suceder, la charla se prolongó por la gran cantidad de preguntas y participaciones de los asistentes. Por lo general, a los empresarios les interesa y les gusta mucho hablar de política, pero en lo que parecía ser una de las últimas participaciones de la conferencia, un empresario -ya mayor y muy exitoso- me lanzó una pregunta que parecía de rutina: "¿Usted cree que los empresarios debemos hacer política?".

Inmediatamente y sin reflexionarlo mucho, le respondí que sí. Construí mi argumento y le dije que en una democracia los empresarios hacen política y son actores fundamentales. Dije que no es optativo y que la realidad los obliga a participar en política.

Mi argumento provocó en el experimentado empresario una respuesta ya clásica y un argumento que he escuchado muchas veces: "Yo hago empresa y no sé nada de política. La política es para los políticos y la empresa, para los empresarios, cada quien su chamba y zapatero a sus zapatos".

Para mi sorpresa y fortuna, la reacción casi unánime de sus compañeros de grupo fue contraria a su parecer. En pocos minutos, los otros empresarios embistieron con razones y argumentos sobre el papel de los empresarios en la política. Se generó de inmediato una polémica muy interesante para mí y en un momento me convertí de ponente en espectador.

Los asistentes rápidamente salieron en defensa del rol público y político de los empresarios: hablaron de los valores y principios que defendían, el papel de las cámaras empresariales, el cabildeo que realizan en el Congreso, la amistad y las relaciones con el Presidente y secretarios de Estado, los proyectos planteados con gobernadores, la responsabilidad social empresarial, la agenda ambiental, la responsabilidad laboral y hubo alguno que, incluso, defendió la participación abierta y directa de los empresarios como candidatos o funcionarios.

La polémica me reveló que, aunque todavía existen algunos empresarios conservadores que se resisten a asumir su papel en el entorno público, la mayoría ya entiende que son actores clave y líderes de nuestra democracia y que el nuevo papel de un empresario en el mundo es ser un actor informado, actuante y promotor del cambio.

Los empresarios siempre han sido protagonistas fundamentales de la política. Hay muchos ejemplos y existe una amplia bibliografía que documenta cómo muchas decisiones políticas se toman por razones comerciales, económicas o empresariales.

En México, el cambio democrático ha transferido poder a la ciudadanía y a nuevos sectores de la sociedad, entre ellos, a los empresarios. Lo que sucede es que muchos de los nuevos jugadores de la democracia no son conscientes de su poder y no lo ejercen a plenitud.

Cada empresario debe tener una agenda clara de asuntos públicos ajustada a su nivel, su sector y su modelo de negocio. Deben preguntarse: ¿Cómo estoy participando en el entorno público? ¿Cuál es mi influencia y cómo la ejerzo? ¿Las cosas están caminando como debe ser? ¿Cómo puedo mejorar mi entorno o éste pondrá en riesgo mi modelo de negocio? ¿Cuáles y cómo estoy cumpliendo mis responsabilidades?

Para desgracia del empresario que me dijo "zapatero a sus zapatos" -y para fortuna de todos-, el mundo está cambiando. Los asuntos públicos son también parte del buen empresario. Y la tendencia mundial es la fusión de lo político, lo privado y el conocimiento.

Consultor y analista político, director de Pensar Diferente Consultores.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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