La ausencia de las mujeres

Carlos Slim tiene tres hijos y tres hijas, pero sólo ellos —y los yernos del magnate— conducen sus empresas. Dos expertos analizan el desequilibrio.

 

EN SEGUNDA FILA
En algunos países, culturas y familias, es tradicional que los hijos se vayan al trabajo y las mujeres se dediquen a su casa o a otro tipo de funciones. He tenido clientes donde tanto hombres como mujeres se involucran en la empresa familiar y otros donde las hijas toman el mando.
En el caso de Carlos Slim, todavía, no hay mujeres en el consejo de administración de Grupo Carso y el porqué no está claro. Tal vez quiere evitar conflictos familiares y por eso separa a hijas de hijos. Es una práctica válida.
Slim ha dado a sus hijos y yernos posiciones dentro de sus empresas mientras que sus hijas están enfocadas en la filantropía, fundaciones, el museo Soumaya y otras actividades del mismo giro. Es extraño, pero lo más importante es que la empresa funcione sin romper el lazo familiar.
La diversidad que aportan las mujeres a una compañía le daría riqueza al consejo de administración. Las hijas de Slim no son menos capaces que sus hermanos, pero Slim no las involucró desde jóvenes, como lo hizo con sus hijos. Ellas vieron los toros desde la barrera, muy cerquita, pero los hijos los vieron desde el callejón. Puede ser una cuestión cultural.
Aunque no estuvieron en los negocios desde pequeñas, esto no significa que no se puedan involucrar ahora, dado que trabajan en temas no menos importantes como la gestión del museo familiar y las fundaciones.
Por Juan Ignacio Pérez,
socio de la consultora Heidrick & Struggles y estudioso de temas de género en los negocios.
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UN GIRO A TIEMPO
Grupo Carso se desempeña de una manera exitosa en el ámbito de los negocios. Se ha distinguido por ser una empresa innovadora, rentable y con un sentido de responsabilidad social. Si bien estos elementos han contribuido sustancialmente al éxito de las compañías que lo conforman, éstas tendrán que reinventarse a sí mismas para darle continuidad a sus logros.
El talento es la clave del éxito. Es necesario crear una cultura que incentive la promoción y la permanencia del talento, crear entornos empresariales innovadores que respondan a las necesidades de las nuevas generaciones, de la sociedad actual y de los cambios que ha tenido el modelo familiar del siglo XXI.
El talento no es cuestión de sexo o género, sino de aptitudes, competencias y disposición para asumir un proyecto. Por ello, el mundo corporativo se está planteando una cultura de igualdad entre mujeres y hombres al más alto nivel.
Promover la participación del talento femenino hacia la alta dirección y los demás sectores de la corporación resulta fundamental para construir economías fuertes, formar sociedades más estables y justas, alcanzar los objetivos de desarrollo, sostenibilidad y derechos humanos acordados internacionalmente, mejorar la calidad de vida de las mujeres y de las comunidades.
Una dirección que promueva la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y su integración en el modelo de negocio asegura su permanencia, su rentabilidad y su sostenibilidad.
Por María del Carmen Bernal González,
directora del Centro de Investigación para la Mujer en la Alta Dirección del IPADE.

 

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