La crisis que viene

La población del valle de México crecerá 45% en 2030 y habrá un déficit de 38% en la provisión de agua. El reto ahora es extraer el líquido a más de 2,000 metros de profundidad.
Cecilia Navarro y Javier Rodríguez C.

El calendario 2030 señala que es junio. Es un mediodía en el que el termómetro roza los 30 grados centígrados en el valle de México. Al girar la llave de la regadera, no escurre ni una gota de agua.

Desde hace 17 años, el Banco Mundial ya lo pronosticaba: sólo habrá tres por cada cuatro litros de agua requeridos para abastecer a la población.

El escenario que plantea el Banco Mundial en el estudio Agua urbana en el Valle de México: ¿Un camino verde para mañana? es que en 2030 la demanda total del líquido podría alcanzar hasta 91.8 metros cúbicos por segundo (m3/s). Este año, la cifra es de 66.8 m3/s. El aumento se debe a que la población crecerá 45%.

"Aunque hoy no es realmente preocupante, en muy corto plazo se podría volver algo grave", dice David Michaud, especialista de Agua y Saneamiento del Banco Mundial y autor del estudio.

Pero los gobiernos federal, del Distrito Federal y del Estado de México ya tienen listos proyectos para evitar caer en una crisis hídrica en los próximos años.

Uno de ellos es explotar un manto acuífero en la delegación Iztapalapa que está a 2,000 metros de profundidad. Pero tiene un reto de ingeniería: en ningún lugar del mundo se ha explotado un yacimiento de agua a esta distancia. Además, está debajo de otro cuerpo de agua.

A inicios de 2013, en Iztapalapa -la delegación más poblada del Distrito Federal y con un crónico desabasto de agua- la ingeniería encontró un reto: extraer agua a 2,008 metros bajo tierra.

"Lo interesante aquí es que puede ser un acuífero debajo de otro y la gran profundidad de los pozos", explica Ramón Aguirre, director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM). "No existe otro proyecto de este tipo que conozcamos".

En Estados Unidos se extrae agua a 900 metros de profundidad, en Monterrey, a 1,500 metros, pero no hay otros yacimientos a una mayor distancia y sólo en Torreón se han explotado pequeños cuerpos de agua que están debajo de otro.

Felipe Arreguín, subdirector técnico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), ve con reservas el pozo de Iztapalapa. "No estamos seguros de que sea un nuevo acuífero (...) el pozo se va a explotar para ver cómo va variando la calidad del agua", dice. "Estamos haciendo más estudios".

En el cuerpo de agua encontrado en Iztapalapa hay una ventaja: existe una capa de arcillas ubicada a 800 metros de profundidad que independiza el acuífero profundo del superficial.

"Significa que para tratarla y hacerla potable no hay que pagar mucho", explica Federico Mooser, geólogo que dirige las perforaciones.

Aguas ‘profundas'

La búsqueda de este pozo comenzó hace unos meses y surgió de una idea expresada vagamente en 1993 por los geólogos Mooser y Claudio Molina: podría haber agua a grandes profundidades.

Las autoridades aún no tienen clara la capacidad del pozo de Iztapalapa, pero sí consideran que se requieren tres más para que realmente este tipo de pozos se conviertan en nuevas fuentes de abasto de agua en el valle de México.

Por lo pronto, la inversión inicial anunciada para explorar este acuífero -junto con otros tres- es de 500 millones de pesos (mdp).  Cada uno de los pozos perforados, según David Korenfeld, director general de la Conagua, tendrá un costo de 100 mdp. Las nuevas perforaciones se realizarán en Magdalena Mixhuca, en Ixtacalco y nuevamente en Iztapalapa.

Para sacar agua del pozo se requiere tecnología usada en la extracción de petróleo, por lo que en la exploración colaboran técnicos de Pemex y de la CFE.

"Extraer el agua profunda cuesta menos de la mitad que traerla de otros lugares y tiene una ventaja: si tengo que perforar 50 pozos aquí y llevo 20, esos ya me dan beneficios y agua", dice Aguirre, director del SACM. "Si la traigo de otro lado, puedo llevar 40% del proyecto, pero no nos da ni un litro de agua sino hasta el final".

Aunque el pozo está a 2,000 metros, el agua sube casi 1,750 y sólo hay que bombearla 250 m. La complejidad es el material que conforma el pozo: rocas, tobas (material usado para canteras y fachadas) y areniscas volcánicas.

En el SACM tienen algo claro: en el mejor escenario, el acuífero de Iztapalapa podría aportar entre 10 y 20% de la necesidad hídrica del valle de México. "Nuestro problema no está resuelto. Lo que sí hará es contribuir a disminuir la sobreexplotación del acuífero", comenta Aguirre, del Sistema de Aguas.

Éste no es el único proyecto para evitar una crisis de agua. Hay otros como la tercera línea del Sistema  Cutzamala, el Túnel Emisor Poniente II, la planta tratadora de Atotonilco y el Túnel Emisor Oriente.

"El déficit de agua que va a tener el Valle de México de aquí a 20 años no permite decir ‘voy a hacer éste o éste (proyecto de infraestructura)', sino hay que hacer de todo", asegura Michaud, del Banco Mundial.

Las autoridades de la Conagua y los organismos operadores en el valle de México tienen algo claro: en 2030 habrá una necesidad hídrica que equivaldrá a dos sistemas Cutzamala juntos, por lo que hace falta localizar, estudiar y explotar nuevas fuentes naturales.

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