La tormenta de la deuda

La fragilidad económica acorrala a los pequeños países caribeños, que ya enfrentan desastres naturales y la amenaza del crimen organizado.
tormenta tropical ivan exp 1117  (Foto: CNN)
Robin Wigglesworth y Benedict Mander / Financial Times

Cuando el huracán Iván azotó Granada en 2004, las feroces ráfagas de viento partían los postes telefónicos como si fueran débiles ramas. Sin líneas, pasaron días antes de que el mundo conociera el alcance de la destrucción que la tormenta tropical había provocado en la nación caribeña.

En un país de apenas 100,000 habitantes, murieron 39. Además de las cicatrices físicas, Iván dejó un legado duradero: las ya inmensas deudas del gobierno, ahora incrementadas por el gasto necesario para reconstruir escuelas, infraestructura y hogares destruidos. A pesar de la reestructuración de dichas deudas en 2005, Granada seguía en un estado de vulnerabilidad cuando se desató la crisis financiera, que afectó su vital industria del turismo. Una vez más contra las cuerdas, el país  no pudo cumplir con el pago de sus deudas en marzo.

Pero Granada no es el único. Muchos de los países más pequeños de la cuenca del Caribe también atraviesan una crisis económica y financiera. Los funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) dicen que la región está "al borde del abismo" ya que se enfrenta a años de dolorosos ajustes. Esta fragilidad económica tiene implicaciones críticas para la seguridad regional. El Caribe se ha convertido en un punto de encuentro cada vez más violento para el tráfico de drogas, armas y personas. Y por si hiciera falta, aumentan los temores de que la piratería esté regresando como una amenaza estratégica.

A medida que Estados Unidos y Europa disminuyen su compromiso con el Caribe, muchos países han encontrado un nuevo socio dispuesto a ofrecer ayuda e inversiones vitales para la región: China. El ex presidente de EU George W. Bush describía al Caribe como "la tercera frontera de Estados Unidos", pero podría decirse que ahora Beijing está a punto de suplantar a Washington como la potencia regional eficaz.

A raíz de esto, los funcionarios de dentro y fuera de la región dicen que el Caribe está ingresando a un periodo crucial, y tendrá problemas para transitarlo indemne. "El Caribe está en una encrucijada", dice Arnold McIntyre, director del centro regional de asistencia técnica del FMI. "Se enfrenta a su mayor reto económico desde su independencia".

El lastre de la deuda

La acumulación de deuda es uno de los indicadores más claros de los problemas del Caribe. Excluyendo a los países más grandes, como Haití, República Dominicana y Cuba -poblaciones relativamente populosas con otro tipo de desafíos-, las deudas totales de los gobiernos alcanzan más de un 70% del producto interno bruto, según el FMI. Para economías pequeñas y abiertas, esa cifra es peligrosamente alta, dice Stuart Culverhouse, economista jefe de Exotix.

A fines del año pasado, la deuda de Jamaica era más alta aún, y llegaba a 143% del PIB. Esto obliga al país a dolorosos recortes, ya que debe cumplir con los términos acordados en el rescate financiero del FMI.

La presión ya es demasiada para algunos países. San Cristóbal y Nevis, Belice y Jamaica han tenido que reestructurar sus deudas. Sebastián Espinosa, de la empresa White Oak, que asesora a Granada en su reestructuración, advierte que si no se recupera rápidamente el crecimiento, otros países podrían contagiarse. Hasta estados más prósperos, como Bahamas, se consideran vulnerables.

Sin embargo, las deudas son un síntoma y no una causa de los problemas subyacentes en la región. La reestructuración ofrecerá sólo un respiro temporal. Los huracanes son parcialmente responsables de esta difícil situación. Si bien las feroces tormentas causan  devastación con cierta regularidad, los retos fundamentales son políticos y económicos. El gasto gubernamental irresponsable agrava el problema que enfrentan los estados caribeños no competitivos. Por el solo hecho de su pequeño tamaño, las economías tienen que importar la mayoría de sus productos  básicos y son siempre vulnerables a cualquier turbulencia. 

Desde la oleada de independencia de los años 60 y 70, el gasto público en programas sociales, de educación y de empleo se ha incrementado de manera constante. Pero el crecimiento ha sido lento y dependiente de sectores de nicho, como las exportaciones de banano y de azúcar a Europa, los servicios financieros y el turismo.

El resultado han sido décadas de presupuestos altos y déficits comerciales, financiados con préstamos. "Hemos adoptado como tradición en estas islas que el gobierno tiene una función de generosidad... y clientelismo", dice Mark Brantley, líder opositor de San Cristóbal y Nevis. "Los gobiernos han seguido pidiendo préstamos y gastando sin tener en cuenta la sobriedad fiscal".

Las antiguas colonias europeas del Caribe habían gozado de acceso preferencial a la Unión Europea para las exportaciones de banano y de azúcar. Pero luego de la batalla legal conocida como "la guerra de las bananas", la Organización Mundial del  Comercio ordenó en 1997 el fin del acuerdo, con el argumento de que discriminaba a otros productores. Fue un duro golpe, especialmente para grandes productores azucareros, como San Cristóbal, y exportadores de banano, como Belice y Dominica. En este último, las exportaciones de banano colapsaron de casi un cuarto del PIB en 1988, a apenas un 1.5% del PIB en 2008.

La industria del turismo es desde hace tiempo la más pujante. Las cantidades crecientes de visitantes desataron una mejora tentadora en las finanzas gubernamentales a comienzos del milenio. Pero las crisis financieras afectaron las ganancias del turismo y los presupuestos volvieron a desquiciarse. 

George Tsibouris, jefe de la división del Caribe oriental del FMI, dice que la región ahora se enfrenta a otra "década perdida". Pronostica que "se necesitarán años de compromiso con estas metas para que el barco llegue a buen puerto". Las cifras de visitantes han comenzado a repuntar de nuevo, particularmente en países que tradicionalmente atraen más turistas de Estados Unidos que de Europa, como Jamaica y las Bahamas. Alan Leibman, director ejecutivo de Kerzner International, la empresa que administra el hotel Atlantis de Bahamas, señala que "han sido años desafiantes", pero añade que enero fue el mejor mes de reservas en la historia del hotel.

Sin embargo, los visitantes gastan menos dinero y los países que son destinos populares para los turistas europeos, como Granada, enfrentan caídas importantes de sus ingresos provenientes del turismo.

Las tensiones financieras sin previo aviso han golpeado incluso a los estados más fuertes. En enero de 2009, CL Financial, un conglomerado de seguros con sede en Trinidad y Tobago, un Estado rico en energía, implotó inesperadamente. Éste terminó por convertirse en el Lehman Brothers del Caribe, y sacudió a casi todos los países de la región. El FMI estima que el costo del colapso fue de 3.5 % del PIB promedio de las naciones caribeñas, y esa cifra se eleva a más de 10% del PIB en el caso de Trinidad y Tobago.

Los amigos se distancian

Desde el fin de la Guerra Fría disminuyó notablemente la ayuda a la región. Las organizaciones multinacionales, como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, están invirtiendo su tiempo y su dinero en la región. El aporte más reciente fue un acuerdo de ayuda financiera a Jamaica por 2,000 millones de dólares a lo largo de cuatro años. Pero los funcionarios locales sienten que los amigos tradicionales del Caribe -Estados Unidos, Reino Unido y, hasta cierto punto, Europa- han perdido interés.

Keith Mitchell, primer ministro de Granada, dice que entiende que la crisis presupuestaria de Estados Unidos contiene su ayuda, pero agrega que "es, en cierto modo, difícil para nosotros no sentirnos abandonados cuando vemos que Estados Unidos cancela grandes cantidades de deudas de los países que considera estratégicamente importantes".

Por otra parte, China tiene cada vez más influencia en las capitales del Caribe. El aporte inicial del país estaba condicionado a aceptar la política de "Una sola China" de Beijing y a que la región rompiera relaciones con Taiwán. La recompensa se reflejó en relucientes estadios de criquet construidos y pagados por China. Pero David Jessop, titular de Caribbean Council, un centro de investigación, argumenta que la política de Beijing evolucionó notablemente en tiempos más recientes.

"Desde hace un par de años, su dinero se ha redireccionado de financiar pequeños y vanidosos proyectos a inversiones a gran escala y una fuerte presencia china sobre el terreno", asegura. "Es claramente diferente con respecto a la ayuda de hace algunos años y parece ser mucho más estratégica en sus propósitos". 

Los países caribeños abordan los avances de China con una mezcla de curiosidad, aprensión y entusiasmo. Andrew Holness, ex primer ministro de Jamaica, insiste en que Estados Unidos es "nuestro amigo íntimo de toda la vida", pero agrega que su país "está en una posición central a nivel regional para ayudar  a proyectar a China".

Una de las soluciones preferidas es que los países más pequeños de la región estrechen sus lazos económicos, financieros y políticos. Esto permitiría que los microestados racionalicen el dinero que tienen para gastar en necesidades de soberanía, como embajadas o guardias costeras. Un mercado común de productos, capital y empleo podría redituar en empresas regionales más grandes. 

"Es difícil ver cómo se pueden liberar de sus problemas mientras insisten en ser estados independientes y soberanos", señala Sir Ronald Sanders, ex diplomático de Antigua y Barbuda.

La Comunidad del Caribe, o Caricom, se creó en la década de 1970 específicamente para este fin, pero el organismo con sede en Guyana parece haberse atrofiado. Le llueven las críticas. "Caricom es un intento fallido", señala un observador. Las organizaciones como el FMI respaldan la cooperación más cercana entre los estados caribeños, pero, al mismo tiempo, advierten sobre sus límites. Algunos funcionarios dudan de que los políticos caribeños vayan a renunciar sinceramente a cualquier aspecto significativo de soberanía, y argumentan que todavía tienen que entender la profundidad de sus crisis.

"La integración más estrecha es como teología económica en el Caribe", dice un funcionario. A pesar de todo, los estados caribeños tienen algunas ventajas. Son, en su mayoría, democracias estables y las inversiones en educación han generado una fuerza de trabajo capacitada. Si bien la ‘fuga de cerebros' es marcada, las remesas de los emigrantes se han transformado en una fuente vital de ingreso de divisas extranjeras.

Además, muchos de los países caribeños  pueden aprovechar sus abundantes recursos. Trinidad y Tobago es un gran exportador de gas natural licuado. Guyana y Jamaica son productores líderes de bauxita. República  Dominicana, la economía más grande de la región después de Cuba, está creciendo.

También es mucho lo que se puede hacer para que el Caribe sea más resistente a los desastres naturales. Un fondo de seguro contra desastres es un paso promisorio, y el Banco Mundial respalda las inversiones para reforzar los edificios y hacerlos más resistentes contra los daños causados por las recurrentes tormentas. "Es más barato hacer algo más duradero y a prueba de huracanes que reconstruir todo luego de una tormenta", dice Françoise Clottes, directora del Banco Mundial para el Caribe.

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Sin embargo, nadie se ilusiona con que los años venideros serán fáciles. Las deudas son enormes, los déficits presupuestarios, excesivamente grandes, y las economías, demasiado débiles para que los países de la región puedan evitar profundos recortes presupuestarios. Y esto será doloroso.

"Está aumentando la pobreza, la inseguridad y la delincuencia", advierte Gerard Johnson, director general del Banco Interamericano de Desarrollo. "Ésta es una crisis  existencial".

LA HERENCIA DE CHÁVEZ
La riesgosa historia de un salvavidas en forma de crudo barato.
La muerte del presidente venezolano Hugo Chávez se sentirá profundamente en el Caribe, donde temen que la generosidad del líder socialista a la hora de financiar el petróleo pueda extinguirse con su muerte. La mayoría de los países de la región dependen del petróleo venezolano subsidiado a través del acuerdo Petrocaribe para que sus economías funcionen.
Los signatarios pueden comprar cargamentos de crudo venezolano bajo términos extremadamente generosos, lo que se convierte en un salvavidas para estas economías en problemas, a las que les resulta difícil pagar los precios del mercado petrolero. Algunos países pagan apenas un 5% por adelantado (y un máximo de 50 %) y apenas 1 % de interés sobre el resto, que puede pagarse durante periodos de hasta 25 años.
Si bien Cuba es el mayor receptor de la ayuda venezolana, con 100,000 barriles diarios por un valor de más de 3,000 millones de dólares durante el año pasado, las islas caribeñas más pequeñas importan casi todo el petróleo que consumen, si no todo, y son particularmente vulnerables.
Jamaica ha dicho que si se cancelara Petrocaribe, necesitaría encontrar 500 millones de dólares adicionales al año para poder pagar las importaciones de petróleo. República Dominicana adeuda unos 3,000 millones de dólares por sus 50,000 barriles diarios, y está pagando gran parte de sus préstamos en especie. Recientemente, envió a Caracas un cargamento de 10,000 toneladas de frijoles negros.
Se espera que Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, siga apoyando el Petrocaribe a corto plazo. Pero no durará para siempre. Más temprano que tarde, Maduro tendrá que tomar algunas decisiones difíciles ante los graves desafíos que enfrenta la economía de su país, lo que pone en riesgo el futuro del acuerdo. En Venezuela, los políticos de la oposición han pedido el fin de los embarques de petróleo subsidiados.
“Muchos de los países más pequeños dependen de la continuidad del chavismo en Venezuela”, dice Victor Bulmer-Thomas, profesor del Instituto de las Américas de University College de Londres.
Algunos países han empezado a tomar precauciones. En la región se han lanzado exploraciones en ultramar, y Bahamas, Jamaica y Barbados anunciaron sus planes para iniciar la exploración de gas y petróleo en sus aguas territoriales.
FUENTE: Financial Times.
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