Los robots ya están aquí

Los robots son parte de un escenario laboral que ya no es marginal. Pronto los tomarán en cuenta la administración y la competitividad.
Luis Miguel González

Tiene razón el escritor William Gibson cuando dice que el futuro ya llegó pero está mal repartido. Una empresa de Estados Unidos ofrece a Baxter, un robot que no necesita programación y es capaz de hacer varias tareas de manufactura ligera. Es como un juguete con brazos de primate y ojos tiernos que hacen cambios de luces cuando alguien se acerca. Cuesta 22,000 dólares y muestra en el dorso su origen con grandes letras: Made in USA. Un instrumento para repensar la manufactura y detener el envío de empleos fuera de Estados Unidos a través del offshore.

Los robots son parte de un escenario laboral que ha dejado de ser marginal. Siguen en la ciencia ficción pero pronto estarán en manuales de administración y cálculos de competitividad regional o nacional. La empresa taiwanesa Foxconn -fabricante de iPhone- anunció que incorporará gradualmente un millón de robots a sus procesos de producción.

"You aint seen nothing yet" se llamaba una canción de Backman Turner Overdrive. Y eso dice una y otra vez Andrew McAfee, un gurú del MIT que se especializa en el impacto de la robótica en el mundo laboral. "Los robots ahora son buenos, pero en cinco años serán mucho mejores, con mayor sensibilidad y capacidad para hacer tareas que pensábamos que eran exclusivas de seres humanos".

Ya tenemos máquinas que traducen del chino al esloveno en tiempo real, prototipos de automóviles que conducen sin chofer, robots en quirófanos y hasta un robot con nombre de dios prehispánico -Tláloc- capaz de entrar en el corazón de las pirámides de Teotihuacán para develar secretos enterrados. Una revista en Estados Unidos usa algoritmos para redactar notas de reportes financieros. No hay forma de distinguir entre la computadora y un periodista.

Un robot manufacturero de menos de 300,000 pesos podría ser comprado por empresas pequeñas o medianas en casi cualquier parte del mundo. Dicho de otra manera, no sólo están en riesgo los empleos en Estados Unidos y los países desarrollados, sino los de cualquier parte del mundo. Sustituyen tareas rutinarias. McAfee pronostica que en una década harán el trabajo de un chofer. Eso son 4.5 millones de empleos en Estados Unidos y más del millón en México.

En nuestro país la gente cree en los milagros, las casas embrujadas y la selección mexicana, pero le cuesta creer en la inteligencia artificial. Cuando pregunté a un taxista sobre los vuelos de aviones no tripulados, me dijo: "Yo creo que no existen, son cuentos que inventan para distraernos".

Desde el tablero del taxi, la Virgen de Guadalupe me daba la bendición y la Santa Muerte me miraba con su guadaña en posición de ataque. No seguí la conversación con ese hombre tan creyente y tan escéptico. Los nietos de R2D2 -Arturito, de Star Wars- son reales, aunque no ofrezcan tranquilidad espiritual o no puedan jugar futbol como Cristiano Ronaldo o el Kikín Fonseca.

En México concluimos una reforma laboral que debió hacerse hace 30 años. No es un instrumento para competir en el siglo XXI, sino para ajustar cuentas pendientes desde mediados del siglo pasado. La discusión en el Congreso fue sobre líderes sindicales, economía informal, productividad y competitividad. No se mencionó la palabra "robot" en la tribuna y el concepto de trabajo robótico tampoco está plasmado en el documento. Asumimos que eso pertenece a las películas de Steven Spielberg.

¿Para qué añadir complejidad a un momento que nos plantea tantos retos? Por el momento, concentrémonos en atender la informalidad y en meter en cintura a los líderes sindicales. Los robots son asunto de otros. Un pretexto para distraernos.

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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