Hago lo que quiero

Algunos empresarios priorizan sus sueños antes que un gran salario. Su estado anímico ayuda a sus empleados a ser más productivos. Cuatro directivos cuentan sus historias.
Carlos Tomasini

Para bañar a sus hijas, durante dos años, Erik Wallsten tuvo que escaparse de su trabajo, al final de la jornada. Era vicepresidente de la oficina de México de La Salle Investment Management, un fondo de inversión global y no tenía tiempo para su familia. En 2010, dejó ese puesto y reunió su experiencia en el mundo financiero y su pasión por el medio ambiente para crear Adobe Capital, un fondo de inversión sustentable. "El asunto se volvió prioritario cuando me pregunté qué mundo iban a heredar mis hijas", dice.

Los mexicanos opinan que es más importante la salud y los seres queridos que el sueldo. Así lo indica la organización civil Imagina México, en el primer Ranking de la Felicidad realizado en el país. Y si tienen que definir la felicidad en una palabra: 25% dice familia; 16%, amor; 7%, alegría y 6%, salud.

Contar con directivos que estén felices con su empleo ayuda a generar una mejor cultura organizacional y permite que los empleados tengan más calidad de vida, dice Óscar Gómez, director ejecutivo de Imagina México. "Y sólo se podrá lograr si ellos están contentos con lo que hacen", añade.

Alrededor de cuatro millones de mexicanos han padecido depresión en su vida laboral, según la organización de salud mental Voz Pro Salud Mental. La educación actual prepara a las personas para ser buenos empleados y, a veces, tardan mucho en reconocer qué es lo que más le gusta hacer, afirma Rodrigo Calderón, coach de negocios certificado por ActionCOACH, franquicia de coaching empresarial dedicada a pymes.

Gómez recomienda hacerse las mismas preguntas que él se hizo cuando abandonó, por un mal hepático por estrés, su puesto como jefe de la oficina del secretario general del Estado de Puebla: "Con el dinero y el éxito que he tenido, ¿voy a comprar el tiempo que he dejado de compartir con mi esposa o con mis hijos y me va a servir para comprarme un hígado nuevo?".

CLAUDIA DE HEREDIA
Dejó un corporativo de consumo por emprender.
Al salir del mundo corporativo, sus ingresos se redujeron casi 80%. Aún hoy gana 50% menos.
“Me cambió la vida, nunca pensé que un trabajo me podría gustar”.
A los cinco años, su padre le regaló una computadora y con ella aprendió matemáticas e inglés. Apasionada de los gadgets, nunca soñó con vender jabones en un corporativo. Pero fue cinco años gerente de marca en P&G, distribuidora de productos de consumo, como Crest y Metamucil. En 2009, una afección en un pulmón, causada por un extenuante ritmo de trabajo, le obligó a estar en reposo tres semanas. Tras eso, renunció a su empleo y empezó a experimentar algo inusual para ella: vivir sin jefes. Pero también sin prestaciones. En 2012, convirtió los gadgets en su trabajo y con su esposo y otra socia creó Kichink!, un servicio de comercio electrónico.


FRANCISCO VIZCAYA
Dejó la banca por dar créditos educativos.
Su salario de hoy equivale a 40% de lo que ganaba en la banca.
“La felicidad es lo que viene después de haber hecho las cosas que tenías que hacer”.
Siempre pensó que la carencia de educación en México causa todas las diferencias sociales del país. Después de 25 años como director ejecutivo de Banca Institucional de Banco Santander y muchas reuniones con rectores universitarios explicándoles la saturación de las universidades públicas, decidió atender este problema. En 2006, creó una empresa en la que otorga créditos educativos para estudian- tes de nivel superior. “A los jóvenes que apoyo, los llamo ‘mis muchachos’. Es muy satisfactorio cuando te dicen, por mail, carta o video: ‘Gracias a ustedes pude terminar una carrera profesional’”.


ERIK WALLSTEN
Dejó un fondo de inversión por crear el suyo.
Al dejar su cargo anterior, sus ingresos disminuyeron 90%. Hoy gana 30% menos.
“Hoy me siento mucho más feliz porque soy 100% dueño de mi tiempo”.
Cada aniversario de bodas, él y su esposa, en lugar de regalos, daban una donación a ONG ecológicas, como Greenpeace o WWF. Pero, en 2009, se dio cuenta de que las empresas ambientalistas necesitaban apoyos mayores. En 2010, dejó su puesto como vicepresidente de la oficina de México de La Salle Investment Management, en el que llevaba tres años. Rechazó ofertas de empleo en el sector financiero durante los dos años que tardó en crear su nuevo negocio. Eligió vivir de sus ahorros y del sueldo de su esposa mientras creaba el que hoy es el primer fondo de inversión sustentable en México.


RODRIGO HERNÁNDEZ
Dejó la mercadotecnia por montar una productora.
Tras dejar Cuervo, su sueldo cayó 50%. Ahora gana un 40% más que en el corporativo.
“Mi mayor felicidad es que dejé de ser Rodrigo el de Cuervo para ser Rodrigo Hernández”.
Era un rockstar creativo que organizaba concursos de bandas como gerente de Mercadotecnia del tequila Cuervo Especial. Tan bueno que fue ascendido y le asignaron Smirnoff (cuando formaba parte de Cuervo), la marca que más vende, con 26.3 millones de cajas de nueve litros en 2012. Ese ascenso hizo que su trabajo se volviese más formal. Y ése, dice, no es su perfil. En 2010, creó con el director de cine Olallo Rubio la productora Kung Fu Klan, con la que lanzaron Gimme The Power. “Me gusta trabajar en proyectos que impactan”, dice el que aún recuerda el impacto que le provocó el video Bad, de Michael Jackson, en 1986.
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Fotos: Carlos Aranda

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