Cuando ellas se equivocan, es diferente

Las mujeres cometen 4 tipos de errores y los enfrentan distinto que los hombres, dice Jessica Bacal; en su libro, 25 mujeres narran cómo se equivocaron, se deprimieron y se levantaron con una lección.
SAT Errores  (Foto: Thinkstock)
Janet Grynberg

Los baches del éxito

Tener influencia en sus sectores no libró a estas mujeres de cometer errores.

No hacerte cargo de tu destino
“Incluso si tienes una idea de lo que vas a hacer en la vida, tener una carrera no significa que te dediques a hacer las mismas cosas toda tu vida”. Kim Gordon, artista visual y ex integrante de Sonic Youth.
La dificultad de decir “no”
“Mi mayor error fue tratar a un niño en situación vulnerable como una víctima y excusarlo de todos sus errores”. Luma Mufleh, coach y fundadora y de Fugees Family.
Hacer las preguntas incorrectas
“A veces, fracasar es la única manera de avanzar. Puedes leer muchos libros, pero la clave es aprender con experiencias”. Selena Rezvani, consultora de liderazgo.   

Según Jessica Bacal, editora del libro Mistakes I Made at Work (‘Errores que cometí en el trabajo'), está demostrado que las mujeres se equivocan y enfrentan la adversidad de manera distinta a los hombres.

Como Bacal, otros autores han abordado el tema de los errores, pero nunca desde la perspectiva femenina de la autora.

Ella cuenta que durante años asistió a múltiples foros y cursos en los que muchas mujeres exitosas repetían, una y otra vez, que los errores sirven para aprender y que nadie es perfecto. Sin embargo, cada vez que escuchaba esa frase, pensaba en la presión que tienen las mujeres, desde niñas, de ser perfectas.

En el mundo, sólo 5% de las empresas más grandes son lideradas por mujeres; de éstas, 38% son despedidas, según el último estudio de la consultora Strategy&, antes Booz & Company.

Lo cierto es que las mujeres sienten más presión que los hombres por ser perfectas, de acuerdo con un estudio de la psicóloga Carol Dweck, en 2007. La investigación también muestra que entre más alto es el coeficiente intelectual de una mujer, es más difícil que supere el fracaso.

En el libro The Up Side of Down (‘El lado opuesto de caer’), publicado en febrero de 2014, la periodista Megan McArdle considera que los errores son vehículos para el éxito, pues una vez que los reconoces, te llevarán al buen camino.

Siete años antes, el coach de liderazgo John C. Maxwell escribió Failing Forward (‘Fallar para avanzar’), un libro cuya lección principal es dejar de percibir el error como algo negativo.

Los tres autores coinciden en lo buenos que son los errores para crecer, pero Bacal también centra su atención en el dolor y la vergüenza que causan. Además, hace que las protagonistas cuenten, en primera persona, sus batallas con los errores.

Así, 25 mujeres de diferentes sectores, dentro y fuera de los negocios, narran sus historias de fracasos y las lecciones que éstos les dejaron.

La editora divide en cuatro vertientes los errores de las mujeres: elegir el destino y cambiarlo, aprender a preguntar, aprender a decir “no” y lidiar con la adversidad.


Los miedos de las mujeres

Rachel Simmons, una coach de liderazgo especializada en mujeres, era la alumna perfecta: tenía las mejores calificaciones de la carrera de leyes y por eso le llovían becas y reconocimientos.

No había nada que no pudiera lograr. Hasta que un día, sentada en la Universidad de Oxford, se dio cuenta de que llevaba años haciendo algo que no le gustaba.

Simmons le dio la espalda a una carrera perfecta en derecho para buscar su misión. Su error fue haber pensado que el éxito es acumular becas y reconocimientos, y decidió dedicarse a ayudar a mujeres jóvenes a buscar su verdadera vocación.

Hoy, Simmons le enseña a las mujeres que el éxito está en tomar las riendas. “No tengas miedo de renunciar. ¿A quién le importa lo que otros piensen? Tú estás viviendo tu vida, no ellos”, dice la coach.

Las mujeres tienen miedo a preguntar, pues consideran que hacerlo indica ignorancia, explica el libro. Entre las entrevistadas por Bacal hay doctoras, abogadas, economistas y periodistas, entre otras. Todas tienen en común haber enfrentado una duda que les dio miedo resolver.

Carla Harris soñaba con trabajar en Wall Street. Era la mejor de su clase en la Escuela de Negocios de Harvard. Cuando se graduó, su primer trabajo fue en el área de fusiones y adquisiciones de la firma financiera Morgan Stanley, donde en una semana hizo que la firma perdiera mucho dinero por no saber manejar una transacción.

Ella sabía que tenía que preguntar cómo hacerlo, pero no quería parecer poco preparada. Su decisión de actuar a ciegas fue un error del que la compañía tardó en recuperarse.

Harris aprendió que es mejor preguntar. “Nadie tiene por qué esperar que lo sepas todo”, dice la corredora. “Si preguntas, aprendes, al mismo tiempo que evitas riesgos innecesarios”.


El toro por los cuernos

Anna Holmes, fundadora del blog Jezebel, era incapaz de decirle “no” a sus millones de lectoras.

Después de haber trabajado para revistas de moda, como InStyle y Glamour, Holmes decidió abrir un espacio para hablar de temas de interés para mujeres sin la frivolidad y la superficialidad que, ella consideraba, tenían otras publicaciones femeninas.

Holmes estaba feliz de escribir sobre temas de su interés. Sin embargo, pasaba días sin dormir por satisfacer las peticiones de todas sus lectoras. Por decir “sí” a todos, le dijo “no” a sus propias necesidades y dejó que el trabajo se adueñara de su libertad. Afortunadamente, se dio cuenta a tiempo y vendió Jezebel.

La experiencia le hizo entender que todas las mujeres pueden aprender a decir “no” y a poner en primer plano sus necesidades.

La sociedad espera que las mujeres sean amables y los hombres, agresivos, según Daniel Goleman, creador de la teoría de la inteligencia emocional. Decir “no” intimida. Por eso las mujeres prefieren no hacerlo. Y ése, según Bacal, es uno de sus errores más frecuentes.

Las historias de la última sección del libro explican que, aunque parezca, los errores no son fatales. Incluso las mujeres más exitosas colapsaron ante las dificultades.

Reshma Saujani, una abogada egresada de Yale, se permitió seis semanas de depresión después de perder la elección preliminar para la Cámara de Representantes en Nueva York, en 2010. Pero después se levantó y siguió adelante.

Dos años después, Saujani creó Girls Who Code, una organización sin fines de lucro que busca empoderar a las mujeres en temas de educación y tecnología.

Otra que lidió con la frustración e hizo catarsis es Judith Warner, que escribía la columna ‘Domestic Disturbances’ en The New York Times.

Trabajar para ese periódico era un sueño hecho realidad para Warner. Pero cuatro años después, su columna fue cancelada y la depresión la venció.

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Ni ella sabe cuánto tiempo pasó lamentándose, sólo recuerda el día en que su hija adolescente la obligó a levantarse. Lo hizo y continuó escribiendo.

Las 25 mujeres que comparten su historia en el libro están de acuerdo: intentar ser perfectas no sirve. Lo mejor es admitir la imperfección, aprender a decir “no” y levantarse de la adversidad.

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