El empresario que impone su ley en el norte de México

Con 230 tiendas en la región, Juan Manuel Ley tiene la quinta cadena de supermercados del país; desde hace 30 años opera con su socio Safeway, que cuenta con 1,600 sucursales en Canadá y EU.
Juan Manuel Ley  (Foto: Cortesía Grupo Ley)
Andrés Villarreal y Javier Valdez Cárdenas
CULIACÁN (CNNExpansión) -

Tal vez muchos desconozcan su nombre completo en Sinaloa, pero su apodo no: todos saben quién es “el Chino Ley”. Juan Manuel Ley López es dueño de Casa Ley, la quinta cadena de autoservicios del país y la principal del noroeste. La empresa está en 10 estados y tiene ventas estimadas en 2.5 millones de dólares.

Ley ocupa el lugar 29 del ranking 2014 de Los 100 Empresarios más Importantes de México de la revista Expansión, cuya suscripción está disponible en el Kiosco Digital.

Los clientes de Ley López lo tratan con esa familiaridad que permite tutearlo. Pero no así los proveedores, trabajadores y colegas empresarios, que no sobrepasan la línea de “Don”. Lo mismo pasa en la política, donde Ley está en contacto directo con gobernadores y alcaldes donde tiene presencia.

El retail no es su única industria. También tiene negocios de plazas comerciales y bienes raíces, siembra de hortalizas y granos, engorda de ganado y entretenimiento, publica la revista en su edición del 10 de octubre del 2014.

Ley López nació en Tayoltita, Durango, hace 81 años. Es uno de los empresarios más influyentes de Sinaloa y la región. Nunca ha participado en organismos gremiales ni ha tenido puestos gubernamentales que le den exposición nacional, pero en el norte es una figura poderosa y no está libre de conflictos, como el que rodea su proyecto -frenado por ahora- de un nuevo estadio de beisbol.

Su padre: un polizonte chino

La historia empezó hace 60 años. Los Ley López, una familia de nueve hijos, llegó a Culiacán en 1954 a emprender un negocio: una abarrotería a la que llamó Casa Ley. Juan Lee Fong, el padre de Juan Manuel, había llegado de China en 1911 al puerto de Mazatlán, como polizonte. Mientras aprendía español adoptó el nombre de Juan y convirtió el Lee en Ley.

En los 30, Ley Fong vendía carbón de puerta en puerta, y se movió por la región hasta llegar a Tayoltita, donde formó su familia.

En 1954, emigró a Culiacán y allí instaló una tienda, donde trabajaba con todos sus hijos.

María del Rosario Cárdenas, ex empleada de Ley Fong, cuenta que trabajaba jornadas de 12 horas y ganaba 6 pesos diarios. Diez personas operaban la tienda que vendía frijol, maíz, azúcar, arroz, frutas, verduras, sal y sopas. Ley Fong y sus hijos empezaban a trabajar todos los días desde las cuatro de la mañana.

“‘El Chino’ era el brazo derecho de su padre. Acarreaba semilla y productos del campo y los llevaba a la abarrotería”, recuerda Cárdenas. “Tenía más responsabilidades que sus hermanos, porque era el mayor. Ni él ni el padre eran abusivos ni groseros”.

El Chino asume la dirección

El patriarca Ley Fong murió el 26 de marzo de 1969. Juan Manuel se puso a la cabeza del negocio que ya tenía sucursales en varias ciudades de Sinaloa. Aquel Culiacán, donde el comercio era de tiendas y se hacía en el centro, cambió. Llegaron los supermercados.

Juan Manuel ya era “el Chino”. Los clientes lo llamaban así por su origen y sus facciones. El apodo se le quedó.
El nuevo modelo de negocios que inició ya no tenía que ver con los abarrotes, ni con el “toque personal en el servicio”, como decía Ley Fong, sino con un esquema de supermercados. El “Chino Ley” apenas tenía 36 años cuando abrió el primero.

El empresario conocía, por su padre, a proveedores y empleados, y procesos administrativos y de logística, como el transporte de perecederos. Esto le abrió camino a la marca.

“Cuando llegué a Culiacán en 1974, Casa Ley estaba consolidada. (Juan Manuel) la transformó, la hizo más estructurada y organizada. Hubo mucha disciplina en la familia, es una herencia cultural y eso facilitó”, comenta Lauro Meléndrez Parra, presidente de la Cámara de Comercio de Culiacán. “Es un hombre que se admira, se respeta. Ha dejado mucho a los sinaloenses”.

Visión del retail

También supo hacer alianzas. México estaba lejos de la apertura comercial, con las fronteras cerradas, cuando Ley, una década después de abrir su primer supermercado, hizo química con Safeway, una cadena que tiene más de 1,6oo tiendas en Canadá y el oeste y centro de Estados Unidos.

La historia más difundida cuenta que “el Chino” conoció a Peter Magowan, dueño de Safeway, en el avión en un viaje a California en 1981. El también dueño de los Gigantes de San Francisco y el propietario de Los Tomateros de Culiacán hicieron amistad al grado de que Magowan compró 49% de Casa Ley.

La sociedad entre Casa Ley y Safeway aún se mantiene y los fondos que la estadounidense inyectó en aquel momento sirvieron para la expansión de la cadena mexicana. (Ley no respondió a un pedido de entrevista al cierre de su edición Expansión.)

Ley ya tenía presencia en entidades como Nayarit, Sonora, Durango, Coahuila, Colima y Sinaloa. Pero con la llegada de la cadena Walmart, que llegó a Culiacán a principios de los 90, se vio obligado a ajustar su estrategia y replantear sus planes de expansión.

Con Walmart al acecho, Casa Ley eliminó su presencia en algunos estados, como Chihuahua. Redujo el número de trabajadores en las tiendas de 22,000 a 18,000. Creó cinco diferentes formatos (Ley, Ley Express, Super Ley, Ley Mayoreo y Super Ley Express), según el tamaño de la comunidad donde los ubica.

El empresario se reacomodó, hizo alianzas con proveedores, compró terrenos, rentó espacios y creció. Hoy tiene más de 230 tiendas, según la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD).

Un estudio de la consultora de retail ILACAD World Retail reveló que Casa Ley vendió 2.5 mdd en 2012, 18.2% más que el año anterior, lo que la colocaba como la quinta cadena más importante en el ranking de tiendas de autoservicio.

Pero Ley aún tiene un pendiente: la construcción del estadio de beisbol, dice Meléndrez.

Herencia y disciplina

Ley encabeza casi todas sus reuniones. Empresarios y directivos que se sientan con él detallan su fuerte carácter y determinación.

Gustavo Alfaro Rojo fue proveedor suyo. El ex dueño de la empresa La Casa de la Limpieza introdujo un producto llamado Sarroquín en el mercado local y, como quería que se distribuyera en otras regiones del estado y del país, buscó a Ley.

“Fue un trato directo. Exigente con la presentación del producto, pero en apoyo al mercado local”, dice el también ex presidente de Canacintra en Culiacán. “Para los empresarios locales, Casa Ley fue un soporte comercial y en eso, hay que decirlo, ‘el Chino Ley’ fue pionero porque tuvo disponibilidad para apoyar a los pequeños industriales”.

Cuando Alfaro estuvo al frente del organismo, dice, Juan Manuel Ley fue uno de los empresarios que más apoyó el programa Hecho en Sinaloa. Muchos industriales empezaron con él y cuando llegó Walmart renunciaron a ser sus proveedores. Luego volvieron “porque con ellos uno trata con una computadora, con Ley se trata directamente”, explica.

Alfaro Rojo asegura que el empresario tenía fama de tardar en el pago a proveedores y de “tronar” a micro y pequeñas empresas por la falta de un sistema tecnológico que saldara rápido las cuentas. “Eso es cosa del pasado”, dice. “Ahora hay más eficiencia, orden y rapidez”.

Tomatero de corazón... en litigio

Juan Manuel Ley compartió con su padre el gusto de ser comerciante y del beisbol. El dueño de Los Tomateros -y Los Saraperos de Saltillo, que vendió hace un par de años- explotó las ventajas comerciales de este deporte.

En tiempos de Ley Fong, el beisbol era el deporte de más arraigo en la región, pero no era negocio.
“El Chino” incursionó en la venta de espacios a proveedores, la instalación de logos en bardas y uniformes, la venta de peloteros, de derechos de transmisión, pero, sobre todo, lo que significa ser promotor del deporte que en el noroeste es tan importante como el futbol en el centro.

Pero reconstruir el estadio de Los Tomateros tiene a Ley en un litigio y escándalo público. El empresario tenía la concesión del “Ángel Flores”, una antigua construcción que siempre fue casa de su equipo, pero propiedad del municipio.

Ley armó un proyecto para construir uno nuevo, que lleve el nombre de su padre. El plan incluye demoler el inmueble actual e invertir, vía un fideicomiso, 300 millones de pesos. Ley aportará 75 millones y el resto serán recursos públicos. Él será el operador del estadio.

El grupo Ciudadanos en Defensa del Patrimonio lo retó. Protestó contra la demolición del espacio público. Los manifestantes pasaron de plantones a interponer un amparo y evitaron la demolición.

El empresario recibió el respaldo del gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, que justo al conocerse el amparo dijo: “Aunque un servidor pierda el puesto de gobernador, tendremos estadio”.

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Todos tendrán que esperar, pues el amparo impidió avanzar. Y la temporada invernal de beisbol ya está cerca.

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