6 ejemplos de cómo los japoneses mueven a Guanajuato

Las empresas niponas han invertido 1,900 millones de dólares en el estado y han traído gente; sin embargo, las compañías orientales también han generado 14,300 empleos directos en el bajío.
japoneses resulta  (Foto: Carlos Aranda)
Hanako Taniguchi
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Las inversiones japonesas en el Bajío han traído consigo un aumento de empresas y población nipona; en 2014 eran ya más de de 2,000 japoneses en la región, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Migración. Expansión se dio a la tarea de buscar los rostros e historias más representativas de estos migrantes en México.

1. Tsuchiharu Yamazaki, chef de Mikasa Celaya

Alrededor de la una de la tarde, este pequeño local en la esquina de un centro comercial de Celaya se llena de japoneses que comen solos o en grupo. Los 34 lugares disponibles son ocupados por comensales silenciosos y, a diferencia de los restaurantes vecinos, el murmullo de las charlas es casi imperceptible.

Detrás de la barra de sushi está Tsuchiharu Yamazaki, un chef que llegó a México en marzo de 2013. Dejó la comida francesa que preparaba en restaurantes de Tokio para cocinar platillos como chirashi zushi, curry rice, tamagoyaki, miso shiru y otros platillos típicos que los trabajadores de la planta de Honda y sus proveedores echan de menos cada cierto tiempo.

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Mikasa es una cadena que comenzó vendiendo ingredientes de comida japonesa en 1981 en la Ciudad de México. Su llegada a Guanajuato está relacionada con el aumento de la población japonesa en el estado.

Mikasa comienza a servir la comida a las 12:00, temprano para las costumbre s mexicanas. (Foto: Carlos Aranda)

En los estantes que rodean las mesas hay revistas e historietas en japonés, además de botellas de destilados de camote o trigo con el nombre de los clientes frecuentes que no alcanzaron a terminárselas en sus últimas visitas.

“Ocho de cada 10 comensales son japoneses”, dice Yamazaki. El chef, alto, con poco cabello blanco y algo pasado de peso, cuenta tímidamente que nunca se casó y que eso le facilitó tomar la decisión de dejar su trabajo en Japón y venir a México.

“Yo no hacía comida japonesa, pero está bien, los cambios son buenos”, explica. Yamazaki habla poco español, pero la amistad con otros chefs japoneses de la zona le ha ayudado a sentirse cada vez más adaptado a su nueva vida.

2. Mitsuko Tsuchida, fundadora del Instituto Tonali y profesora de español

De una pequeña casa sobre una esquina de la avenida Juárez del centro de Guanajuato entran y salen japoneses a distintas horas del día. Algunos son hombres que visten chaquetas con logos de las empresas en las que trabajan. Otros son jóvenes que llegan con sus mochilas mientras miran distraídamente a los turistas.
En el primer y segundo piso de esa casa está el Instituto Tonali, una escuela de idiomas que fundó Mitsuko Tsuchida hace 20 años.

Hasta hace un par de años recibía principalmente a japoneses que llegaban a México para aprender un poco de español y después seguir viajando por América Latina. Pero hoy tiene más estudiantes de empresas niponas establecidas en Silao, León, Celaya o Irapuato que tienen el mandato de aprender el idioma para poder capacitar y liderar a empleados mexicanos.

Tsuchida llegó a Guanajuato como turista en 1991. La mujer originaria de la prefectura de Niigata –en el norte de Japón– se casó con un mexicano y decidió abrir una escuela de idiomas. “Siempre hemos atendido a empresas, pero ahora ha aumentado la demanda”, dice.

Mitsuko Tsuchida da clases de japonés en su Instituto Tonali, pero también visita las empresas para dar clases en las plantas. (Foto: Carlos Aranda)

Como parte de su trabajo también visita plantas en el estado y da clases de español en las instalaciones de algunas autopartistas.

Tsuchida cree que el boom de los japoneses en el Bajío durará máximo unos tres años más. Una vez capacitados los empleados mexicanos, muchos japoneses volverán al archipiélago. “Es peligroso basar la economía en negocios que serán temporales”, dice la profesora.

3. Midori Kato, profesora de japonés en la Universidad de Guanajuato

A sus sesenta y tantos años, las calles de esta ciudad colonial son un reto para Midori Kato, profesora de japonés de la Universidad de Guanajuato.

Cargada de libros, diccionarios y hojas de ejercicios, recorre a pie las avenidas empinadas y empedradas y llega con el aliento entrecortado a su cubículo detrás del edificio principal de la universidad.

En los 25 años que lleva como profesora de japonés, nunca había tenido tantos alumnos interesados en estudiar el idioma y la carga de trabajo ha aumentado como consecuencia.

La matrícula de los estudiantes de japonés se duplicó en los últimos dos años hasta alcanzar los 207 entre las sedes de Guanajuato y Silao.

“Y eso que hemos puesto un límite al tamaño de los grupos”, dice la mujer originaria de la prefectura de Ibaraki, en el centro de Japón.

Kato sensei llegó a México tras casarse con un mexicano hace 40 años. Su marido, quien estudió en la facultad de artes de la universidad donde hoy trabaja ella, visitó la ciudad de Kasama, famosa por su cerámica de acabado brilloso. Ahí se conocieron.

Ahora los estudiantes se toman más en serio el aprendizaje del japonés, dice Kato. (Foto: Carlos Aranda)

Los sábados, Kato sensei es también directora de una escuela suplementaria en Irapuato para hijos de empresarios japoneses. En las instalaciones del colegio Alexander Bain, nueve japoneses radicados en México desde hace varios años viajan desde diferentes ciudades del Bajío para dar clases de japonés y matemáticas a casi 80 alumnos de diferentes niveles de primaria y secundaria.

En un par de años, Kato sensei se jubilará como profesora. Sueña con cultivar vegetales y raíces japonesas en México en un huerto que le ofreció uno de sus alumnos.

4. Keishi Egawa, CEO y presidente de Mazda México

Cuando el presidente y CEO de Mazda México, Keishi Egawa, necesita un taxi, marca un número y le responde en japonés una operadora que le ayuda a pedir el auto. Al estar en Salamanca y hablar poco español, servicios como éstos lo hacen depender un poco menos de los traductores.

“Es gratis y el servicio lo provee el gobierno municipal”, explica. No es la primera vez que Egawa trabaja en el extranjero, lejos de su ciudad de origen, Hiroshima, que también es la cuna de Mazda. Vivió siete años y medio en Michigan, donde la armadora tenía una planta, y otros tres en Los Ángeles.

Alrededor de la fábrica de autos hay terrenos sembrados con maíz y en algunos descansan borregos y vacas. Algunos dueños de esos campos son hoy empleados de la planta automotriz.

“Es gente que ayer estaba cuidando animales o cultivando granos y hoy está en la línea de ensamblaje”, dice. “Pero tenemos casos de personas que después de dos meses se dan cuenta de que hacer autos no es para ellos”. Entre 3 y 4% de los nuevos empleados dejan la planta cada mes. Un número demasiado alto para Egawa.

En la planta de Mazda en Salamanca, dirigida por Keishi Egawa, trabajan más de 5,000 empleados. Unos 350 son japoneses. (Foto: Carlos Aranda)

En los últimos meses, comenzaron a surgir hoteles, restaurantes y centros comerciales en las cercanías de la planta.  Además de los restaurantes japoneses, algunos negocios de comida local ofrecen menús en japonés.
Para que los empleados mexicanos entiendan mejor la cultura japonesa y la de la empresa, Mazda ha enviado a 180 a capacitarse entre seis meses y un año a Hiroshima.

Más allá de las diferencias culturales, a Egawa le preocupa la inseguridad. Tras negociar con el municipio, el gobierno local instaló 10,000 cámaras en la zona.

5. Tsuyoshi Fukaseko, director de reenforzamiento de negocio OSG Royco

Tsuyoshi Fukaseko, a quien sus amigos llaman “Tom”, de cariño, duda un poco antes de comenzar a contar sus impresiones sobre México.

Es la primera vez que trabaja fuera de Japón y confiesa que hay muchos aspectos de la cultura mexicana que sigue asimilando como parte de su nueva vida en León, Guanajuato.

Fukaseko llegó a México en junio de 2014 con el fin de impulsar el crecimiento de OSG Royco en el país. La empresa fabrica herramientas como machuelos para la industria automotriz y lleva 50 años en México. A finales de 2015 inaugurará su segunda planta en León. La primera está en Toluca.

Tsuhoshi Fukaseko es originario de la prefectura de Aichi, en el oeste de Japón. Lleva más de 20 años trabajando en la empresa OSG Royco. (Foto: Carlos Aranda).

“En esta área están llegando importantes armadoras y sus proveedores y lo vemos como una oportunidad”, explica. Por eso la empresa decidió enviarlo desde Japón.

Fukaseko vino solo a México y toma clases de español para que pueda comunicarse con sus subalternos y operarios de la planta. Mientras lo domina, agradece que cada vez más restaurantes ofrezcan menús en japonés.

6. Tsuneo Watanabe, presidente de TopyMW México; Takeshi Hirai, gerente administrativo; Tsuyoshi Onozuka, gerente de Recursos Humanos

 

Por fuera, la planta de Topy MW México pareciera estar funcionando normalmente. El estacionamiento al aire libre está lleno de autos y en sus jardines hay varios grupos de trabajadores vestidos con su uniforme azul marino que almuerzan en la sombra.

Sin embargo, todavía quedan un par de meses para que las máquinas comiencen a fabricar rines de acero y aluminio.

La empresa con sede en Tokio decidió establecer su segunda planta fuera de Japón para aprovechar la presencia de armadoras de todo el mundo en la región del Bajío. La primera planta, inaugurada en 1999, está en Kentucky, Estados Unidos.

“El crecimiento de la industria automotriz en México es significativo y, además, las armadoras comenzaron a abrir plantas en esta zona cercana a Guanajuato”, dice Takeshi Hirai, gerente administrativo de Topy MW México. “Está Nissan y últimamente han inaugurado plantas Mazda y Honda.”

Takeshi Hirai, Tsueno Watanabe y Tsuyoshi Onozuka (der. a izq.). La empresa Topy MW vende rines de Nissan y Fiat, pero busca abordar a más armadoras establecidas en México. (Foto: Carlos Aranda)

El presidente de la empresa en México, Tsuneo Watanabe, duda antes de señalar algunas desventajas de establecerse en territorio mexicano.

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“Para nosotros, el tiempo es importante. En Japón, los trenes llegan puntuales y si hay un acuerdo para concluir los procesos en un periodo de tiempo las empresas cumplen con eso”, dice. “Aquí en México nos dicen que mañana nos enviarán algo, pero cuando llega el día nos dicen que hay que esperar un día más”.

A pesar de esto, confía en que las empresas mexicanas cambiarán su cultura laboral para poder ser competitivos a nivel internacional. Pero no todo es malo. Hirai y Watanabe dicen haber sustituido con gusto el arroz por las tortillas.

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