Cómo crear el próximo Facebook

Un investigador ofrece un modelo para diseñar productos que generen hábitos difíciles de erradicar; para enganchar a las personas se les debe ofrecer algo que “actúe como vitamina y como analgésico”.
smartphone  (Foto: Reuters)
Ignacio de la Cierva García
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

¿Cómo crear un producto o servicio que hace lo que Facebook, Whatsapp o Tinder que han atrapado a millones de personas en poco tiempo? El investigador de Stanford, Nir Eyal, parece dar la respuesta con su Modelo de Enganche para diseñar productos que construyan hábitos difíciles de erradicar. 

El modelo es un proceso de cuatro pasos que Eyal detalla en su libro 'Hooked', donde explica qué necesitaría el interesado en crear el próximo Facebook, y cuya reseña es publicada por la revista Expansión del 10 de abril de 2015.

¿Esto quiere decir que cualquiera que siga las instrucciones de Eyal puede ponerse al tú por tú con empresas como YouTube y Twitter? No tanto.

“Los hábitos adquiridos a edades tempranas son los más arraigados y los más difíciles de cambiar”, dice el autor, quien también es profesor en el Instituto de Diseño Hasso Plattner, de la misma universidad de Stanford.

Hay que pensar en cómo las personas llaman a los pañuelos desechables, al ungüento para los labios o al acto de buscar información en internet. La respuesta parece obvia: Kleenex, vaselina y ‘googlear’.

Quizá por eso Bing, de Microsoft, no ha logrado quitarle el trono a Google. Aunque Facebook sí logró sacar de la jugada a MySpace y a Hi5.

Lee: Cómo usar Instagram y otras redes para atrapar clientes

Una solución en dosis diarias

La mayoría de los ejemplos de 'Hooked' se centran en el mundo de las apps. Sin embargo, las enseñanzas de Eyal son útiles para cual quier startup que ofrezca productos o servicios de consumo diario, publica la revista cuya suscripción está disponible en el Kiosco Digital de Grupo Expansión.

Dicho en palabras de Eyal, lo que se necesita para enganchar a las personas es ofrecer algo que “actúe como vitamina y como analgésico”.

Es decir, debe solucionar un problema no resuelto y, al mismo tiempo, matar el dolor que ocasiona no consumir la dosis diaria.

Una compañía que cumple esta premisa es Instagram, la famosa aplicación para editar fotografías. Esta app capta nuevos usuarios a través de la recomendación de amigos.

Justo como las vitaminas. Hoy, es difícil no tomarle foto a un platillo que parezca apetitoso o tomarse una selfie que muestre el mejor ángulo y cubra imperfecciones. En definitiva, más que un editor de imágenes, se ha convertido en una red social.

La app de dios

Un hombre estaba a punto de entrar a un table dance cuando, de pronto, recibió una notificación de YouVersion, una app que permite leer, escuchar y compartir versículos de la Biblia desde la computadora y el celular.

“Pensó que era una señal de Dios y decidió no entrar”, asegura  Bobby Gruenewald, fundador de YouVersion.  

Eyal dedica un capítulo para mostrar el poder de persuasión que una empresa puede tener con ayuda de las nuevas tecnologías. “YouVersion no se diseñó para seminaristas (…) sino para ser utilizada por todos a todas horas”, explica Gruenewald, en una entrevista con el autor.

Otro acierto, según Eyal, fue no ponerle el nombre ‘Bible’, pues hay otras 7,000 aplicaciones con el mismo nombre. Gruenewald logró más de 172,000,000 de descargas en un sector extremadamente competitivo.

Eyal concluye que hay una serie de experiencias que “enganchan”, y si logramos que el consumidor las viva, más atado estará.

El libro enumera una serie de trucos psicológicos -como la flexibilidad del precio o el efecto viral- con los que las compañías bombardean a los usuarios a diario para incitarlos a consumir de forma inconsciente.

¿Adicción?

Hooked también reflexiona sobre la delgada línea entre crear productos que generen hábitos y fomentar adicción en los usuarios.

Menciona el caso de Flappy Birds, que salió del mercado porque su dueño se dio cuenta de que provocaba adicción.

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Lo más útil, sobre todo para los desarrolladores de apps y emprendedores, es la lista de “deberes” que da Eyal para poner en práctica el Modelo de Enganche. Incluso, en el último capítulo, el autor ofrece un test para evaluar si un producto tiene las suficientes cualidades como para volverse imprescindible para las personas.

Probablemente, al terminar de leer la reseña, el lector entrará a Facebook, jugará un rato Candy Crush, hará un par de matches en Tinder, charlará con algunos prospectos y se irá a dormir.

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