A las empresas se les gobierna

La diferencia entre dirigir y gobernar un negocio es sutil.
Carlos Cosío

¿Cuál es la diferencia entre dirección y gobierno en una empresa familiar?, me preguntó Alicia Llovet, viuda de Nieto, quien fundara la empresa Uniformes Empresariales junto a su marido. Mi respuesta fue sencilla: “Tú gobiernas y Lucio, tu hijo, dirige”.

La diferencia entre dirección y gobierno es sutil pero profunda. Muchas empresas parecen confundir y no ejercer debidamente el rol de gobierno.

La capacidad de gobierno de cualquier entidad humana depende, en gran medida, de sus líderes.

Un líder que verdaderamente gobierna debe saber cuál es el rol que le corresponde, ya que cuando se sale de ese rol, se pierde e, incluso, se puede desubicar. Pasar la mayor parte del tiempo resolviendo los problemas que surgen no permite avanzar y crecer, sino que sólo mantiene el paso.

Las tres tareas del líder al gobernar son: el trabajo visionario, el trabajo sinérgico de sus colaboradores (compartir el poder y trabajar en equipo) y la retroalimentación del desempeño. Sin esas tareas, el crecimiento es dependiente y errático.

En México y en la mayoría de sus empresas, los líderes han olvidado sus tareas. El líder debe asegurarse de que su gente se identifique y se comprometa con un proyecto concreto en el futuro. Ése es su trabajo visionario, él es quien ha de crear en las mentes de su equipo una serie de escenarios creativos, atractivos y convincentes que los muevan a una acción definida. Con frecuencia se observan justificaciones que explican la situación económica de muchas empresas: la falta de una política industrial, las limitaciones de crédito, la falta de personal capacitado, la indiscriminada apertura comercial, la falta de competitividad, etcétera. No obstante, ya es hora de tener un proyecto viable de empresa, sin dilación y con verdadero sentido estratégico.

¿Cuál es la empresa que estamos construyendo?, ¿hacia dónde vamos a crecer?, ¿cuáles son las prioridades de este momento? Las respuestas permiten hacer propuestas y programas para dejar de ir a la deriva.

El maldito día a día
Resolver problemas sin ton ni son no es la solución para avanzar hacia el futuro y poder enfrentarlo y saber administrarlo. En muchas empresas mexicanas falta el trabajo visionario, contundente y realista. Es necesario establecer un compromiso con un plan de futuro que entusiasme y permita crecer, convertirse en una gran empresa.

Se requiere un líder para encontrar dónde están las mejores oportunidades para cada una de las partes; a fin de poder consensuar cuáles son los objetivos y prioridades, y qué caminos se deben tomar para llegar a la meta.

En el trabajo de orquestación hace falta liderar los esfuerzos de todos los miembros del equipo, facultar a los colaboradores para hacer más y mejor, descubrir y desarrollar sus talentos para aprovecharlos de manera óptima. Es fundamental promover el trabajo en equipo. Lamentablemente, en muchas de las firmas en México no lo hacemos y desaprovechamos su potencial.

El líder mexicano, más que potenciar el crecimiento y buscar la colaboración de su equipo, parece que concentra el trabajo y la decisión, acentuando su soledad y la falta de compromiso de la gente. Hace falta que quien dirige ayude a acondicionar la cancha en donde se cree riqueza, que faculte para ser eficaces y competitivos a nivel global.

En nuestro trabajo de retroalimentar necesitamos aprender a escuchar cada vez mejor, a medir con claridad y evaluar con justicia, y también a orientar a nuestros asociados para motivar su esfuerzo y mantener su empeño. La exigencia y la disciplina son hábitos de trabajo que buscan el alto rendimiento de la organización. Se faculta desde el rol de dueño y es éste quien mejor puede ejercerlo. No por nada reza el dicho: “Al ojo del amo engorda el caballo”.

Hace un año, mi socio y yo fuimos invitados por una empresa multinacional a trabajar en un país sudamericano. Uno de mis socios había trabajado para ellos hacía varios años. El director general, dentro de la conversación, le preguntó a mi socio qué le parecía un proyecto de reducción de líneas de producto, que redituaría varios millones de dólares en ahorros. Mi socio, un tanto extrañado, recordó que el mismo proyecto había sido propuesto por el equipo directivo de la empresa cuando él había trabajado para ellos y se cuestionó por qué no se había puesto en marcha desde entonces. De haberse llevado a cabo a partir de ese momento, ya se hubiera ahorrado una cantidad importante.

La respuesta está en la falta de ‘rol de dueño’ que aqueja a muchas empresas multinacionales, que se asocia con la fórmula de gobierno, que no se ejerce con firmeza.

Uniformes Empresariales es una compañía familiar. Don Lucio murió hace seis años y su hijo llegó a la empresa después de trabajar en una multinacional y ahora es el director general. Los demás hermanos –dos mujeres y un hombre– trabajan en áreas funcionales de la organización. Alicia, su mamá, dice estar retirada y dejar las decisiones a sus hijos, sin embargo, está presente. ¿Qué función cumple ella? Ejerce de dueño, desde la propiedad, no desde la gestión; transmite el saber de la experiencia en forma prudencial, dice “no saber de estos tiempos…”, pero cuestiona; se preocupa por los resultados y el futuro de la empresa; está pendiente de la unidad de mando, la armonía familiar y expresa claramente su querencia. ¿No es esto ejercer el gobierno?

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