Un extraño en casa

Llega para rescatar a empresas familiares en crisis.

Hace 15 años, si una empresa estaba al borde de la quiebra, lo usual era que recibiera la ayuda generosa de la banca de desarrollo o, mejor dicho, de los dóciles pagadores de impuestos. Así se salvaron fortunas. Afortunadamente, hoy la supervivencia de una compañía no depende de eso, sino de que contrate a un profesional, y lo mejor, sin tocar un centavo de nuestros bolsillos.

El advenimiento de los CFO, esos especimenes raros que combinan ingenio financiero con el respeto por la operación rentable y desprecio absoluto por todo gasto superfluo o (vade retro) cualquier activo sólo por su valor sentimental, siempre trae consigo una gran historia.  El caso más ejemplar lo da la vidriera regiomontana Vitro, compañía surgida del imperio Visa que se sobreendeudó y que, pese a gozar de una posición de mercado envidiable en varios segmentos, había perdido la confianza del mercado.

Eso nos da pie para contar la historia de Álvaro Rodríguez Arregui, un financiero con fama de rudo; es toda una metáfora sobre la profesionalización de nuestras compañías, que arranca en Chile y concluye en Davos, que atraviesa por ideas brillantes y momentos de desánimo, con enfrentamientos públicos con las calificadoras y polémica con los accionistas minoritarios.

Un ambiente regulatorio más firme, un sistema financiero más profundo y unos empresarios familiares que, como los Sada, han aprendido que su papel es atender al Consejo y buscar el mejor talento, son los atisbos de un nuevo ciclo. Pasen y lean.

Barullo en la banca
¿Hay que atar a la banca y salir a la caza de sus (altas) comisiones?  ¿Deben escandalizarnos sus utilidades récord o debemos felicitar a los directivos que las obtienen?  Más que nunca, México necesita bancos ágiles y eficientes, que impulsen crecimiento y desarrollo al menos como en otras economías de la región. Estas mejoras son imposibles si hay ánimos de confrontación y no de colaboración. Eso exige analizar los mercados uno a uno y no tirar por la borda los logros de la última década en nombre de la rentabilidad política.

Si se demuestra que falta competencia en el crédito al consumo, es imperativo tomar medidas para promoverla.  Y si hay casos exitosos, como el negocio hipotecario, donde se ha logrado crear un entorno virtuoso, habrá que analizar cómo replicarlo en otras actividades; si algún jugador incurre en prácticas anticompetitivas habrá que sancionarlo y para beneficiar lo más posible a los usuarios de la banca, como dijo el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, en entrevista con cnnexpansion.com, “es fundamental una mayor participación de intermediarios (financieros)”.

No menos importante es fomentar una cultura financiera que haga a los ciudadanos/clientes partícipes de estos temas, que hoy les parecen tan ajenos. No es nada fácil, y quien lo dude, que averigüe cuál es la tarjeta de crédito que más le conviene. Incluso, la Secretaría de Educación Pública debería considerar la incorporación, en los planes de estudio, de un temario que explique las cuestiones financieras a las que se enfrentarán (ahorro, crédito, retiro…), sin importar a qué se dediquen. Expansión pone su granito de arena con su sección Dinero, y presenta en esta edición algunas propuestas sobre inversión inmobiliaria que vale la pena analizar.

Inversión en ciernes
En México se puede hacer negocios. Lo sabe Carlyle y tiene 134 MDD disponibles. Puede haber estudios de organismos internacionales que critiquen el sistema legal del país o el magro alcance del sistema financiero, pero también hay hechos que equilibran estas opiniones. Ese fondo de inversión no sólo busca comprar empresas en sectores rentables, para hacerlas crecer y luego venderlas, sino que anda detrás de los equipos de management que las dirigen y que tengan tanto apetito para crecer como su negocio. Es decir, confían en el talento gerencial local y lo potencian con inyecciones de capital.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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