Bajo octanaje

Los proyectos de etanol despegan en América Latina pero no en México.
Luis García / Buenos aires

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva sonreía satisfecho. En marzo pasado, su colega estadounidense, George W. Bush, reconoció la necesidad de su país por combustibles alternativos, como el etanol, y dio un espaldarazo a los productores que, como Brasil, tienen industrias sólidas, niveles de consumo y exportaciones destacados. Bush quiere depender menos del petróleo y más de los biocombustibles.

En su estrategia, Bush ha planteado que, en 10 años, la gasolina en el mercado de EU tenga por lo menos 20% de etanol en la mezcla.

No sólo Estados Unidos está en esa carrera. La Unión Europea espera contar como mínimo con 10% de biocombustibles en su matriz energética en el año 2020. Y en Japón entrará en vigencia a partir del año próximo el mandato para incorporar 3% de bioetanol a las gasolinas.

Para Brasil y Lula, por lo tanto, se abre una oportunidad inmejorable en su futuro económico y energético. El país es –detrás de EU– el segundo productor mundial de etanol, el biocombustible que representa 90% de los combustibles alternativos a nivel global. Y la gran ventaja del país sudamericano es su eficiencia: como produce etanol de caña de azúcar, necesita la mitad del área sembrada que la que requiere EU para maíz destinado a producir la misma cantidad.

Con esa ventaja y un mercado global sediento de biocombustibles, la producción brasileña de etanol del ciclo 2007-2008 promete superar 20,000 millones de litros, un gran salto desde los 17,700 millones de litros del ciclo anterior. Sin embargo, esas cifras se empequeñecen frente a las proyecciones surgidas tras el acuerdo Lula-Bush. Los analistas creen que Brasil podría triplicar el área de sus cultivos de caña de 5.6 millones de hectáreas y elevar la producción a 35,400 millones de litros en 2012. Esas perspectivas despertaron proyectos de inversión por casi 14,600 MDD para la construcción de 70 nuevas plantas de etanol en cinco años.

Y la mirada no sólo está puesta en los mercados externos. Companhia Brasileira de Energia Renovável (del fundador de America Online, Steve Case; el ex presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, y el productor cinematográfico Steven Bing) y Adeco, del financiero George Soros, se suman a multinacionales como Cargill y Louis Dreyfus y a compañías locales para atender el mercado interno. El año pasado registró 83% de ventas de vehículos con tecnología de combustible flexible. Allí hay más de 30,000 puntos que venden etanol y gasolina mezclada hasta 25% con ese biocombustible.

La creciente necesidad global de encontrar sustitutos del petróleo parece ‘una bendición’ para Brasil. Pero las expectativas no se limitan a ese país. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina es una de las regiones con mayor potencial natural, por sus condiciones climáticas y su baja densidad poblacional. Varios países que han mantenido ‘congelado’ por años el desarrollo del etanol, porque con el petróleo a 30 dólares por barril les era más rentable producir azúcar con la caña, regresan por sus fueros. Además de Brasil, Colombia, Perú, Argentina, El Salvador, Costa Rica, Guatemala y Jamaica se frotan las manos.

¿Y México? Para los analistas, la ausencia de una política de Estado que fomente el desarrollo de biocombustibles, así como una industria azucarera ineficiente y rezagada tecnológicamente, un campo en crisis, el retraso en la legislación del uso de transgénicos, la falta de vocación y recursos de Pemex para convertir sus refinerías y darle lugar a los biocombustibles como parte de su plan estratégico, hacen que el país vea cómo el tren del etanol pasa de largo.

Ayuda brasileña
Pero esto podría revertirse tras el acuerdo alcanzado, en marzo pasado, entre Felipe Calderón y Lula da Silva, para que Brasil apoye a México con asistencia técnica.

Además, el país sudamericano tiene experiencia sorteando reformas y proyectos de gran envergadura. Pese a la lluvia de críticas que calificaban de antieconómico el Programa Proalcohol, basado en millonarios subsidios para la expansión del cultivo de la caña de azúcar, Brasil mantuvo ese plan como una política de Estado desde su lanzamiento, en 1975.

Asimismo, sumado a los incentivos fiscales, hubo un aumento artificial del precio del alcohol, subsidios para adaptar los autos al nuevo combustible y la creación de clusters de biocombustible para alcanzar una industria eficiente. Esto se dio en dos fases, primero con apoyo del Estado y luego con la entrada de la iniciativa privada. En este caso, se cuenta la creación del Centro de Tecnología Canavieira (dedicado a la investigación y desarrollo del sector de azúcar y alcohol). "Tiene casi 2,000 investigadores", señala Rogério Cerqueira Leite, profesor emérito de la Universidad de Campinas y coordinador del Grupo Etanol, que reúne a 30 investigadores que elaboran un plan para que el alcohol brasileño sustituya en 2025 hasta 10% del consumo de gasolina mundial.

Ese énfasis en políticas de largo plazo funciona. En Brasil, el promedio de producción de etanol pasó de 2,000 litros por hectárea hace 35 años, a 7,000 litros en la actualidad. Hace tres décadas existían 10 variedades de caña de azúcar, hoy hay más de 550. Buena parte de ellas fueron desarrolladas por mejoramiento genético. Sólo el banco de germoplasma de la Cooperativa de los Productores de Azúcar y Alcohol del Estado de São Paulo tiene más de 3,000 genotipos.

Sabor amargo
Ese desarrollo brasileño contrasta con la realidad que vive el sector en México, donde las firmas azucareras apuestan a hacer negocio con el etanol, en medio del desorden que priva en la industria. "Antes de comprometerse con cuotas de producción para abastecer al mercado automotriz con etanol en combinación con Pemex, la industria azucarera debería modernizarse y dejar atrás el rezago tecnológico que tiene", dice Rodolfo Lacy Tamayo, coordinador de Programas y Proyectos del Centro Mario Molina para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente. "El del azúcar no es un sector que hoy pueda crecer y adaptarse fácilmente al abastecimiento de etanol".

Si bien la industria pudo sortear la crisis que padece desde 2000 a raíz de la expropiación de 27 de los 58 ingenios que sufrían altos niveles de deuda, subsidios millonarios, el establecimiento de cupos para las importaciones y precios de referencia, esas medidas no ayudaron a incrementar la competitividad del sector.

"La productividad por hectárea continúa siendo baja, la tecnificación del sector azucarero está retrasada y el precio del azúcar en México promedia el triple del nivel internacional", comenta Lacy Tamayo.

Con ese telón de fondo, será difícil que México pueda cumplir con la Ley de Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos aprobada el año pasado, que ordenó a Pemex agregar a sus gasolinas al menos 6% de etanol a partir de 2007. La Unión Nacional de Cañeros apunta que la producción de alcohol derivada de la caña de azúcar en la zafra 2005-2006 alcanzó 50.1 millones de litros.

Pero, de acuerdo con la Secretaría de Energía, el etanol requerido para oxigenar los 11,000 millones de litros anuales de gasolina que se consumen sólo en la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara es de 648 millones de litros anuales, es decir, más de 12 veces la producción actual.

No es el único problema. A diferencia de Petrobras, Pemex no cuenta con un proyecto de conversión de sus plantas de metil terbutil éter (MTBE) al etanol. Según el documento Uso de etanol en gasolinas en México, presentado por Pemex al Senado, la introducción masiva de etanol en las gasolinas podría ocasionar riesgos en el suministro del combustible en el país y un incremento de hasta 210 MDD al año en su costo operativo.

Además, Pemex necesitaría un presupuesto extraordinario de 74 MDD para infraestructura. Petrobras, en cambio, abandonó sus reticencias hacia el etanol. La empresa estudia la construcción de un ducto de 225 MDD, para llevar etanol desde las áreas de producción de caña a una terminal en São Paulo. La intención es viabilizar por ese medio las exportaciones a Japón.

Campo en crisis
En todo caso, el déficit de México no se limita a las dificultades de la industria azucarera y a la falta de vocación y recursos de Pemex. La crisis del campo es otra cruz que el país debe cargar, a diferencia de lo que sucede en otras naciones de la región.

Argentina, por ejemplo, duplicó en 2006 la cosecha de soja y maíz (dos granos utilizados para la elaboración de biocombustibles). Ese país es ya el primer exportador mundial de aceites vegetales y el segundo de maíz.

Buena parte del auge agrícola que vive Argentina se deriva del creciente uso de transgénicos (en casi toda la soja y en 65% del maíz), lo que incrementó la eficiencia del suelo.

Pero en México, la Ley Federal de Bioseguridad, aprobada en 2005, establece un régimen de protección especial para el maíz. "Las perspectivas de maíz transgénico son, en el mejor de los casos, a mediano plazo", dice José Luis Solleiro, director general de Agrobio, un organismo que representa a la industria mexicana relacionada con la biotecnología agrícola. "Ese retraso es una desventaja terrible frente a otros países".

Argentina saca partido de su protagonismo en la producción de oleaginosas para la elaboración de biodiésel. Además, ya hay planes para el desarrollo del etanol. "Nuestra propuesta es avanzar, tal como lo hacen Estados Unidos y Europa, en el desarrollo del etanol hecho de maíz y sorgo", comenta Juan Gear, presidente de la Asociación Maíz Argentino (Maizar), entidad que tiene un proyecto propio para desarrollar la fabricación de etanol en el país. La idea es atender a futuro a importadores como EU, Europa, Japón y hasta China.

En todo caso, Argentina parece comenzar a tomarse en serio su potencial. En el país acaba de reglamentarse una ley de promoción de los biocombustibles, que prevé la devolución del IVA a los productores y la posibilidad de amortizar las inversiones y de no tributar el impuesto a los combustibles líquidos.

Para el gobierno argentino, esta ley permitirá producir 60,000 metros cúbicos de biodiésel y 250,000 metros cúbicos de etanol para 2010, que absorberían sólo 8 y 3% de la actual producción de soja y maíz, respectivamente.

También Colombia, el tercer productor de etanol americano detrás de EU y Brasil, está planificando su futuro. Allí ya hay una ley, aprobada en 2001, que establece que la gasolina colombiana deberá tener 10% de etanol en 2009 y alcanzar una participación de 25% en 15 a 20 años. "Esa ley es fundamental para crear los incentivos y apurar las inversiones en el desarrollo del etanol", dice Jorge Cárdenas Gutiérrez, presidente de la Federación Nacional de Biocombustibles de Colombia. "Actualmente, el país atiende 50% de su consumo de gasolina con la mezcla de 10% de alcohol".

Libre entrada
Si Colombia puede sacar lustre a su próximo ingreso sin aranceles al gigantesco mercado estadounidense, países de América Central y el Caribe ya están obteniendo suculentos beneficios de esa ventaja.

Gracias a un acuerdo comercial firmado en 1983, conocido como la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, el etanol de los países centroamericanos y caribeños está exento de pagar 54 centavos de dólar por galón –arancel que abona, por ejemplo, el brasileño– para ingresar a Estados Unidos, mientras los envíos estén por debajo de 7% de la demanda estadounidense del año anterior. Para este 2007, esa cuota asciende a 350 millones de galones de etanol.

Esa ventaja es un imán para nuevas inversiones. Y hasta empresas brasileñas ya se animan en América Central y el Caribe. La brasileña Coimex está invirtiendo en Jamaica conjuntamente con la estatal local Petrojam, y ya multiplicó por ocho sus exportaciones de etanol a Estados Unidos en los últimos dos años. Otra compañía brasileña, Unialco, tiene planes para construir una planta de etanol en Guatemala en sociedad con el local Grupo Colgua. Y American Renewable Fuel Suppliers (sociedad entre la brasileña Crystalsev, la multinacional Cargill y la Compañía Azucarera Salvadoreña) exporta al mercado estadounidense desde su planta deshidratadora de alcohol en El Salvador.

A toda máquina
El auge del etanol podría multiplicarse en los próximos años. Del acuerdo entre Lula y Bush surgió que América Central y el Caribe será la región en donde Brasil y Estados Unidos realizarán en conjunto estudios de viabilidad y asistencia técnica para estimular al sector privado a invertir en biocombustibles. El proyecto piloto podría desarrollarse en El Salvador, país en el que las exportaciones de etanol crecieron 876% en 2006 con relación al año anterior, según el Banco Central de Reserva.

El explosivo crecimiento de las inversiones y exportaciones de etanol desde América Central y el Caribe al mercado estadounidense refleja la oportunidad que está perdiendo México. "Las condiciones del suelo y el clima están dadas en México para desarrollar el etanol, si, además de consistentes políticas públicas, el país pudiera obtener transferencia de tecnología de Brasil para el desarrollo de la caña de azúcar, sería un paso importante", comenta Solleiro, de Agrobio. Con todo, eso no sería un antídoto de acción inmediata. México podría verse en el espejo de la experiencia de Costa Rica.

Allí, en febrero del año pasado, Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) comenzó, con la asesoría técnica de Petrobras, un plan piloto consistente en la mezcla de entre 5 y 10% de etanol en 64 estaciones de servicio en la provincia de Guanacaste y Pacífico Central. Aunque Recope llevó adelante una campaña de información para el proyecto piloto, la reacción de los consumidores fue negativa. La venta de gasolina mezclada con etanol cayó en las gasolineras, mientras que las de gasolina ‘super’ crecieron. "No basta con tener caña de azúcar y la asesoría técnica de Brasil", dice Basilio Quesada, del departamento de Prensa de Recope, en San José. "Se requiere inversión en infraestructura, en recursos humanos, en nuestras estaciones de servicio y en información a los consumidores".

El camino de los biocombustibles es difícil, pero por su gigantesco potencial vale la pena recorrerlo. En México, el primer paso sería remplazar con etanol el MTBE, con el que se oxigenan en 6% las gasolinas del país. La sustitución de importaciones de MTBE, representaría ahorros por más de 100 MDD anuales. Luego, sólo hay ganancias por obtener. Alcanzar ese objetivo implica pasar varias tareas pendientes. El tren de los biocombustibles ya arrancó, y México ni siquiera prepara maletas.

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