Dentro de la jugada

México podría ser una de las principales economías del mundo en este siglo.
Mauricio González

En los círculos internacionales se sabe que en ciertas ocasiones los precios de los títulos financieros son producto de las historias que los analistas construyen alrededor de las empresas o países emisores, más que de sus condiciones de fondo. En finanzas como en política, hay veces que vale más lo que parece que la verdad.

Hace aproximadamente cuatro años, Goldman Sachs, una de las corredurías más prestigiadas de Wall Street, definió que las nuevas potencias económicas del siglo XXI serían Brasil, China, India y Rusia, cuyo acrónimo BRIC, además de pegajoso, en inglés se pronuncia igual que ladrillo.

En su momento se consideró que, debido al tamaño de su población, sus recursos naturales, su capital humano y su desarrollo tecnológico, las economías BRIC serían las mayores del mundo a mediados de este siglo.

Y México, ¿en dónde quedó? Fue un descuido de Goldman dejarnos fuera de la jugada o sería que al anexar México al BRIC le echábamos a perder el acrónimo. Difícil saber qué sucedió, lo relevante para México es si califica o no para ser uno de los países-promesa de las próximas décadas.

Por primera vez en la historia, el grupo de las economías emergentes ha generado un ingreso conjunto mayor que el de las economías desarrolladas. Las economías del futuro no serán las del pasado y a nosotros nos interesa, obviamente, ser de las primeras.

En muchos aspectos, México se compara favorablemente con las BRIC. El tamaño actual de su economía (medido por el PIB) se ubica alrededor de 800,000 MDD, muy parecido al de ese grupo, excepto por China que es casi tres veces superior; el ingreso por habitante de México (estimado en 8,400 dólares para este año) es más elevado que el de las

BRIC, en algunos casos por una diferencia considerable: el triple de India y una cuarta parte superior al de China; nuestra estabilidad macroeconómica es más sólida y tenemos una población menor, aunque con un nivel de escolaridad más elevado (excepto Rusia, que tiene el doble de México).

Por contra tenemos algunas carencias, entre las que destacan dos: nos falta empuje económico e invertimos poco. El crecimiento de México fue bajo (2.3% en promedio por año de 2001 a 2006; una cuarta parte del de China y aproximadamente una tercera parte del de Rusia e India) al igual que el coeficiente de inversión (un máximo de 22% del PIB en el periodo mencionado, o sea, la mitad del observado en China y un tercera parte menos que India).

México se encuentra en una posición privilegiada para ser una de las primeras cinco economías del mundo en 2050 (según las estimaciones de Goldman y otros analistas), sin embargo, el detonante principal para ello tendría que ser la inversión productiva, tanto la pública como la privada.

Para ello hay varias vías. La más comentada, intentada y desafortunadamente fracasada, es la vía de las reformas estructurales (fiscal, energética, laboral, educativa y otras más). El gobierno del presidente Calderón las tiene en la mira, pero hasta ahora son más los buenos deseos al respecto que la certeza de que saldrán adelante.

Por otra parte, hay señales alentadoras de que comienzan a emprenderse caminos alternos para fomentar la inversión y el crecimiento: acelerar el desarrollo de la infraestructura y agilizar la canalización de crédito bancario. Hay programas específicos, algunos que ya han empezado a operar, como el de carreteras concesionadas, para reducir los rezagos de infraestructura de servicios públicos, así como un esfuerzo especial por hacer llegar el crédito a segmentos de usuarios que aún no acceden a él.

En ambos casos eso puede coadyuvar a elevar la inversión productiva e incrementar con ello el crecimiento económico del país. Esperemos que estos esfuerzos no se interrumpan y colocarnos así dentro de la jugada para ser una de las principales economías de este siglo.

El autor es presidente ejecutivo de Grupo de Economistas y Asociados
Comentarios: mauricio.gonzalez@expansion.com.mx

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