Destino en venta

Pozos es un pueblo que vivió del oro y la plata hace dos siglos.
A 45 minutos de San Miguel de Allende, muchos baby boomers e
Tania Lara

Pocas casas de Pozos tienen un número visible, placa de la familia o pintura en su fachada. Muchas están sin techo, sólo conservan pedazos de escaleras o bardas de adobe. Otras fueron quemadas durante la Revolución o en los peores momentos de la Guerra Cristera y nunca las reconstruyeron. Este pueblo, que llegó a tener 70,000 habitantes a inicios del siglo XIX (en ese entonces, la segunda ciudad más poblada del estado) debido a su industria minera de oro, plata y mercurio, ahora sólo cuenta con 3,000.

Pero algo está cambiando en el paisaje. Desde hace cinco años, la leyenda “Se vende” luce en algunas ruinas. Teresa Martínez, la primera corredora de bienes raíces del lugar, asegura que tiene una lista de 60 propiedades disponibles en las nueve cuadras de largo y otras siete de ancho de Pozos. Ella misma instaló el primer hotel del pueblo en las ruinas de una vieja casona.

Como ella, el texano David Winslow y su esposa, Julie, hace cinco años vendieron su casa en San Miguel de Allende y compraron en Pozos. “Nos gustó Pozos porque es menos caro y más tranquilo”, explica el ingeniero civil retirado. En tres años, la casa que sólo tenía pedazos de sus antiguas paredes y arcos, estaba convertida en el hotel Posada de las Minas, y la pareja tiene además otras tres propiedades. Como ellos, 15 extranjeros retirados han llegado con sus dólares para emprender negocios allí, y otros 70 u 80 han comprado terrenos para establecerse.

En parte este auge se debe a los excesivos precios de las casas en San Miguel de Allende (a 45 minutos de Pozos). Algo que ocurre en otras ciudades o pueblos satélites que aprovechan el exceso de demanda en los centros urbanos vecinos. En mayor escala, este fenómeno ocurre en el corredor Tijuana-Ensenada, donde hubo 48 desarrollos que abarcan más de 11,500 viviendas. Allí, propiedades que costaban 100,000 dólares hace tres años, ahora se venden al doble. “Y el auge seguirá los próximos 10 ó 15 años”, asegura Martín Martínez Gastélum, director de Desarrollo Económico del Centro de Enseñanza Técnica y Superior Universidad, en Mexicali.

En especial, los retirados estadounidenses buscan sitios con bajos niveles de inseguridad, que ofrezcan servicios en inglés, asesoría legal para comprar propiedad y servicios médicos. Todo ello, si se puede, en pueblos que tengan una arquitectura típica mexicana. Es el caso de Ajijic, cerca del lago de Chapala, en Jalisco; Pozos, cerca de San Miguel de Allende, y los pueblos de San Felipe y Rosarito, en Baja California.

“Me estoy enfocando en los clientes que ya no pueden comprar una casa con 250,000 dólares en San Miguel de Allende”, comenta Teresa Martínez, quien ahora es agente inmobiliario del lugar y se alió con la comercializadora Century 21 para promover las propiedades en venta.

La sueca Eva Axelsson, de 63 años y con residencia en Los Ángeles, es una de sus clientas más importantes. Ella gastó 400,000 dólares en cuatro propiedades que desea convertir en cómodos departamentos para retirados .“Quiero rentarlas porque mucha gente no tiene suficiente dinero para comprar y construir”, dice. Quiere vender su casa en San Miguel de Allende y seguir comprando más terrenos en Pozos. “Es más divertido invertir aquí que en acciones”.

Pueblo chico…
Todos los poceños recuerdan el 6 de diciembre de 2003 por el polvo que levantaron los 15 helicópteros que aterrizaron ese día en el pueblo, localizado a 30 minutos de San Miguel de Allende y a una hora de Querétaro por carretera.

Dicen que llegaron la actriz Verónica Castro, del brazo del empresario Emilio Azcárraga Jean; el entonces gobernador de Guanajuato, Juan Carlos Romero Hicks; el hasta hace poco presidente Vicente Fox y su esposa, Marta Sahagún. Según el periódico A.M. de Guanajuato, también estuvieron empresarios regios como Lorenzo Zambrano, Rogelio Sada y Roberto Plascencia, así como Fernando Elizondo, ex gobernador de Nuevo León.

Algunos poceños dicen que parientes de los Fox compraron terrenos y que el ahora ex presidente ayudó a los ejidatarios a obtener títulos de propiedad. “Puro chisme de pueblo”, dice Luis Navarro, líder de los ejidatarios. El ex mandatario y otros empresarios llegaron por invitación de Guadalupe Villegas, quien desde octubre pasado es alcaldesa de San Luis de la Paz, municipio al cual pertenece Pozos.

“Fue nada más una comida”, asegura Adolfo Gómez, empresario leonés y cuñado de Vicente Fox. Ahora este hombre promueve la venta de Minas de Pozos, un conjunto residencial de 33 casas de estilo colonial en las afueras del pueblo que se venden desde 160,000 hasta 200,000 dólares. Además, de las tres hectáreas de este proyecto, Gómez ya tiene reservadas otras 500 para futuros desarrollos para las cuales ya arregló un precio: 200 pesos por metro cuadrado para los 28 ejidatarios.

Según sus propias palabras, él representa una compañía irlandesa cuyo nombre ‘no recuerda’, pero que planea invertir más de 4,200 MDP en los próximos 20 años. Las inversiones pueden incluir un campo de golf, más viviendas e incluso, la recuperación de las minas para volver a explotarlas. “Nuestro estudio de mercado dice que aquí se pueden desplazar entre 25 y 28 viviendas al año, pero todo depende de que haya servicios complementarios”, señala el hombre que está casado con Susana Fox, hermana del ex presidente.

Por su parte, la alcaldesa promete obras de restauración. En sus planes está lograr recursos por 1.8 MDP, aportados en partes iguales por la Federación, el gobierno estatal y el municipio. La alcaldía no tiene normativas para preservación del lugar o para limitar el desarrollo inmobiliario, sólo el INAH vigila la zona pues fue declarada patrimonio histórico en los 70. “Hay interés de extranjeros y nacionales de que Pozos desarrolle su potencial turístico”, dice la alcaldesa, amiga cercana de Marta Fox, hermana también del ex presidente.

Hasta ahora sólo circulan rumores de posibles inversionistas en este pueblo, desde los Fox hasta el ex banquero Roberto Hernández, que ya tiene cuatro haciendas en Yucatán y dos clubes privados en Jalisco. No obstante, lo único visible son los estadounidenses que, por su cuenta, empiezan a comprar propiedades e instalar sus propios negocios.

Sin lo básico
Aunque Pozos ya tiene tres hoteles, cinco restaurantes, 150 líneas telefónicas e, incluso, tres café-internet, la mayor demanda de sus residentes es el agua. Tienen que comprarla de las pipas que llegan desde San Luis de la Paz y almacenarla en tanques, cubetas o donde puedan. “Hace cuatro años solicitamos convertir a Pozos en Pueblo Mágico. Para lograrlo, necesitamos buen drenaje, alumbrado y agua potable”, dice Alejandra Alva, miembro de la Comisión de Turismo del pueblo. Ya existen 30 Pueblos Mágicos que recibieron 300 MDP del gobierno federal en cinco años.

Las esperanzas están puestas en la nueva administración de la alcaldesa, dueña de una casa en este pueblo y cuyo marido, José González, participó como notario en la escrituración de varias propiedades de Pozos. Entre los proyectos municipales se habla de llevar una línea de conducción a 25 kilómetros, desde la Presa Paso de Vaqueros hasta Pozos. Este proyecto requiere 100 MDP que se obtendrán con recursos de los gobiernos federal, estatal y municipal. La empresa irlandesa que planea construir 33 casas residenciales a las afueras del pueblo promete aportar hasta 28 MDP para este proyecto a cambio de tener derecho al líquido.

Pero la propuesta está en el aire. Hace dos años que Alejandra Alva, de la Comisión de Turismo local, hizo una petición al municipio para un colector de drenaje, obras de restauración y mejoras en el servicio de agua potable. “Parece que las peticiones están en el archivo muerto o en el bote de la basura”, dice esta ciudadana.

Hasta cuesta rastrear a los dueños originales de los terrenos, cuyos registros se quemaron en la época de la Revolución. Pese a la falta de recursos, algunos hasta han encontrado cómo hacer negocio. Alberto Navarro, corredor de la agencia Montana Realty e hijo del ejidatario Luis Navarro, invierte la mayor parte de su tiempo en rastrear a los dueños de las casas abandonadas. “Me dedico a cazarlos. Pago hasta 5,000 pesos si me dan información del dueño original”, confiesa este hombre que trabaja para Susan Montana, una estadounidense que es dueña del segundo hotel del pueblo.

Hay quienes se las arreglan para suplir la falta de servicios. Como el texano David Winslow, que un día a la semana imparte clases gratuitas de inglés a los jóvenes. “Es indispensable porque solicito una buena secretaria pero necesito que hable inglés y no la encuentro”, dice el empresario.

“Si no hubiera venido gente extranjera como él, nadie estaría reconstruyendo las casas en Pozos”, opina María Elena Ugalde, una poceña que aparece en la película mexicana Hijas de su madre, las Buenrostro, rodada en Pozos. Sus esperanzas están el aire. En Estados Unidos, más de 78 millones de jubilados ya tienen 60 años y se calcula que ganan 75,000 dólares anuales, el doble de lo que recibe un estadounidense promedio.

“Ellos están listos para comprar terrenos y desarrollarlos pero necesitan agua, carreteras, teléfonos y centros de salud”, opina Mauricio Monroy, socio de la consultora Deloitte en Tijuana. Al pueblo, ubicado a 20 minutos de la carretera hacia Querétaro, las señales de teléfono celular aún no llegan. Pero las ruinas que protagonizaron escenas cinematográficas de Pedro Páramo y de Pancho Villa, esperan convertirse en ciudad satélite de San Miguel de Allende.

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