Adiós, televisión

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La palabra ‘televisión’ está condenada a desaparecer. Un fenómeno de telecomunicaciones mucho más amplio la absorberá y transformará. Porque la convergencia digital no es un sueño que tiene entretenidos a los analistas y futurólogos. Es una realidad que los consumidores mexicanos han integrado a su vida cotidiana y para la que no existe marcha atrás.

Un ejemplo. La compañía de telefonía celular América Móvil obtiene hoy 15% de sus ingresos de su negocio de transmisión de datos. Los mensajes sms, las descargas de tonos de teléfono, juegos, televisión para sus usuarios premium o información son ya una parte sustancial de su actividad y de lo que esperan sus 107 millones de clientes.

Pronto podremos ver el episodio de nuestra serie favorita en uno de los canales del celular, a través del cable, en el iPod o la computadora; con anuncios o sin anuncios, pagando o, como ya hizo la serie Lost, gratis a cambio de aceptar publicidad.

¿Qué valor tendrá el mercado de la televisión como lo conocimos hasta ahora? No veremos cambios radicales en el mediano plazo. La penetración de internet de banda ancha en nuestro país es baja con respecto a otros mercados y la televisión de paga sólo llega a 16% de los hogares. La televisión abierta, financiada con publicidad, es y será por mucho tiempo rentable en México. De ahí las expectativas levantadas por el punto 41 del programa para los primeros 100 días del presidente electo Felipe Calderón que anuncia que “se identificarán las ciudades susceptibles de ser atendidas con nuevos servicios de radio y televisión”, y que se presentará un programa de licitación en el primer semestre de 2007.

Empresas nacionales como el Grupo Xtra, de la familia Saba, el Grupo Multimedios, de los González, el Grupo Ángeles-Imagen, de los Vázquez Raña, así como Pegaso, de Alejandro Burillo, o El Universal, de Francisco Ealy Ortiz, muestran interés por participar en una licitación de televisión abierta y entrar a la partida de a dos que juegan Televisa y TV Azteca. No son ingenuos: todos ellos saben que esta concesión sería una entrada al mercado idónea, pero que deben tener planes B. Veremos fusiones y adquisiciones o alianzas entre propietarios de plataformas de distribución (cableros o telefónicas) y generadores de contenido (televisoras extranjeras como Telemundo, O Globo, productoras, grupos de comunicación). La mesa está puesta para una transformación radical del sector independientemente de que se den nuevas licencias.

Cada uno de estos postores tendrá que tomar en cuenta varios puntos para ser competitivos. En primer lugar, cómo generar los contenidos que los diferencien del primer productor de programas en español del mundo, Televisa, y el hiperrentable Azteca. En segundo lugar, cómo hacerlos exportables para que supongan una fuente de ingresos en los mercados estadounidense y latinoamericanos ya sea como producciones terminadas o como formatos (Rebelde, Betty la Fea). En tercer lugar, cuál es el modelo de rentabilidad de su programación a través canales múltiples: televisión abierta, por cable o satelital, celular o internet.

Por eso lo relevante de que existan reglas claras para esta apertura inevitable, y que va mucho más allá de una licitación de televisión abierta. La Comisión Federal de Competencia emitirá en las próximas semanas una opinión sobre el conjunto de normas que deberían regular este mercado. Se basará en el principio de no discriminación de acceso de uno u otro lado. Es decir, tratará de evitar que el propietario de una red de televisión por cable saque a sus competidores de su oferta de canales, o que Televisa pueda negarle el Canal 2, el más visto en la televisión de paga, a quienes suponen una amenaza. Esto premiaría la calidad y ampliaría el mercado televisivo tanto en audiencias como en anunciantes.

Definir estas normas con el consenso de la industria exigirá mucha dura negociación, y considerar los costos de producción y transporte de señal, la naturaleza exclusiva de los contenidos, el valor real de las señales así como la necesidad de un terreno de juego equitativo. Un reto para Calderón tanto como para los reguladores del sector, pero que puede convertir a México en la gran plataforma de creación de contenidos en español para el mundo, y desatar a la vez el valor oculto en Televisa y TV Azteca.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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