La transparencia necesaria

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Los fondos de inversión han tenido un crecimiento explosivo (sólo en el primer semestre de 2006 su cartera creció 20%). Los clientes descubrieron que con un poco de riesgo que asuman (y hasta ahora en verdad es poco), pueden obtener mejores rendimientos que los de instrumentos tradicionales, como los pagarés a plazo fijo.

Los grupos financieros también hallaron un incentivo para ofrecerlos, aunque tardaron en impulsar estos productos que les implican mayores costos de captación que la cuenta corriente. En lugar de comprometerse a pagar un rendimiento fijo por un periodo, ahora sus clientes se convierten prácticamente en socios en inversiones a plazos más largos y que varían en sus rendimientos.

Ya hay muchos fondos pero, para ser sinceros, las opciones son tantas como en aquella famosa cita de Henry Ford, quien decía que el cliente podía escoger el color de su automóvil producido en serie siempre y cuando fuera negro. Si el inversionista es apenas el pequeño o mediano ahorrador tiene todavía una pequeña cartera de fondos, que varían poco, es porque están todos compuestos casi por los mismos instrumentos, de bajo riesgo y de bajo rendimiento. Un avance respecto de los pagarés, sí, pero con un largo camino por recorrer para ofrecer las ventajas de los fondos de mercados más desarrollados.

El caso es que con tan escasa oferta, tampoco había una gran exigencia por la transparencia en la información. Total, decían sus operadores, los fondos no son demasiado riesgosos y sus rendimientos son mayores que los que ofrece el mercado. Por eso, los clientes no han sido demasiado quisquillosos en pedir información sobre las comisiones que cobra el gestor y el tipo de inversiones en que se deposita el dinero. A medida que el mercado se complica, esos datos serán indispensables.

Para ofrecer mayores rendimientos, los administradores de fondos deberán (el mercado no les dejará otra opción) ser más arriesgados. Los que lo hagan y obtengan mejores resultados podrán cobrar más altas comisiones, porque sus clientes pagarán más por sus mayores conocimientos del mercado. Pero el cliente tiene que saber cuánto le están cobrando, y tiene derecho a saber hasta dónde llega el riesgo. El problema empieza cuando las comisiones son altas a pesar de que el gestor no toma los riesgos necesarios ni es consistente en su trabajo. Lo que Expansión ha encontrado durante esta investigación, hecha a partir de la clasificación de Standard and Poor’s es que esta información todavía es difícil de obtener.

La entidad regulatoria, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), asegura que a partir de este mes (diciembre) entrarán en vigor nuevos reglamentos para transparentar la información. Cuando menos hasta noviembre, había que confiar en el promotor, porque el prospecto tenía información tan general que las verdaderas condiciones sólo eran transparentes hasta que llegaba el estado de cuenta, es decir, hasta que ya se escogió participar en un fondo determinado.

El ranking que presenta Expansión es un paso más para llegar a la transparencia. Aquí se califica la consistencia de los fondos, se mide la relación entre el riesgo y el rendimiento generado. Si un gestor de fondos asume un cierto rango de riesgo, es de esperar que estará en un cierto rango de rendimiento. Si no está ahí tiene menos consistencia. Ésta es medida por las estrellas que otorga la calificadora Standard & Poor’s. Entre más tenga, mayor consistencia y más confiable se vuelve el manejo de un fondo. Es un aporte a la información necesaria para tomar una decisión. El indicador de consistencia ha demostrado prever 40% del comportamiento futuro de un fondo –una mejora abismal sobre la capacidad de previsión de otros indicadores, como el rendimiento–. El inversionista merece saber dónde deposita su dinero, y sólo con información podrá exigir al mercado que se vuelva cada vez más complejo y le dé más opciones. Muchas más que depositar el dinero a la vista, con un rendimiento bajito, bajito, pero supuestamente seguro.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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