La guerra sana

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La innovación consiste en crear un nicho de mercado nuevo. ¿Qué ocurre cuando vence la exclusividad, cuando muere una patente? Que ese mercado se abre a nuevos jugadores y, por tanto, llega la competencia. Y las historias de competencia siempre nos entusiasman.

Tomemos nuestra historia de portada. Las farmacéuticas que fabrican medicamentos de patente y las que producen genéricos (‘lo mismo, pero más barato’) libran una lucha épica, digna de la Arena México. Los primeros invierten en innovación más de 10% de sus ingresos, lo que les da derecho a explotar un producto durante un periodo de tiempo limitado. Los segundos masifican un bien público, y son esenciales para abaratar el costo de la salud. En México, ambos van detrás de un negocio de 13,500 millones de dólares anuales y utilizan, lógicamente, todo tipo de recursos para no perder cuota de mercado.

Un día pelean en buena lid en las licitaciones del IMSS; otro, los cabilderos desembarcan en la Cámara de Diputados con estadísticas y argumentos contundentes (a veces tan sospechosamente contundentes como diferentes a las normas vigentes en otros países); de pronto, una resolución judicial puede prolongar la vida de una patente más allá de lo fijado por ley; otras veces, demostrar que una compañía se pirateó, sin pudor, un producto protegido por las leyes de propiedad intelectual. Nuestro reportaje de portada relata varias de estas historias de un negocio atípico, castigado por la dificultad de las grandes farmacéuticas para colocar nuevos productos en el mercado y las presiones de los accionistas para que crezcan sus utilidades.

Esta guerra tiene implicaciones para los contribuyentes que, por una vez, justifican que el Estado, sin romper las reglas, tome partido por una de las partes.

Los genéricos deberían tener un lugar privilegiado en México. La quiebra técnica del sistema de salud pública mexicano y la falta de recursos de gran parte de la población deberían alentar su uso masivo, o al menos al nivel de de otros países, pero no es así.

El consumo de productos genéricos es considerablemente inferior, medido por volumen o por dinero, al de los países europeos, Estados Unidos, Brasil o Chile.

Las farmacéuticas de patente se quejan, con razón, de la falta de cultura de la propiedad intelectual en nuestro país y de la lacra de la piratería. Pero la opacidad de la justicia, la falta de divulgación sobre la misma existencia de los genéricos y su naturaleza, así como la desigual capacidad económica de unos y otros hace que el objetivo de la liberalización de los precios de los medicamentos en 1992 no se haya cumplido de manera integral. El precio de los medicamentos creció en la última década por encima de la inflación y en los casos de antigripales, gastrointestinales o anticonceptivos, más del doble.

Es evidente que una política de Estado tendría que atender la baja penetración de los genéricos en México. El gobierno debe garantizar por un lado la rentabilidad y competitividad de los innovadores, productores de patentes, pero impulsar sin dudar un ápice que ante el vencimiento de una patente, el genérico legítimamente registrado tome su lugar entre las compras del sector público. Cae en la cancha de los productores de patentes innovar al máximo sus viejos productos para mantener su presencia y ganar el terreno a sus nuevos competidores. Y los lectores pueden leer en este número cómo lo hacen y muchas vecen hasta lo logran.

También hablamos de la sórdida lucha de las automotrices en el Auto Show de Detroit, cómo la innovación apunta hacia el ‘auto verde’ y la consecuente alza en el maíz, por la supuesta demanda de etanol, aunque eso no desluce la maravilla tecnológica que vemos en estos desarrollos. También presentamos en exclusiva un fragmento de un capítulo del libro Presidente electo, de los periodistas Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson, que relata cómo el cuarto de guerra de Felipe Calderón diseñó la estrategia que llevaría a la victoria al michoacano. Un proceso de análisis, todo sea dicho, sorprendentemente semejante al que se sigue en los departamentos de mercadotecnia de las empresas, lleno de estadísticas, atributos de marca o valores. Por ejemplo, el que sigue Mattel para defender a su muñeca estrella, la Barbie, acosada por su rival Bratz

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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