Los siete magníficos

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Durante 2006, las principales economías de América Latina crecieron en promedio 4.7%, marcando el tercer año consecutivo de un incremento respetable para la región. Los resultados positivos se deben, en gran medida, a los firmes precios de las materias primas en los mercados globales, a las exportaciones de los commodities y a las remesas de los latinoamericanos que viven en el exterior.

La recuperación de sus respectivos colapsos económicos de Argentina, Venezuela y la República Dominicana potenciaron la cifra general, mientras que Uruguay y Perú también contaron con altas tasas de crecimiento.

Los eventos económicos también estuvieron impulsados por las elecciones ya que durante 2006, 12 países tuvieron votaciones claves. Como consecuencia, el gasto público en muchas de estas naciones aumentó y elevó a su paso la demanda.

Las consideraciones electorales darán paso a realidades más duras en 2007, pero las economías latinoamericanas continuarán siendo unas de las más beneficiadas por la fuerte demanda asiática de commodities. Sin embargo, es probable que los precios declinen en los próximos dos años con respecto a sus niveles excepcionalmente altos.

La anticipada desaceleración de la economía estadounidense hará decaer las tasas de crecimiento de Latinoamérica, en especial en los países con fuertes lazos comerciales con el norte.

Es por ello que se pronostica que el crecimiento promedio real del PIB de la región decrecerá a 3.8 o 3.9% durante el periodo 2007-2008. También se debilitarán algunos de los factores internos que impulsan el crecimiento y se restringirán las condiciones financieras internacionales.

Una subida más suave
En Brasil, el crecimiento anual será significativamente más sólido que la media que desde hace años experimentaba el país de 2.5%. No obstante, seguirá siendo lo normal para muchos de los otros gigantes de los mercados emergentes, especialmente en Asia. La desaceleración en Estados Unidos llevará a un debilitamiento del crecimiento mexicano.

En Argentina decrecerá el ímpetu surgido de las políticas del gobierno. En Colombia, una suma de factores positivos ayudará a tramar un suave aterrizaje en 2007-2008 después de dos años de crecimiento hasta 2006. Se desacelerará el crecimiento de Venezuela durante este año a medida que la política fiscal se torne menos expansiva y la actividad económica se vea obstaculizada por los bajos niveles de confianza comercial.

La caída de las inversiones en Chile durante 2006 provocó una moderación del crecimiento pero éste se fortalecerá nuevamente en 2007.

Los flancos débiles
Las debilidades estructurales jugarán en contra del desempeño de América Latina en comparación con otras economías emergentes. Si bien la proporción de inversión respecto del PIB aumentó, todavía es escasa, lo que debilita el potencial de crecimiento a largo plazo. Las pocas inversiones se reflejan en las bajas tasas internas de ahorro y las altas tasas de interés desde el punto de vista macroeconómico, y en un sistema impositivo ineficiente, así como un alto nivel de burocracia desde la perspectiva microeconómica.

El tono izquierdista adoptado por los gobiernos de Bolivia y Venezuela (además de Nicaragua y Ecuador, donde ganaron las facciones populistas) podría también detener a la inversión extranjera directa (IED).

Excepto Venezuela, se espera que en el periodo 2007-08 mejore el entorno comercial en las 12 economías más grandes de Latinoamérica. Las mejoras en las políticas de muchos países clave, puestas en marcha en la década pasada, también elevaron la capacidad de pago de la región en su conjunto. Sin embargo, en términos reales, todos los países (excepto Colombia y Chile) experimentarán una disminución en su atractivo para atraer inversiones ante el implemento de mejoras más rápidas por parte de otros mercados emergentes.

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