El financiero en casa

Estrategias de directores de finanzas y empresarios para poner orden a su propio patrimonio.
Lourdes González Pérez

Según el dicho “nadie está peleado con su dinero”, pero lo contrario parece ser lo cierto. Aun los expertos financieros tuvieron errores de juventud que les dificultaban construir un patrimonio. Deuda excesiva, inversiones demasiado arriesgadas, créditos costosos; tres directivos de finanzas hablan de cómo han enderezado el camino para lograr ahorros, asegurar a su familia y hacer que su patrimonio crezca.

El primer error es considerarse indestructible, explica Noel Nava, catedrático de contabilidad y finanzas del Tecnológico de Monterrey: “Uno considera que no le va a pasar nada, no piensa en el futuro, no planea, es comprador compulsivo, gasta más de lo que tiene o en cosas que no necesita”. De ahí se derivan otros errores, como la forma en que se contrata un crédito, sin considerar el costo, o la falta de seguros médicos y de vida.

Cuando los hijos se van
A Walter Esteves le tocó vivir, ya casado y con hijos, las dos devaluaciones más fuertes que el país ha sufrido (1982 y 1994), pero se considera un hombre privilegiado, porque, a pesar de los altibajos que ha tenido que enfrentar, ha avanzado económica, profesional y familiarmente.

Director de Finanzas para América Latina de la agencia de publicidad Ogilvy, Esteves se ríe de la idea de que los financieros de las empresas sean los más ordenados en el manejo de sus ingresos, en la planeación de los gastos y en la previsión para el futuro: “No, no es así”.

En México, “nos falta educación financiera, vemos de mal gusto hablar de dinero, eso nos hace ser muy reservados, nos cuesta abrirnos y, por tanto, evitamos buscar asesoría para una mejor planeación de nuestros gastos”, dice.

Ahora, a sus 55 años, una vez que sus dos hijos (Pablo y Andrés) terminaron la universidad, ve como un aumento de sueldo los recursos que ya no usará en las colegiaturas: le servirán para pagar deudas e invertir para su retiro.

Cristina, su esposa, es fundamental en el orden de sus ingresos y gastos. “Planeamos juntos y estamos en la misma sincronía: no nos interesa gastar en marcas y ajustamos los gastos cuando hay que hacerlo”.

Tiene seis tarjetas de crédito. Una que paga religiosamente antes de su vencimiento. Una más cuyas adicionales las tienen sus hijos para gastos imprevistos; otra de uso exclusivo de su esposa; la cuarta para compras de emergencia; una más que fue la primera que tuvo y lo ha acompañado toda su vida, y la última recién aprobada, que no ha utilizado.

“Va a llegar el momento, y está a punto de suceder, de pensar si vale la pena tener tantas tarjetas”, comenta.

Invierte lo que puede, sobre todo en fondos de inversión. Uno muy conservador, que le da liquidez en 48 horas con un rendimiento bajo, y otro de mediano y largo plazo, con más ganancia. La clave, dice, es estar diversificado.

En 1982, ya casado, invirtió sus ahorros y el aguinaldo en su primera casa. Vino la devaluación y su propiedad triplicó el valor. “Corrí con suerte”, asegura. Pero en 1994 vendió esa casa y contrató un crédito para comprar un mejor inmueble, que con la crisis se volvió impagable. Sólo pudo salvar el patrimonio con un préstamo familiar.

La crisis de 1994 llevó a la familia a apretarse el cinturón, dejar de lado las salidas a comer o reducir vacaciones.

Se dice un fiel creyente de los seguros. Tiene uno de vida para él y su esposa, uno de accidentes y gastos médicos, para cada uno de sus hijos, los de los autos y uno para la casa.

En este renglón no todo ha sido miel sobre hojuelas. Adquirió un seguro para la educación, que apenas alcanzó para apoyar en el pago de la secundaria de uno de sus hijos.

En cuanto al retiro, considera que “es el peor ejemplo. Dicen que el primer pago que debes hacer es el propio (el ahorro para el retiro) y yo apenas empiezo a planear en ese renglón”.

La enseñanza del matrimonio
Como estudiante vivía permanentemente endeudado y sólo se volvió disciplinado cuando se casó, reconoce Ramón Zapata, director de Planeación Regional para América Latina, de la farmacéutica Novartis. Ahora tiene claro que debe ajustar sus ingresos y gastos, guardar una parte para el ahorro, pensando en el mediano y largo plazo, con objetivos como la educación de los hijos, e invertir en diferentes instrumentos.

Zapata, de 33 años, tiene dos hijos, uno de cuatro años y otro de nueve meses. El primer paso, recomienda, es hacer un balance entre ingreso y planes a futuro. Si los ingresos son suficientes para las necesidades no hay de qué preocuparse. Pero si hay faltantes, “una de dos, o las necesidades son irreales, o tus ingresos no empatan con tus aspiraciones. Si el trabajo no está suficientemente remunerado para tus planes, o cambias de empleo o ves cómo obtienes los ingresos extra”.

El ingreso debe ser suficiente para ahorrar, considerando planes como la compra de una casa, un segundo inmueble, la inversión en algún negocio o las colegiaturas de los hijos. “No se vale que un ingreso bajo sea el pretexto para no guardar algo”. Hasta ahora reserva para ahorrar 25% de su ingreso. El ingreso mensual debe servir para vivir y los extras –utilidades, primas, aguinaldos–, para liquidar deudas o para guardarse.

Habrá que hacer planes para ahorrar a corto, mediano y largo plazo, siempre dejando una parte de dinero líquido para otra inversión, saldar deudas o cubrir imprevistos, como una enfermedad o unas vacaciones con la familia. Los instrumentos para el ahorro de Zapata son seguros, fondos de inversión y bienes raíces. El banco lo usa para el manejo de su chequera y porque ahí le depositan el pago por su trabajo.

Zapata compró dos seguros dotales, que lo obligan a ahorrar durante 15 años (hay penalidades por sacar el dinero antes). No comulga con los seguros para educación, porque tienen el destino definido. “El dinero me quema las manos, siempre pienso en algo para invertir y no gastármelo. Los gustos, las recompensas personales, los pospongo, los desecho o, de plano, los financio con ingresos excedentes”.

Para el mediano plazo, Zapata invierte en fondos, bonos gubernamentales y bienes raíces. Advierte que para invertir en la Bolsa es necesario definir qué tan adverso se es al riesgo. Para invertir en bienes raíces se asesora con un experto. Además de la casa en la que habita con su familia, tiene dos inmuebles más, que renta.

Zapata consulta con su esposa las decisiones financieras de la familia. “Le platico mis ideas, si me dice que estoy loco le doy una segunda opción; por lo general ella está en lo correcto y le hago caso, la mayoría de las veces llegamos a una decisión conjunta”.

Cuidarse a sí misma
Su abuela decía: “Para ser rico, hay que levantarse muy temprano y ahorrar la mitad de lo que ganas”. El consejo se convirtió en regla para Selene Ávalos, casada y con dos hijos, directora de Finanzas de Urbi, constructora de vivienda.

Ávalos ahorra entre 30 y 40% de su ingreso regular, a lo que agrega los excedentes (ingresos no mensuales). “Quisiera guardar 50% de mis ingresos, pero no he podido, me gana la vanidad y el gusto por el cine”.

Una parte importante del ahorro es para el retiro. “La Selene de 65 años es a quien tengo que cuidar ahora desde que tiene 37, me hago cargo de mí misma desde ahora”.

Ávalos divide su presupuesto en gasto corriente, seguros y ahorro. Del gasto corriente, lo esencial lo constituyen la alimentación, la escuela de los hijos y los servicios. “Siempre cuestiono si algo es una necesidad o un deseo”: nada de ropa de marca o de varios pares de tenis.

Los seguros los usa para evitar que las situaciones críticas la saquen de balance. “Me gusta estar concentrada en metas, mejor invierto en la protección, para no tener preocupaciones que me distraigan”.

“En casa de mis abuelos”, cuenta, “a duras penas podían salir adelante, sé lo que es la frustración de no tener lo que necesitas para la familia, sé lo que es la disciplina y el trabajo duro para obtener un patrimonio”.

Ha tenido malas inversiones en bienes raíces, pérdidas en la Bolsa de Valores o de activos no asegurados y altos gastos médicos por falta de protección.

Llegó a tener 10 tarjetas de crédito hasta que se dio cuenta de que perdía más por pagar intereses y comisiones y de que entre más crédito tenía, más se endeudaba. “Me he equivocado muchas veces, he aprendido de tanto que he perdido”.

Junto con su esposo Santiago revisa el plan financiero de la familia cada seis meses. Su esposo la considera demasiado estructurada. “Hay que cerrar los ojos un poco, hay muchos imponderables, cuando quieres ser muy metódico te lastimas”, dice. De cualquier manera, ella toma la mayor parte de las decisiones, siempre consultando con su esposo.

De ese diálogo con la pareja aprendió que el dinero es un medio, y no un fin. “Normalmente generamos relaciones traumáticas, nefastas, con el dinero, cuando éste debería ser algo disfrutable”.

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