El ideólogo de Chávez

Heinz Dieterich, el mexicano que inspiró al presidente venezolano en su ruta al Socialismo.

Sucedió en los días en que Hugo Chávez estaba en la prisión de Yare. Tras el fallido golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez, en 1992, llegó a sus manos un ejemplar del libro Patriota y amante de usted, que narra la relación entre Simón Bolívar y Manuela Sáenz, una mujer ecuatoriana que combatió en los ejércitos patrióticos. El autor del texto era Heinz Dieterich, un académico alemán nacionalizado mexicano y catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana en Xochimilco.

Siete años después, cuando Chávez llevaba tres meses como presidente de Venezuela, un amigo en común, el entonces ministro de Energía y ex secretario general de la OPEP, Alí Rodríguez, le presentó a Dieterich. “Tengo una profunda deuda contigo. Cuando estaba en prisión, el libro tuyo me ayudó muchísimo”, le dijo el mandatario.

Hablaron durante una hora en el Palacio de Miraflores. La plática se reanudó por la noche y se prolongó entre tragos y disertaciones hasta las cuatro de la madrugada. Ese día, Dieterich perdió su vuelo de regreso a México, pero ganó un aliado para sus teorías sociales.

El ideólogo en su laberinto
De origen alemán, Heinz Dieterich Steffan, de 64 años, puede presumir una prolífica carrera como teórico social. Es autor de más de 25 libros publicados en 15 países tan disímbolos como China, Australia o Cuba. Desde 1976 reside en México, a donde llegó por un intercambio académico para hacer su tesis doctoral sobre el Tercer Mundo.

Entre 1999 y 2002, las reuniones se repitieron a razón de tres a cuatro por año. Los medios venezolanos “en manos de la derecha” buscaban a quien infundía las ideas de Chávez. Primero identificaron al argentino Norberto Ceresoles, pero luego de que Hugo Chávez rompiera con él, paradójicamente por sus afanes autoritarios, voltearon su mirada hacia Dieterich. Pero ¿es él realmente el consejero que le habla al oído al polémico mandatario?

“Alguna vez en una cena, salió el tema y fue él mismo quien dejó en claro que no tiene asesores. Soy su amigo y apoyo su proyecto histórico, como apoyé el de los sandinistas en Nicaragua o el movimiento de Unidad Popular en Chile”, responde el académico con su voz gruesa y sus ademanes pausados.

De hecho, comenta, en 2003 tuvo una invitación formal para integrarse al gobierno venezolano. “Ya estaba concertado, pero reflexioné. Decidí que mi independencia como científico era más valiosa que ser un intelectual orgánico”, relata el académico.

La frecuencia de las visitas bajó desde entonces. “Después del golpe de 2002 él dio un salto cualitativo y se convirtió en un gran político. Hoy día Chávez es un hombre de importancia mundial y tiene una agenda muy ocupada”.

Pero la cercanía no cesó. “No es necesario que yo esté allá. Cuando hay necesidad (de comunicarse), hay canales para hacerle llegar algún análisis. Nunca vía telefónica, sino a través de personas”.

Según Heinz Dieterich, en su afán de criticar al régimen, la prensa cita sus ideas para desacreditarlas, un canal que ambos tratan de aprovechar: “Chávez tiene siempre el análisis de los medios y aunque no hable con él, se entera de mis elucubraciones teóricas”.

La utopía venezolana
Pese a su empatía personal y afinidad ideológica, Dieterich es muy diferente de su amigo venezolano. El estilo lenguaraz y atrabancado del presidente contrasta con el carácter apacible del hombre de 1.80 metros de estatura, manos grandes y firmes que medita cada respuesta antes de hablar.

La fastuosidad de Chávez también contrasta con el estilo de vida del académico mexicano, quien habita un modesto departamento donde los libros se apilan por doquier, en una unidad habitacional que agrupa al menos unas 1,000 viviendas en la colonia Copilco, al sur del DF.

En 2005, durante el V Foro Social Mundial, en Porto Alegre, Brasil, el presidente acuñó como propio el Socialismo del siglo XXI y pronunció la frase que signaría el destino ideológico de Venezuela: “¡Patria, socialismo o muerte!”

Pero para Dieterich, el proyecto de Chávez aún está muy lejos, no sólo de la teoría social que él postula, sino del propio socialismo. “Ni la economía ni el Estado venezolanos tienen algo de socialistas. Ambos son típicamente burgueses. Y aunque el presidente ha expresado su intención de avanzar a ese modelo, lo cierto es que ahora sólo se encamina a un Estado de Bienestar”, disiente.

Aun así justifica a su amigo. Considera que esta posición es ‘realista’ debido a que la economía de mercado tiene 5,000 años y su sustitución tendrá que ser paulatina.

El modelo a seguir
Para el autor de El fin del capitalismo global; Hugo Chávez: el destino superior de los pueblos latinoamericanos y El gran salto adelante, el modelo económico que actualmente predomina en el mundo “responde a la ‘ley de la selva’, donde quien tiene más fuerza dictamina los precios y se queda con el excedente”. Heinz Dieterich apunta que el primer paso hacia una economía socialista, es sustituir el sistema precio-mercado por un modelo de valores-equivalencia, donde el valor de un bien o servicio se calcularía por el tiempo que llevó su fabricación y no se expresaría en términos monetarios.

En una primera fase del Socialismo del siglo XXI, la economía de mercado y la propiedad privada coexistirían. “Si una empresa privada es eficiente, paga sus impuestos y respeta la legalidad, no habría razón alguna para la estatización”. Pero en un estadio más avanzado se daría la homogeneización de la gratificación que reciben los diferentes actores de la economía.

De acuerdo con el catedrático, América Latina debe avanzar hacia la conformación de un Bloque Regional de Poder que se oponga al modelo de integración que postula Estados Unidos a través del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA): su opción es la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), un proyecto en el que, por cierto, no incluye a México. “El único imprescindible, en términos de poder territorial, demográfico y económico, es Brasil”.

Por lo pronto, Heinz Dieterich ve en México “un sentido para mi vida. La formación científica que me dieron en Alemania puede ser útil aquí. Este país me ha tratado muy bien. Lo quiero tanto, que debo devolver algo de lo que he recibido. Y lo trato de hacer enseñando a la juventud académica modelos a seguir y con mis trabajos científicos”.

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