El problema de la inflación

En mayo del año pasado, la inflación se ubicó en 3%, el objetivo puntual del Banco de México.
Jonathan Heath

El Banco de México estableció que su objetivo de inflación es de 3%, por lo que siempre procurará que la inflación esté lo más cerca posible a este número. No se trata de una meta de fin de año, sino de todos los meses; en otras palabras, es una meta continua. Esto significa que en promedio deberíamos tener una inflación más cercana a 3% en todo momento y si existe una desviación, debería ser temporal.

No obstante, es prácticamente imposible tener una inflación de exactamente 3% mes tras mes. En adición, es muy común experimentar en ciertos mercados choques de oferta que tengan un impacto temporal en la inflación en un momento dado. Por lo mismo, el Banco de México estableció un rango de variabilidad de más/menos 1% alrededor de su objetivo, en el cual procurará que se sitúe la inflación. La existencia de este rango no significa que el objetivo de inflación deja de ser puntual o que se convierte en un máximo de 4%. Simplemente reconoce el hecho de que la inflación es un proceso dinámico y que deberá oscilar alrededor de 3%.

Medir correctamente la inflación es un verdadero reto. De entrada, es muy difícil distinguir entre aumentos en varios productos por desequilibrios específicos y un aumento "generalizado y sostenido" en los precios. Lo primero es un proceso natural y hasta deseable, ya que significa que el precio de un bien responde correctamente a su relativa escasez o abundancia. Lo segundo es la definición misma de la inflación. Las dos cosas son fenómenos muy diferentes. Mientras queremos que el precio de un bien específico refleje correctamente su oferta y su demanda, no queremos que todos los precios estén subiendo todo el tiempo.

El problema radica en que la medición aceptada de la inflación, que es a través del Índice Nacional de Precios al Consumidor, no puede distinguir entre las dos cosas.

Implícitamente, podemos suponer que siempre hay acomodos entre los precios relativos y que los precios que suben se compensan con otros precios que bajan. A lo largo del tiempo, este supuesto no es tan descabellado. Sin embargo, en un momento dado, la inflación puede subir significativamente (por alzas importantes en uno o dos productos) y la gente puede pensar que existen presiones inflacionarias permanentes.

A partir de septiembre del año pasado, vimos varios choques de oferta. Como resultado, aumentaron varios precios y en especial, los del azúcar y la tortilla. Esto empujó la inflación por arriba de 4%.

Por otro lado, dado que tuvimos tasas de inflación sumamente bajas entre marzo y agosto del año pasado, es muy probable que la inflación continúe al alza en los mismos meses de este año. Esto significa que la inflación seguirá por arriba de 4% hasta mediados de año, a menos que tuviéramos disminuciones importantes en los precios de algunos productos. Este fenómeno no es propiamente un aumento en la inflación, ya que no se trata de aumentos generalizados ni sostenidos, sino sólo de acomodos en algunos precios por desequilibrios en mercados específicos. Por lo mismo, es casi un hecho que después de cierto tiempo, la inflación vuelva a bajar a un nivel más cercano a 3%.

Sin embargo, el índice de precios marca un aumento en la inflación y esto le crea un conflicto al Banco de México. En principio, las autoridades monetarias saben que sin instrumentar una política monetaria más restrictiva, la inflación bajará por sí misma en unos cuantos meses. Pero no hacer nada pudiera enviar el mensaje (equivocado) de que no buscan cumplir su objetivo. ¿Qué hacer? No queda claro.

El autor es director de Estudios Económicos de HSBC México.
comentarios: jonathan.heath@opinion.com.mx

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