El rey de la naranja

El cambio climático y las heladas en California le abren oportunidades a Carlos Couturier.
Gardenia Mendoza Aguilar

“El que compre un limón la próxima semana pagará el doble o el triple de lo que cuesta hoy”, anunciaba el pasado 24 de enero Philip LoBue, presidente de la Asociación de Citricultores de California, en rueda de prensa. En cuatro días quedó devastada 80% de la cosecha de cítricos en ese estado y se abrió la puerta para los productores mexicanos.

Sin embargo, Carlos Couturier, uno de los principales cultivadores de naranja, toronja y limón persa (sin semilla) en México, hace oídos sordos. “Por ahora conviene esperar”, dice determinante, tras colgar el teléfono con unos de sus contactos californianos y decidir viajar tranquilo a una feria agrícola en Alemania.

Tomar decisiones con calma es esencial. Estados Unidos le deja 60% de sus exportaciones totales y éstas aportan 44% de esa facturación (32 MDD). “Ahora empiezan las especulaciones, la verdadera demanda vendrá en marzo y abril, cuando se agoten las reservas”, afirma este veracruzano de 45 años.

Su empresa, Couturier Hermanos, saca provecho a los efectos del cambio climático que se están generando en varias partes del mundo. Las 10,000 toneladas de limón persa que cosecha todo el año en Veracruz esperan fundamentalmente los huracanes entre junio y noviembre y las heladas de diciembre y enero de Florida y California, que producen 97% de los cítricos del país. La reciente helada que azotó a este último estado podría elevar 25% las ventas de Couturier para este año. Los limones sin semilla le generan a su empresa 10.8 MDD, 60% del valor total de sus exportaciones.

Mientras los precios escalan, él se prepara para viajar a la feria. “Una forma fácil y económica de dar con nuevos clientes, ver qué hace la competencia y las novedades del mercado”. Ni mira Google Earth o las pantallas de Bloomberg. “El mercado es cíclico y en dos meses vendrá la verdadera demanda”.

En tanto, tiene suficiente producto como para esperar el mejor momento: en las 3,200 hectáreas que siembra, desde Tuxpan hasta el puerto de Veracruz, producen cada año en conjunto 102,000 toneladas de naranja, toronja y limón divididos en partes proporcionales. Además, cada año compra 14,000 toneladas de cítricos a 120 pequeños productores de Veracruz, Oaxaca, Tabasco, Colima y Michoacán. Todo eso suma casi 2% de la producción total del país.

México lidera la producción mundial de limón y lima y es tercero en toronja y naranja. Al tener como base el estado que produce la mitad de los cítricos del país, para Couturier era necesario diferenciarse de los 67,000 productores citrícolas mexicanos.

Para lograrlo, se ha valido de la mercadotecnia. Además de asociarse con otros productores para comprar y vender cítricos, logró posicionar una marca. “Ha sido siempre un buen ejemplo para los citricultores mexicanos, muchos lo han imitado en algunas prácticas de exportación e impulso de sus marcas”, comenta Ausencio Mata, director del Consejo Citrícola Mexicano que reúne a 750,000 productores.

Un caso es el convenio que tiene desde 2002 con Grupo Modelo para exportar limones a Europa bajo el nombre Corona, para venderlos a la par en bares y restaurantes. “Ahora buscamos a Tequila Cuervo para hacer algo similar”, agrega Carlos, quien produce cítricos de tamaño específico y con marca, de acuerdo con la necesidad del cliente. Con los nombres Don Carlos, Tucán y Bonito intenta posicionar sus limones en el extranjero, donde disputa mercados con indios y españoles. “Queremos que nuestros limones sean conocidos como un registro de marca: como se habla de un ‘Habano’ para referirse a un buen puro”, dice el empresario, egresado de la Universidad de las Américas y el ITAM con estudios en Economía y Comercio Internacional.

Jugo de familia
Nada es casual en la vida de los Couturier. Francisco salió de los campos veracruzanos de San Rafael para estudiar, con la meta de expandir un negocio familiar que fundó su padre hace 50 años en tierras heredadas del abuelo de Carlos, un inmigrante francés que llegó a México a fines del siglo XIX, atraído por las facilidades legales que el gobierno de Porfirio Díaz ofrecía a los europeos que eligieran radicar en el país. La zona, con uno de los mejores climas para el cultivo de cítricos, se convirtió en una sucursal de las aldeas francesas en la campiña jarocha.

“Somos rancheros. Nos gusta el campo y vivir bien. Y para tener ambas cosas se necesita algo más que ganas de trabajar”, comenta el nieto de aquel francés que actualmente viaja en avioneta cada semana al DF para comercializar sus productos.

Carlos recuerda la época en que su padre buscaba ir a la vanguardia de sus competidores y vender sus productos más allá de México. En 1960 logró entrar en Estados Unidos. Casi cuatro décadas después, su hijo Carlos le dio otro empujón a la empresa, al cruzar los océanos con sus cítricos y su visión mercadológica.

Poco a poco, Carlos fue tomando las riendas del negocio y se hizo cargo por completo el año pasado, al fallecimiento del fundador. Ahora, la producción de la empresa está repartida: el limón, en Norteamérica, Japón y Europa; la toronja, en Europa y Canadá, y la naranja –como jugo procesado a través de las empresas Citrex y Citrofruit– en México.

Para mejorar la producción y ser más competitivos, los Couturier han modernizado paulatinamente la maquinaria. Ahora usan podadoras israelíes, fertilizadoras estadounidenses y cosechadoras que agilizan la recolección y abaten costos.

Además, a mediados de este año Carlos tiene programada la cosecha de 450 hectáreas de limón, toronja y naranja orgánicos, productos por los cuales en el mercado europeo (segundo importador de orgánicos en el mundo, después de Estados Unidos) se paga hasta 40% más en comparación con los productos tradicionales. Ése será el primer paso para lograr que por lo menos una cuarta parte de los cítricos de Couturier Hermanos sean orgánicos.

Cáscaras con lustre
Las frutas de Carlos Couturier llevan al menos cuatro certificaciones de calidad. En cada cosecha de limón y toronja invierte al mes unos 120,000 pesos en programas de inocuidad para las aguas residuales, separar la basura orgánica e inorgánica, capacitar a empleados sobre prácticas de higiene y ecología, como uso de uniformes, manos limpias, zapatos desinfectados, cubrebocas y guantes.

“Si se cumplen es una puerta abierta a diversos mercados, ya que brindan al consumidor un alto grado de confianza”, afirma el empresario. El certificado fitosanitario internacional de exportación lo emite la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Recursos Naturales y Pesca e implica que el producto tiene buenas prácticas agrícolas y de manejo desde su producción hasta su empaque y transporte.

Implantar esas prácticas al pie de la letra le abrió mercados en 11 ciudades europeas, cuatro de la zona TLCAN y dos asiáticas. “Somos la empresa agrícola que tiene actualmente más certificaciones en México”, afirma orgulloso. Además de tener este sello básico para exportar productos frescos, tiene la certificación ‘México Calidad Suprema’, emitida en conjunto por la Secretaría de Economía, la Sagarpa y Bancomext, la cual garantiza que esos productos cumplen con las normas mexicanas y las internacionales en materia agropecuaria.

Sólo otros tres productores veracruzanos de limón persa y unas 50 empresas agrícolas y ganaderas han logrado alcanzar esa certificación. Además, desde febrero de 2005 está reconocida por la certificación Eurepgap, un programa europeo creado por 24 grandes cadenas de supermercados para aumentar la confianza del consumidor en el manejo de productos agrícolas luego del temor generado por el ‘mal’ de la vaca loca y la aparición de los alimentos genéticamente modificados.

Los cítricos de Couturier tienen colgadas otras dos certificaciones: la de inocuidad de alimentos llamada HACCP (Hazard Analysis and Critical Control Point) reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el sello British Retail Consortium emitido por una asociación que agrupa a 90% de la venta minorista de alimentos en Reino Unido.

Couturier ha ido un poco más lejos y logró pasar los filtros de la cadena británica Tesco, el tercer distribuidor minorista de alimentos del mundo. Su certificación Nature’s Choice es similar a la europea pero más rígida en el manejo del medio ambiente, como el reciclaje de agua, el menor uso de químicos en el tratamiento de las plantas y la rotación de cultivos.

Cada certificación exige sistemas de ‘rastreabilidad’ de los productos, es decir, garantizan que cada limón y toronja de Couturier puestos en una estantería de un supermercado puedan monitorearse hasta el campo en donde se cultivaron y verificar el tratamiento que tuvo la tierra, el uso de plaguicidas y fertilizantes, el manejo que le dio el agricultor e, incluso, la seguridad laboral de éste.

“Hemos logrado cubrir todas las demandas porque estamos de acuerdo con ellas. En respetar la naturaleza y a las personas por el bien común”, agrega Couturier.

Así un californiano puede saber que los campos de este veracruzano tienen señalizaciones, baños móviles, comedores y dormitorios y quizá hasta se entere de que los ojos de su dueño son del color del limón que acaba comprar.

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