Ellas los prefieren flacos

Las compañías se han puesto a "hacer dieta".
Belén Merino / Alejandra Xanic

En diciembre pasado, la báscula casera de Marcos Ríos ‘rompió’ la barrera de los 100 kilos. Tiene 39 años, tres hijos que quieren que corra tras ellos y sus rodillas ya lanzaban las primeras quejas, como anticipo de malas noticias. "Mi cuerpecito no podía con eso", cuenta el gerente de la Unidad de Negocios para Vacunas de Wyeth.

El 4 de abril pasado volvió a subirse a la báscula, que marcó casi 10 kilos menos, y se instaló entre los punteros del concurso ‘Buscando la tonelada’, que organizó Wyeth con otros 165 empleados voluntariosos. Buena paga para Ríos que suda la gota gorda cuando muchos todavía duermen.

Como Wyeth en sus oficinas de la Ciudad de México, otras empresas mexicanas están buscando incentivos y programas para adelgazar a su personal y ‘espantar’ las enfermedades que suelen acercarse, atraídas por este exceso.

Algunas siguen las indicaciones de la Secretaría de Salud, que en el sexenio pasado diseñó el programa ‘Tomando medidas’, buscando aliados entre las instituciones y empresas, para bajar al país de talla. Y es que, según la Secretaría, dos de cada tres mexicanos pesan más de lo que deben. "Es una tragedia, hemos pasado de ser un país de flacos desnutridos, a uno de gordos desnutridos", comenta Agustín Lara, funcionario del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades de la Secretaría. Siete millones de cintas métricas que imprimió la dependencia, pasan de mano en mano por las oficinas públicas y los cubículos con el puntual indicador: ¿cuánto es sobrepeso? Pasando los 80 centímetros de cintura, en las mujeres mexicanas, y 90 en los hombres.

Pero ¿por qué ha de importarle a las empresas? No se le percibe así, pero éste es un riesgo de trabajo, y uno muy silencioso, explica Manuel Antón, director del servicio médico en Banobras. Más aún entre empleados de oficina, que saltan de la silla frente al escritorio, al asiento del auto, al sofá de cara al televisor.

Manpower, compañía de servicios en recursos humanos, descubrió a partir de un estudio que realizó a sus 200 empleados, que 5% de sus faltas al trabajo se debe a causas asociadas al sobrepeso. "(Padecen) dolores en las articulaciones, depresión, falta de autoestima y otros motivos asociados a efectos secundarios por el exceso de peso", revela Laura García, la gerente de Relaciones Públicas.

El sobrepeso es una gotera por donde escapan pesos y centavos, añaden otros especialistas. De acuerdo con el director médico de Seguros Atlas, Bruno Guarneros, "las pólizas se incrementan 50% cuando el peso de un empleado es 20% superior al recomendable". El impacto se debe a que el sobrepeso y la obesidad están asociados con un gran número de complicaciones, como diabetes, problemas cardiacos e hipertensión, que son caras de atender. "Una revascularización, que se hace tras sufrir un infarto, puede costar 300,000 pesos", señala. "Incluso si hay obesidad mórbida –que es el extremo– existe la posibilidad de que las aseguradoras los rechacen", agrega.

La báscula cruel
Otras empresas están asomándose al espejo ya. Banobras invitó a los 733 empleados del corporativo en la Ciudad de México a realizarse un examen médico, a finales de 2006. 645 bajaron al consultorio médico que tiene la compañía en el sótano de su edificio en Santa Fe, donde les tomaron peso y medidas, la presión arterial y muestras para analizar sus niveles de grasa, triglicéridos y colesterol.

El área médica detectó que siete de 10 empleados tenían sobrepeso u obesidad. Sólo 38% estaba en su peso, completamente sano y con buenos hábitos de vida. El resto tenía uno o más indicadores fuera de norma, y algunos presentaban signos de alguna enfermedad. "Muchos se sorprendieron de ver sus resultados, porque se sentían bien", comenta una integrante del equipo médico. En Banobras tienen razones para preocuparse. Su personal tiene 47 años como edad promedio –por arriba de la media en muchas empresas–, tiene poca rotación y la mayoría aspira a jubilarse en la financiera, que tiene entre sus más queridas prestaciones, la atención médica (ellos no van al ISSSTE o al IMSS). "No queremos ver esto como un gasto, es una inversión", dice el médico Manuel Antón.

En la farmacéutica Wyeth tuvieron resultados similares en éste, el tercer año de ‘Buscando la tonelada’. Encontraron que cerca de dos terceras partes de sus colaboradores estaban por arriba del peso ideal, y les confeccionaron un plan de comidas y de ejercicio.

También el laboratorio Sanofi-Aventis México hizo pruebas a 80% de sus 2,000 trabajadores en 2006. "En estos exámenes algunos de nuestros empleados descubrieron que padecían hipertensión y diabetes", dice Bertrand Baron, director de la Unidad de Diabetes de la compañía.

La báscula alcanzó a los políticos. Entre bromas, la mitad de los 105 senadores de la República pasaron a consulta hace unos meses, con resultados "desoladores", relata María Elena Dorantes, senadora del Partido Revolucionario Institucional y promotora del chequeo. La mitad tenía sobrepeso y niveles altos de triglicéridos y colesterol; dos terceras partes tenían ya problemas de salud por esa causa.

La batalla
En Laboratorios Silanes, el combate a la obesidad comenzó en el comedor. Lo remodelaron, instalaron una barra de ensaladas y cambiaron el menú. "Antes, los alimentos llevaban más harina y se ponía cerdo casi todos los días, tacos dorados y tortas, como para llenar", cuenta Alma, una empleada. Silanes organizó, además, un concurso de ensaladas y las 10 ganadoras, de entre las propuestas de 198 personas –sobre todo hombres–, rotan turno en el menú diario. Un correo electrónico que avisa los platillos del día indica a los empleados el contenido calórico de cada uno. Eso sí, un día del mes hay comida internacional y permiso para ‘pecar’ con las pastas italianas.

En Sanofi-Aventis México también comenzaron por balancear los alimentos en el comedor y dejaron los hot dogs y las carnitas. La demanda de los menús cardiosaludables creció 70%.

Cambiar la dieta ha sido lo menos difícil, comentan en los pasillos de las compañías. En todas las empresas, lo que ha dado más pobre resultado es invitarlos a hacer ejercicio. Pocos utilizan el gimnasio que tienen en Wyeth, a menos que entren a las regaderas o al vapor, señala Marcos Ríos, que todas las mañanas se ejercita allí.

En Sanofi también tienen un gimnasio gratis que utilizan 80 de los 300 empleados. Nada que asombre. Después de todo, según distintos estudios, entre 60 y 80% de los mexicanos no hace deporte. "Lo que queremos es poner a disposición de nuestros empleados, diferentes opciones para promover un cambio en el estilo de vida, y revertir la tendencia de la obesidad", plantea Nicolás Cartier, director de Sanofi-Aventis México. En Banobras, como en Silanes, marcaron con calcomanías y banderines la ‘ruta de la salud’, un recorrido que atraviesa jardines, patios y escaleras, y que los médicos de planta aconsejan recorrer después de la comida. Pero muy pocos pies lo recorren en Silanes, confiesan los empleados. En Banobras, el amor por la calma y por el elevador también ha sido mayor (en esta financiera quisieron, además, cambiar el contenido de las máquinas despachadoras, pero sólo consiguieron sumar galletas de fibra al conocido menú de fritangas y pastelitos).

En el banco están por hacer su primer ‘corte de caja’, para conocer si cambió, y cómo, la salud de sus empleados, a seis meses de la primera toma de medidas, de las consultas con médicos y arengas a participar en un equipo deportivo. "El impacto lo veremos dentro de cinco a 10 años", menciona el director médico Manuel Antón, para quien el principal reto es sostener el programa en el largo plazo.

"Es muy difícil cambiar hábitos, pero con uno que empiece, se contagia", asegura Carlos Pérez, director de Recursos Humanos de Silanes. A nueve meses que comenzaran con el programa ‘La buena onda Silanes’, logró reducir el diámetro de su cintura 10 centímetros. "Dicen que cada agujero menos en el cinturón son cinco años más de vida", comenta Pérez, y muestra las marcas en su cinto negro, "¡Ya me gané 10!"

En Wyeth decidieron que el programa ‘Buscando la tonelada’ se organizara en grupos de cinco. "Así, si uno sacaba galletas, otro te ofrecía una manzana, nos echábamos porras", cuenta Liliana Rodríguez, de 26 años, que se dedica a la parte regulatoria en Wyeth y a quien le pesaban esos kilos de más. Los cinco fueron juntos a la primera toma de medidas en enero, y de cinco en cinco volvieron a partir del 4 de abril a conocer su resultado final. Liliana Rodríguez perdió seis kilos y ya sacó del armario ropa que hace 10 años no vestía. "Están todos sorprendidos, y es que sí he cambiado". Entre los cinco de su equipo bajaron 16 kilos, y ella así como Marcos Ríos eran, a principios de abril, candidatos a ganar.

Ríos dice que es difícil cambiar hábitos, pero cree en el efecto contagio, del que habló Carlos Pérez, de Silanes. Su esposa entró a hacer deporte, y sus hijos los ven con curiosidad. "Ruth, la de 13 años, me toca así en la panza ‘mira, papá, ya no estás gordo’", dice orondo. "Mis hijos están viendo que las cosas saludables cuestan mucho trabajo y disciplina. Que puedes ‘cometer un pecadillo’, pero sólo ocasionalmente".

Acaso el perdedor de este desafío de kilos es el restaurante que está frente a Wyeth, en Naucalpan. Hace unos meses, todos festejaban sus antojitos y generosas botanas. Ahora hay quienes las declinan en favor de una buena ensalada.

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