Entre peces gordos

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Regina Reyes-Heroles C.

“Queremos que nos aclares algo… ¿por qué aquí no hay emprendedores? ¿Por qué en Brasil, en Argentina es toda una revolución?” Antes de poder decir algo, Linda Rottenberg se vio sentada en una sala frente a Lorenzo Zambrano, Pedro Aspe, Emilio Azcárraga y otros grandes empresarios mexicanos. Era 2001 y la primera vez que la cofundadora y CEO de Endeavor, organismo que ayuda e identifica emprendedores de alto impacto en economías emergentes, visitaba el país para reunirse con los consejeros de su recién creada sede en México.

Rottenberg cuenta que respondió: “Señores, con todo respeto, los que están sentados en esta mesa son los peces grandes y los emprendedores son peces pequeños. Lo que pasa en países como México es que el pez grande se come al chico”.

Para nadie es un secreto que emprender en México es complicado. Según la Organización de Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), existen tres principales barreras para el establecimiento de nuevos negocios en el país: los monopolios públicos, los monopolios privados y el acceso al financiamiento.

La falta de apertura para competir es una de las grandes barreras que los emprendedores enfrentan. “De 72 ramas de actividad que contempla la economía mexicana, son contadas con los dedos las que tienen competencia efectiva y acceso al mercado”, señala Ernesto Cervera, director general de Grupo de Economistas y Asociados (GEA).

Los obstáculos dependen también de la organización económica de un país. Robert E. Litan, el ex zar antimonopolios de Estados Unidos y ahora a cargo de un centro de investigación para emprendedores, la Kauffman Foundation, señala que México tiene una economía que combina un capitalismo guiado por el Estado junto con un capitalismo oligárquico (véase cuadro en esta página).

Lo que esto conjuga es una distribución inequitativa del ingreso (y las oportunidades), un alto grado de economía informal y corrupción que alejan al emprendedurismo de actividades productivas e imponen gravámenes elevados a las inversiones extranjeras.

“Si una economía quiere crecer rápidamente tiene que buscar el capitalismo emprendedor”, dice Litan a Expansión (véase entrevista, página 64). Pero ¿qué pasos debe seguir México para cambiar esta situación?

Emprendedores o negociantes
Este año, México cayó tres posiciones, del lugar 41 al 44 entre las 178 economías valuadas en el listado anual Doing Business, elaborado por el Banco Mundial. México es superado por Japón y Chile, pero sorprende que un lugar antes, en el puesto 43, esté Namibia. Argentina, China e India se mantienen por debajo. En otras palabras, México se volvió un país aún más complicado para hacer negocios.

Otra dificultad estriba en que, mientras en otras economías los emprendedores son hombres de 18 a 34 años de edad, en México es casi igual la proporción de hombres y mujeres que emprenden negocios, pero las edades se sitúan en dos grupos, de 18 a 34 y de 45 a 68 años, según el más reciente informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM).

Y no es casual. “Esta diferencia se debe a la situación económica de las últimas décadas”, explica Marcia Campos, directora del Centro de Desarrollo Regional y Nacional (Cedereana) del EGADE-ITESM, en Monterrey.

Las personas entre 45 y 64 años buscan abrir negocios al no hallar un empleo, ya sea por la magra oferta laboral (en puestos e ingreso) o porque las empresas no contratan a mayores de 40 años, explica Campos.

Los negocios femeninos también tienen causas económicas, “por la alta incidencia de mujeres jefas de hogar y porque les permite combinar sus ocupaciones en el hogar y ofrecer algo al mercado”, agrega la directora.

Pero abrir un ‘changarro’ no es sinónimo de ser emprendedor. El problema de sólo abrir negocios, según Campos, radica en que “se da en actividades que no son productivas, no generan un valor agregado, su tiempo de sobrevivencia es corto y con alto costo financiero”.

La diferencia entre ‘negociar’ y emprender está “en el término responsabilidad social (que) está implícito, pero usualmente no lo queremos decir”, añade Cervera.

Para que un emprendedor tenga impacto en la economía debe crear un negocio que repercuta en la multiplicación del empleo y ofrezca productos o servicios innovadores.

Idealmente, señala el reporte del Global Entrepreneurship Monitor 2007, los emprendedores mexicanos deben plantear sus modelos de negocios con una visión que los lleve a competir en los mercados internacionales.

A grandes muros…
En general, explica Marcia Campos, el emprendedor mexicano no aporta valor agregado, por las barreras a las que se debe enfrentar. “Impuestos como el IETU desalientan la creación de nuevas empresas”.

En efecto, concuerda Ernesto Cervera, el marco jurídico mexicano no ayuda. Dentro del concepto económico del ‘incumbente’ (aquel que ya está consolidado) y el ‘entrante’, “el sistema opera casi siempre a favor del incumbente y el entrante lleva las de perder”, afirma.

Esto se combina con la ausencia de lo que Cervera llama ‘capital humano integral’, es decir, no sólo los conocimientos educativos, sino los valores que se adquieren durante el proceso. El sistema educativo da poca importancia a la economía desde los niveles básicos y a la valoración de las carreras técnicas y profesionales.

“El 94% de la población no distingue al Banco de México de un banco privado, no tenemos idea de las nociones más elementales”.

Y es que el diseño de la educación está disociado de los objetivos laborales del país. “Somos el único país de la OCDE que tiene dos secretarías peleadas con políticas totalmente diferentes: la de Educación y la del Trabajo, que no existe en el resto de las economías OCDE”, añade Cervera.

Para crear capital humano, en menos de una década se han multiplicado en el país varias redes de incubadoras y aceleradoras de negocios, tanto públicas como privadas, que hacen un buen trabajo, pero no es suficiente, pues el cambio debe iniciar en las primarias y terminar por la facilidad del papeleo, vía una visión integral que dejaría de hacer del gobierno ‘un cómplice’ del poco acceso al mercado, coinciden Campos y Cervera.

Grandes remedios
“México ya tiene los elementos para la estabilidad económica... Ya hiciste la tarea de balancearte, ahora tienes que cambiar esas condiciones hacia la productividad”, comenta Ernesto Cervera.

Pero –como apunta Robert Litan, de la Kauffman Foundation– para hacer una transición de un sistema oligárquico hacia un ‘buen capitalismo’ se necesitan políticas públicas que impulsen el emprendedurismo con cambios legales, institucionales y de impuestos.

La meta final es lograr que la entrada y la salida del mercado sea sencilla, asegurar la competencia y desalentar la corrupción. Si a un país le preocupan los oligopolios, señala Linda Rottenberg, de Endeavor, “los emprendedores son la respuesta, ellos pueden ayudar con eso, pues hacen el mercado mucho más competitivo. Está el caso de Amazon, que transformó la industria editorial”.

Para crear una economía emprendedora en México Litan recomienda facilitar la apertura de nuevos negocios; recompensar el crecimiento; y crear leyes antimonopolio y fomentar el comercio internacional. “México tiene el TLCAN, lo que obliga a muchas compañías a competir con firmas de Estados Unidos. Por ejemplo, Cemex tiene que competir en el escenario mundial, y eso la hace competitiva”, dice Litan.

En efecto, señala Marcia Campos, la actividad económica en algunos estados que tienen cada vez mayor relación con los mercados internacionales genera “mayores oportunidades para ser proveedores de estas empresas transnacionales y, al mismo tiempo, la necesidad de desarrollar una base de recursos humanos más preparados”, dice.

Pero Linda Rottenberg también señala que hay algo que cambió: “Hombres como Azcárraga, Zambrano, Toni Slim, Marcos Achar, Carlos Fernández o Pedro Aspe, saben que para hacer crecer a este país no basta sólo con ellos, sino que tienen que construir una gran clase media y que los emprendedores tienen el potencial para beneficiar a la economía”.

Con información de Alexandra Jardine Wall y Verónica García de León.

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