Golpe de biomasa

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Marco Appel / Bruselas

Finlandia tiene una alternativa al petróleo: sus bosques. El país nórdico cubre 20% de sus necesidades energéticas con combustible producido con base en madera (o biomasa), y de energías renovables (o verdes) satisface 30% de su consumo eléctrico.

Pero este país quiere duplicar en cuatro años su actual producción de biomasa, es decir, seis millones de metros cúbicos de residuos de madera que no procesan las industrias papelera y licorera.

La empresa StoraEnso es un ejemplo de lo que viene a futuro: 70% de sus necesidades energéticas se atienden con biomasa, 20%, con cortezas de árbol, y el otro 10%, con gas natural. La biomasa suministra 55% de la electricidad de su planta.

Pero esto no agrada a las papeleras. Temen que el plan finlandés, que apoya la Unión Europea, provoque un alza de la madera como insumo.

“Si el precio de la biomasa sube y compite con el de la fibra de madera que usan las papeleras, los camiones llevarán más árboles a los productores de biomasa”, dice Harri Karjalainen, del grupo ecologista WWF.

La recolección masiva de restos maderables despoja de nutrientes naturales al bosque, que tendrían que sustituirse con fertilizantes, hoy usados sólo en casos extremos en Finlandia.

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