La mirada de Toledo

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RM

Oaxaca está radiante, con las fachadas recién pintadas, las calles tranquilas, y los restaurantes y las mezcalerías listas para recibir a los turistas, tal vez los más cultos de cuantos llegan a cualquier destino mexicano.

Francisco Toledo, el pintor emblemático, por el que más de un coleccionista de Nueva York o México hace visitas especiales a la ciudad, ha estado “un poco flojo”, como él mismo dice, concentrado en el conflicto político y denunciando violaciones a derechos humanos.

Una de esas tardes de Oaxaca, frescas y soleadas, que tanto añorarán esta temporada invernal muchos turistas nórdicos, Toledo sale de comer en Casa Oaxaca para acudir a una cita con Expansión, en su Instituto de Artes Gráficas. Prefiere sentarse en una banca de la plaza de Santo Domingo. Dice que no ha pintado nada desde aquel cuadro en el que Juárez cae en picada en un avión del Escuadrón 201, hace casi dos años, pero tiene las manos manchadas de pintura.  ¿Será ya tiempo de que los turistas vengan a Oaxaca? “Mira eso”, señala Toledo hacia las vallas de policía.  “A nadie le gusta viajar a lugares donde hay este tipo de represión”, todavía hay detenciones de gente por participar en marchas, advierte. “No es que deba darles miedo a los turistas, pero es incómodo. Lo más que les pueda pasar es que les toque un accidente”.

El cuadro de Juárez que cae, dice, es como una premoción de lo que pasa ahora, con un piloto que no tiene idea de a dónde va.

El pintor ya se convirtió en un lobo para tratar a la prensa, que lo ha confundido con representante de la oposición. “Opino como cualquier ciudadano”. ¿Hay una solución a la vista? “Dejar a los oaxaqueños decidir por sí mismos”.

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