Y seis años después...

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Norma Lezcano

La noche de 2 de julio de 2000, al grito de “Vicente no nos falles”, la gente celebraba al hombre que ‘sacó al PRI de Los Pinos’. Fox llegó al poder con la promesa de consolidar una democracia en transición y dar estabilidad a una economía cíclicamente inestable.

En la radiografía de este sexenio se sobreponen las imágenes del rompimiento de récord históricos en las cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores opacados por la postal de Oaxaca en llamas.

Del lado de la estabilidad hay indicadores como la fortaleza del ‘superpeso’, el abatimiento de la inflación, la explosión del mercado de vivienda y del crédito al consumo, la colocación de bonos del gobierno federal a 30 años con tasa fija y crecimiento de 45% en Inversión Extranjera Directa, respecto de la era de Zedillo.

Las facturas pendientes dan cuenta del estancamiento: reformas estructurales congeladas, rezago en la generación de empleo, crecimientos del PIB por debajo del resto de las economías latinoamericanas.

En el ámbito social hubo retrocesos como el incremento de la delincuencia (común y organizada), así como el ensanchamiento de la brecha de ingresos y la inmobilidad de conflictos sociales que se resolverían en 15 minutos y acumulan ya 12 años.

La estabilidad financiera per se no generó crecimiento económico, ni garantizó la gobernabilidad política.

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