Hacia un final feliz

La afore no basta. Para un retiro digno hay que buscar más. Conozca cuatro planes alternativos.
Roberto Morán

En la vida sólo hay dos cosas ineludibles, la muerte y ser despedido alguna vez de un trabajo, dice Adolfo, un ingeniero de 42 años que se define como ‘paranoico’, característica que lo ha llevado a apertrecharse de seguros y planes de ahorro para la eventualidad de quedarse sin empleo, que también, espera, le servirán para el retiro.

Su ‘paranoia’ le viene de la experiencia en el trabajo: en los 13 años que lleva en una gran empresa de tecnología ha tenido cinco jefes directos, que han caído uno a uno a la hora de la evaluación de resultados. Eso también le ha llevado a decidir que prefiere quedarse en su puesto a dar el brinco y exponerse a esas tajantes mediciones.

Para garantizar su retiro ha preferido, hasta ahora, los seguros de vida, y ahorros en cuentas bancarias que le dan rendimientos de cetes que, como él dice, cuando menos, le protegen de la inflación. No ha recurrido a fondos de inversión porque considera que le teme al riesgo y no le gustaría ver que en algún año su patrimonio perdiera por bajas en la Bolsa. Tiene una afore, en la que no ha puesto demasiada atención, pero que revisará para aprovechar los incentivos fiscales del ahorro voluntario.

Gracias a que vendió en el momento apropiado las acciones que le dio su empresa, compró una casa, lo que le evita gastos de renta o crédito hipotecario y le da cierta tranquilidad. Su ingreso también ayuda, 100,000 pesos brutos al mes, más un bono que puede ser de un mes a seis meses de sueldo cada año, dependiendo de los resultados en ventas de la compañía.

Sin embargo, Adolfo está desperdiciando oportunidades para asegurar un mejor retiro: podría conseguir seguros más baratos que los que está pagando, aprovechar incentivos fiscales de los nuevos planes personales para el retiro (que ofrecen algunas instituciones, como distribuidoras de fondos de inversión) y obtener mejores rendimientos que en la afore.

Lo primero es que se decida a invertir a largo plazo, a más de 20 años. “Para qué le recomiendo que abra un plan personal de retiro si mañana lo va a querer gastar, y sacarlo de la cuenta le costará”, comenta Juan Musi, director de Asesoría Patrimonial de Prudential Financial. Y el siguiente paso será que se decida pronto, porque el ahorro en la afore no puede garantizarle un retiro digno, estima David Buenfil, director de Skandia, distribuidora de fondos de inversión.

Buenfil explica que para un retiro digno hay que contar con 70 u 80% del salario, y el ahorro obligatorio en la afore sólo garantiza alrededor de 25% si no se hacen aportaciones voluntarias. De acuerdo con el directivo, el gobierno reconoció que las afores no son suficientes para garantizar el retiro, por lo que a partir de 2003 autorizó nuevos instrumentos, que ofrecen deducción de impuestos para quien decida ahorrar y no utilizar esos recursos antes de cumplir los 65 años de edad. Esos planes están contemplados en el artículo 176 de la Ley del Impuesto sobre la Renta, que permite deducir el ahorro de hasta cinco salarios mínimos anuales, cerca de 90,000 pesos. Si Adolfo ahorrara esa cantidad anualmente, Hacienda podría regresarle 25,000 pesos cada año, considerando la tasa máxima de Impuesto sobre la Renta (ISR), 28%.

La opción ya está disponible en la afore, pero los representantes de otros planes advierten que los rendimientos ahí son demasiado bajos. “Esas ventajas fiscales las ofrece Prudential, con el beneficio adicional de que el portafolio de inversión lo decide el cliente, junto con su asesor”, explica Juan Musi, quien alega que las afores tienen un régimen de inversión demasiado conservador, lo que sólo permite obtener rendimientos relativamente bajos.

Las afores se esfuerzan por superar esa imagen. MetLife, por ejemplo, presentó el plan ‘vida ideal’, que permite al trabajador escoger una nueva sociedad de inversión, con un portafolio de inversión un poco menos conservador que los acostumbrados. Además se le proponen al inversionista seguros de vida y por invalidez. “El portafolio es un poco más agresivo”, dice Leonardo Pin, director de Inversiones de MetLife.

El costo del seguro
Adolfo ha hecho sus previsiones en función de las necesidades futuras de la familia. Es casado, con dos hijos menores de 11 años y es prácticamente la única fuente de ingreso, aunque su esposa recibe ingresos ocasionales por la venta de joyas que diseña. “En algunos meses ella aporta el gasto corriente de la casa”.

Su esquema para protegerse ha sido la adquisición de un seguro de vida por 100,000 dólares, que pueden ser cobrados por sus deudos al momento de su muerte, o por él, al cabo de 20 años de pagarlo –que se cumplen dentro de 10 años–. La prima le cuesta 300 dólares mensuales. “Es algo cara”, comenta Musi, “en México ya hay instrumentos similares a precios menores”. Sin embargo, ya tiene hecho el gasto y cuando menos así asegura esa cantidad para el futuro.

La intención de Adolfo es destinar esos recursos a la educación de los hijos, con lo que se evita el pago de una de las llamadas segubecas, instrumentos que no convencen mucho a Buenfil ni Musi, porque, consideran, cobran primas excesivas. En cambio, MásFondos, otra de las instituciones autorizadas por el gobierno para ofrecer planes personales de retiro, presenta en sus planes un seguro llamado MásEducación. Así evita que el ahorrador tenga que retirar recursos de su inversión a largo plazo para la escuela de los hijos.

Hay instituciones que ofrecen seguros acompañados de un plan de inversión. Por ejemplo, se puede contratar un seguro de GNP que, al cabo de cierto tiempo, le da al ahorrador 200,000 dólares, con una prima de 3,500 dólares anuales. Podría ser que Adolfo ahorrara durante 30 años. Con esa prima, habría aportado 105,000 dólares y recibiría 200,000. “La diferencia es un premio a su ahorro”, dice un representante de GNP que no puede hablar a nombre de la compañía.

Combinar el ahorro para el retiro con el seguro puede no resultar un buen negocio, porque el inversionista no garantiza un máximo rendimiento para sus inversiones, advierte Juan Musi. Ese ‘combo’ se equipara a aquellas televisiones que se vendían con la videocasetera integrada: ninguna de las dos era buena y cuando una se descomponía ya no se podía usar la otra. “Es mucho mejor tener una inversión en renta variable, independiente del seguro”, aconseja Musi.

Miedo a los fondos
Para darse cuenta de lo que deja de ganar, Adolfo tendría que hacer números, según le sugieren los asesores de diferentes empresas. Una vez que conocieron su caso, en MásFondos le prepararon un portafolio de inversión, que le permitiría retirarse con cuando menos 9.9 millones de pesos, siempre que ahorre 7,290 pesos mensuales, lo cual no implicaría gran sacrificio, considerando sus ingresos de 100,000 pesos al mes.

El gobierno habrá aportado 2.8 millones de pesos al retiro de Adolfo, en los 23 años del plan personal (de los 42 a los 65), gracias a los beneficios fiscales. La distribuidora Skandia preparó un plan similar para Adolfo, en el que le sugiere ahorrar 7,600 pesos mensuales, para asegurar un saldo de más de 10 millones al pasar 23 años. Si Adolfo ahorrara una cantidad anual igual en la afore (87,000 pesos anuales), como aportación voluntaria, podría recibir, al cumplir 65 años, 48,000 pesos mensuales o el 60% de su sueldo, de acuerdo con la calculadora de la página de internet de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar).

La premisa de las empresas que presentan planes personales, para ofrecer más dinero que las afores, es que el inversionista tiene que estar dispuesto a asumir el riesgo de perder en algún periodo, algo que Adolfo prefiere no hacer. Se trata de invertir a largo plazo, y así permitir que las ganancias compensen las pérdidas, advierten David Buenfil, de Skandia, y Alejandro Ritch, director de Productos de MásFondos.

Los asesores insisten en que el ahorrador decida olvidarse de su dinero un tiempo, para no cosechar el premio hasta cumplir 65 años. Si quisiera retirar su inversión antes, tendría que regresar a Hacienda el monto del estímulo fiscal.

El plan de retiro de Skandia prevé cobros fuertes para quien se retire antes de llegar a su meta de inversión, como lo atestigua otro inversionista, Pedro, que sufrió en carne propia las ‘multas’ por salirse del plan. De 30 años de edad, invirtió 66,000 pesos en los fondos para el retiro de Skandia. Había firmado para quedarse en el plan, invirtiendo 5,500 pesos mensuales, durante 35 años, pero decidió salirse al cumplir un año con la inversión. Le regresaron menos del dinero inicial.

Buenfil, de Skandia, explica que todas las empresas que ofrecen el plan retienen para impuestos 20% de la inversión cuando ésta se retira antes de que el ahorrador cumpla 65 años. Además hay una comisión por cancelar antes de tiempo, de alrededor de 7%.

El plan de Skandia incluye un seguro de vida equivalente a la meta de inversión, que el ahorrador fija junto con su asesor. La meta mínima es de 200,000 pesos. La ventaja para el ahorrador es que está asegurado por esa suma desde los primeros 1,500 pesos (monto mínimo para empezar el plan). Cuando alcanza la meta, ya se puede llevar el dinero. “Ponemos el castigo para evitar que alguien busque un seguro baratísimo”, en lugar de comprometerse con la inversión.

Escéptico
Adolfo no parece fácil de convencer. La ‘paranoia’ por el desfile de jefes en su trabajo también la ha experimentado por los altibajos de los mercados bursátiles. Sabe que puede ganar con la Bolsa, porque en 1997, al momento de entrar a trabajar a la empresa en la que está, recibió unas acciones, cuya venta en 2000 le permitió comprar su casa, que ahora vale alrededor de 2 millones de pesos. Si hubiera esperado un año más para vender sus acciones, cuando tronó la burbuja de internet, la venta de las acciones no le habría alcanzado siquiera para la cuarta parte de ese valor.

Por eso no le suenan tan convincentes los planes personales para el retiro. Sin embargo, el año pasado, dicen los asesores, los portafolios de esos planes obtuvieron más de 18.75%, un rendimiento mayor al 10% que le ofrecieron los conservadores cetes.

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