Hombre de acero

Paolo Rocca sumó Imsa al imperio Techint. Su voracidad compradora no cede.
Luis García / Buenos Aires

Estudia detenidamente los movimientos propios, se adelanta a los del adversario y fija el objetivo en comer piezas ajenas. Paolo Rocca no es un ajedrecista, aunque su estrategia, como tomada de un tablero de ajedrez, es el sello que caracteriza su gestión al frente de la multinacional de origen argentino Organización Techint, un imperio siderúrgico de más de 14,000 millones de dólares en ventas anuales. 

Su último movimiento dio jaque mate a Grupo Imsa. A fines de abril pasado, una de las empresas de Rocca, Techint, desembolsó 1,700 millones de dólares y absorbió una deuda de 1,500 millones para quedarse con el control de la siderúrgica que pertenecía a la familia Canales Clariond. Con esta jugada, Imsa quedará, al igual que Hylsamex –adquirida a Grupo Alfa en 2005–, la argentina Siderar y la venezolana Sidor, bajo el paraguas de Ternium, la mayor siderúrgica de aceros planos de América Latina, controlada por Techint.

Imsa es la última pieza de una larga serie de adquisiciones protagonizada por Rocca desde que, en 2001, tomó las riendas de la multinacional argentina, tras la muerte en un accidente aéreo de su hermano mayor, Agostino. Nieto del fundador de Techint, Paolo Rocca, de 55 años, empezó a subir la escalera jerárquica del grupo en 1985, cuando se inició como asistente del presidente del directorio de la Corporación Financiera Techint, luego de haberse graduado en Ciencias Políticas en la Universidad de Milán, de obtener un posgrado en la Universidad de Harvard, y desempeñarse como asistente del director ejecutivo del Banco Mundial. Desde entonces se preparó para tomar algún día las riendas del conglomerado.

Bajo su mando, en los últimos seis años Organización Techint duplicó sus ventas. ¿Cómo lo hizo? “Paolo Rocca le dio un evidente giro al grupo en recursos humanos y, sobre todo, puso un mayor énfasis en lo comercial”, dice Antonio Cejuela, jefe del departamento de Research de la casa de bolsa Puente Hermanos, en Buenos Aires. “Los empleados del grupo tienen un sentido de pertenencia que no tenían hace unos 10 años, y eso se nota incluso en el management de primera línea. El énfasis en lo comercial se expresa en la cantidad de adquisiciones de la compañía. No hay muchas empresas en el mundo que estén buscando permanentemente oportunidades de negocio como lo hace Techint”, agrega.

Esa voracidad lo llevó a invertir 10,000 mdd en los últimos tres años en la adquisición de compañías que no sólo fueron al collar de Ternium. También Tenaris, otra holding controlada por Techint y el mayor productor mundial de tubos sin costura (aquellos utilizados en la industria petrolera), creció en los últimos años. Las recientes compras de las estadounidenses Maverick Tube, en 3,185 mdd, y de Hydril Company, en 2,160 mdd, se sumaron a la mexicana Tamsa, las argentinas Siderca y Siat, la italiana Dalmine, la venezolana TAVSA, la japonesa NKK Tubes, la brasileña Confab, la canadiense Algoma Seamless Tubes y la rumana Silcotub/Donasid. “Paolo Rocca ha logrado moverse muy bien en el contexto de la globalización de la industria siderúrgica”, afirma Carlos Hermosillo, analista de Vector Casa de Bolsa.

Tras la crisis que vivió el sector a comienzos de la década por los bajos precios y las medidas proteccionistas de Estados Unidos, desde 2003 el negocio del acero vive una bonanza que no presenta final a la vista. En América Latina, la insaciable demanda china sumada al crecimiento económico que empujó grandes obras de infraestructura en algunos países dispararon los precios del acero. Y ese contexto desató una fuerte ola de consolidación. Rocca la navega con éxito. De hecho, su compulsión por ganar nuevos mercados permitió adelantarse y colocar algunas barreras de entrada a sus potenciales competidores en mercados clave. “La brasileña Gerdau entró al mercado mexicano con la compra de Tultitlán, pero esa acerera produce 350,000 toneladas frente a los seis millones que suman Imsa e Hylsamex”, comenta Victoria Santaella, analista de Santander Investments, en Nueva York. “Gerdau ya anticipó que las adquisiciones grandes no las hará en el continente americano porque, para alcanzar sus objetivos de crecimiento, tiene que hacer compras de empresas de cinco a 10 millones de toneladas, y ya no existe ese tipo de plantas en América”. 

Rocca llegó antes que su gran competidor latinoamericano Gerdau, con ventas por 11,000 mdd el año pasado y la única compañía de la región que se acerca a la suma de las ventas de Ternium y Tenaris. Aunque ese juego de siderúrgicas latinoamericanas está aún muy lejos de la gigante Arcelor Mittal cuyas ventas sumarán 79,534 mdd, una vez cerrada la fusión.

En todo caso, la clave de Rocca no sólo pasa por un acertado manejo de los tiempos. La integración de sus empresas y las sinergias alcanzadas son su sello distintivo. Y buena parte de esas ventajas confluyen en México. Hylsamex, por ejemplo, está recibiendo a un costo bajo planchones de acero de la venezolana Sidor, para luego convertirlos en productos de alto valor agregado en México y comercializarlos con los altos precios del mercado norteamericano. Esa misma dinámica también se reproducirá con Imsa. “Una vez que la expansión de la planta de Siderar se complete en 2009, el plan será enviar el planchón de Argentina (donde los costos de producción son más bajos) a México”, señala Santaella, de Santander Investments.

La demanda de acero recubierto está acelerándose porque algunos fabricantes de automóviles y electrodomésticos (sobre todo de Estados Unidos) han radicado en México sus operaciones de manufactura. El objetivo trazado por Rocca es sustituir buena parte de las importaciones del mercado norteamericano. “Una vez completada esta transacción (de Imsa), Ternium fortalecerá su posicionamiento en Norteamérica, donde se concentrará 60% de su facturación (hoy 30%)”, dijo Rocca en un comunicado distribuido a la prensa a fines de abril pasado.

Riesgo político
Además de los mayores márgenes del mercado norteamericano frente al sudamericano, el foco puesto en México también aporta otras ventajas. “La compra de Imsa ayuda a reducir la exposición de Ternium en Venezuela”, apunta Edmo Chagas, analista del banco de inversión UBS, en Río de Janeiro. En Venezuela, Rocca está sudando frío ante las amenazas del presidente Hugo Chávez. Luego de citarlo en mayo pasado en Caracas, el líder bolivariano adelantó los términos de esa reunión en una de sus habituales apariciones públicas. “Le voy a decir a Rocca: vamos a hacer una ley y te vamos a obligar a suministrar primero que nada el acero venezolano al mercado nacional antes de que te lo lleves a otros países. Si no estás de acuerdo, dame que yo agarro la empresa”, dijo Chávez.

Hábil para entender y aceptar las relaciones de fuerza, el empresario viajó a Caracas a mediados de mayo pasado, pero no fue atendido por Chávez. Luego de que el precio de la acción de Ternium se derrumbara en Wall Street y cuando todo hacía prever que la tensa relación con Chávez precipitaría una escalada del conflicto, Rocca sacó a relucir una de sus habilidades más preciadas: la destreza política, clave para hacer pie en una actividad que tiene muchas veces como clientes a los gobiernos.

De hecho, el mismo presidente argentino Néstor Kirchner terminó por interceder para que las amenazas del presidente venezolano no pasaran a los hechos. Eso le permitirá, más allá de que deberá ceder algo en las discusiones con el gobierno chavista, seguir sacándole lustre a Sidor. “Cuando en 1998 Sidor fue privatizada y tomada por Tenaris, el rendimiento no pasaba de tres millones de toneladas; hoy, con cuatro millones, está al tope de la capacidad de la planta. Y las inversiones aplicadas por el principal accionista hicieron que la eficiencia de la relación hombre/tonelada de acero fundido se incrementara hasta alcanzar casi los valores que debería alcanzar una siderúrgica en cualquier parte del mundo”, dice Alfredo Gibbs, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos y de Minería en Caracas.

En todo caso, sea en Venezuela, México o Argentina, Paolo Rocca deberá seguir alimentando una larga tradición familiar de relaciones íntimas con los estados. Esa relación tiene raíces profundas. En 1931, su abuelo Agostino fue designado por el gobierno de Benito Mussolini como vicepresidente de Dalmine, la siderúrgica pública más grande de Italia. La caída del régimen fascista fue una de las causas que llevó a los Rocca a probar suerte en Argentina, a mediados de los 40. Desde entonces, gracias a sus fluidos contactos políticos y a una alta generación de caja, los Rocca se convirtieron en actores protagónicos de la industria argentina e inmunes a los cambios de gobierno. A tal punto, que Tenaris es capaz por sí sola de marcar el ritmo de la Bolsa de Buenos Aires: su acción tiene un peso de 34% en la composición del Merval, el mercado de valores de la capital argentina. 

Tan poderoso como poco proclive a las apariciones públicas, Paolo Rocca gusta de cultivar el contacto con sus pares de la región. En abril de 2006, participó junto a Carlos Slim, Emilio Azcárraga, el magnate venezolano de medios Gustavo Cisneros y el ex presidente español Felipe González, entre otros, en una cumbre de millonarios latinoamericanos en Buenos Aires destinada a compartir experiencias, diseñar estrategias de crecimiento y capacitar a sus herederos.

Precisamente, esos temas forman parte de las preocupaciones principales de Rocca. Aunque también deberá prestar atención a algunas luces amarillas que se encendieron en los últimos meses. Tras la compra de Imsa, Ternium está apalancada con una relación de una vez y media de deuda neta sobre EBITDA. Es un nivel de deuda que exige asimilar bien las últimas compras antes de lanzarse a la caza de un nuevo bocado. ¿Eso significa que la voracidad de Rocca cederá? No. En el horizonte del presidente de Techint aparece otra empresa mexicana: Altos Hornos de México (AHMSA), líder nacional en producción y comercial de productos planos y última joya atractiva de la industria siderúrgica que queda por vender. También allí intentará otro jaque mate. Es que, al igual que en el ajedrez, para Paolo Rocca no hay mejor defensa que un buen ataque.

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