Negocios en el aire

-
Bárbara S. Peterson

Robert Scoble, ejecutivo en tecnología, viajaba en un vuelo de California a Seattle, cuando se encontró sentado al lado de un vicepresidente de Costco. A Scoble, que entonces trabajaba en Microsoft, le intrigaba saber cómo Costco, el minorista gigante, administraba su inventario de tecnología. Así que inició una conversación y para cuando aterrizaron ya había recibido clase de un experto en ventas. “He tenido muchos encuentros interesantes en los aviones”, aseguró Scoble, ahora vicepresidente del nuevo Podtech.net, que vuela por trabajo, al menos una vez a la semana.

Un vuelo “es un gran lugar para reunir ideas y descubrir tendencias, especialmente en tecnología”, opina. Por eso, Scoble prefiere que el asiento de al lado esté ocupado. Para extrovertidos como él, conectar con sus vecinos es una mejor forma de aprovechar el tiempo de vuelo que atender pendientes inclinado sobre su computadora portátil.

Hay quienes han encontrado así a nuevos clientes: Howard R. Elisofon, abogado de Nueva York, a menudo intercambiaba tarjetas con sus compañeros de viaje, y en más de una ocasión volvió a saber de algunos que buscaban un asesor legal. “Cuando estás con otros en un espacio pequeño se crea un ambiente de camaradería”, explica. Con todo, el lugar donde uno tome asiento, puede hacer toda la diferencia. “Definitivamente hay más oportunidades de conocer a tus pares al frente (del avión)”, asegura Elisofon.

Pero también se corren riesgos al iniciar una charla en las alturas. “Podrías pasar seis horas escuchando a alguien hablar de su cirugía bucal”, describe Jeanne Martinet, autora de seis libros sobre interacción social y etiqueta. Para evitar estos aprietos, “tenga sus técnicas de escape preparadas”, sugiere. Entre las salidas confiables están ponerse los auriculares, encender la  computadora o sencillamente dormir. Muchos viajeros de negocios saben que las posibilidades de encontrar a alguien compatible también varían según la ruta. En una cabina de avión “confluyen la industria privada y el espacio público”, y ciertos vuelos ofrecen la mejor mezcla de ambos, dice Joe Brancatelli, columnista de viajes que dirige el portal JoeSentMe.biz. Entre los mejores están los vuelos entre Silicon Valley y otros centros de alta tecnología. Otro escenario importante es el servicio de transporte que corre cada hora entre los aeropuertos de Nueva York, Boston y Wa-shington, y que operan Delta y USAirways, donde uno de los pasatiempos populares es reconocer a políticos famosos.

Más allá del riesgo de toparse con un vecino aburrido, hay viajeros que temen a la posibilidad de revelar algo por descuido a un competidor. Brancatelli aconseja platicar de temas generales cuando se inicia contacto y hablar en voz baja. La mayoría de las aerolíneas dejan el comportamiento social a criterio de sus clientes, pero los aviones de JetBlue Airways tenían una tarjeta en los respaldos de los asientos que aconsejaba a los viajeros presentarse con sus compañeros de viaje, disculparse amablemente cuando tuvieran que  pararse de su lugar y evitar ofensas con comida o pies malolientes.

Pero no hay soluciones fáciles para algunas situaciones. Un viajero en el servicio de transporte entre Nueva York y Washington se encontró viajando al costado del jefe que lo acababa de despedir. Afortunadamente vio un asiento vacío en otra fila y pudo evitar más humillaciones. Otra situación de pesadilla es “descubrir que estás sentado en primera clase y tu jefe está en la clase turista”, añade Brancatelli.

New York Times News Service

Ahora ve
No te pierdas