La magia de ‘pueblear’

Los Pueblos Mágicos le dieron otra cara al turismo, pero es hora de hacerle algunos ajustes.
Lourdes Esquivel

Febrero, 2005. Son las seis de la mañana y una joven camina por las sombras de un pueblo que apenas empieza a iluminarse con el sol. En las calles hay poca gente, pero todos van al mismo lugar: la terminal de autobuses. El grupo abordará el transporte hacia la ciudad de Aguascalientes, la capital del estado, ubicada a 60 kilómetros de distancia.

Cuando ellos se van, el sol comienza a caer en esta tierra que alguna vez fue de mineros. Entonces eran épocas de gloria para este pueblo llamado Real de Asientos. Había trabajo y prosperidad. Ahora ya no es así. Los que toman el camión por las mañanas saben que el pueblo no despertará del todo; que seguirá adormilado y casi vacío hasta el anochecer, cuando ellos regresen de su jornada.

La chica que toma el autobús se llama Laura Marina Salas. Tiene 21 años y es la hermana mayor de seis. Su madre es ama de casa y su padre ha sido obrero desde que la minería desapareció del lugar. Hace poco, la joven se graduó como Técnica Superior en Comercialización. Lo hizo en la Universidad Tecnológica del Norte, a unos 20 kilómetros del pueblo. Eligió esta carrera porque sabía que las oportunidades de trabajo estaban en la capital. Por eso, todos los días en la mañana deja atrás un pueblo fantasma donde sólo quedan unos pocos comerciantes y las mujeres que cuidan de los niños y los ancianos.

Febrero, 2007. El sol ya salió por completo, pero Laura Marina no ha abordado el camión para ir a Aguascalientes. De hecho, hace meses que no lo hace. Algo sucede en este pueblo desde que surgió un proyecto denominado Túneles y Pinacoteca del Templo de Nuestra Señora de Belén.

Cuentan que varios pobladores encontraron una red de acueductos subterráneos bajo el templo, surgiendo así una nueva vocación para Real de Asientos: el turismo. Algunos habitantes ayudaron a remozar los túneles con sus propias manos, arreglaron una vieja camioneta para transportar turistas y hasta aprovecharon algunos terrenos ejidales para brindar servicios de turismo alternativo.

Laura Marina trabaja ahora como guía de turistas. Y su carrera le permite apoyar la operación de este atractivo turístico que, desde octubre de 2006, le cambió la vida a Real de Asientos. Su nueva vocación obligó a los lugareños a diseñar recorridos atractivos. Convirtieron en museo el Ex Convento de Tepozán, promovieron la conservación de los bienes patrimoniales y mejoraron la imagen urbana. En los últimos dos años, los 3,600 habitantes del pequeño municipio han recibido a más de 43,000 turistas; cifra que esperan ver crecer en forma considerable en esta primavera, en el marco de la Feria de Aguascalientes.

Ahora nadie lo duda, este pueblo está despertando.

La magia del pueblo
En 2001, surgió en la Secretaría de Turismo el plan de diversificar la oferta turística del país, además del sol y la playa. Lo llamaron Pueblos Mágicos y tomaron como referencia las experiencias de Francia y España, donde se han rehabilitado pequeñas localidades con valor histórico y cultural.

La intención era vincular esta distinción con una magia particular; un encanto que puede estar relacionado con su gastronomía, su paisaje, un icono, un convento, una peña o un centro ceremonial. “La idea de ‘pueblear’ es muy común en México, pero el potencial de esta actividad nunca había sido considerado tan seriamente a nivel gubernamental”, explica Juan Carlos Arnau, director general de Programas Regionales de la Secretaría de Turismo.

Los pueblos quieren ser ‘mágicos’ porque, entre otras cosas, reciben recursos del gobierno estatal y federal según la inversión que hagan el municipio y los empresarios locales. Los primeros destinos tocados con la varita de la Sectur fueron Mexcaltitán, en Nayarit; Huasca de Ocampo, en Hidalgo, y Real de Catorce, en San Luis Potosí. Hoy existen 30 pueblos en toda la República. Y Real de Asientos es uno de ellos.

Los promotores para lograr esta distinción son Salvador Dávila Montoya, presidente municipal de Real de Asientos, y Jaime Guadalupe Posada, al principio como director de Planeación de la Secretaría de Turismo de Aguascalientes y después como consultor de proyectos turísticos. Ambos encabezaron los esfuerzos para cumplir algunos criterios, como tener un reglamento de imagen urbana y reordenar el comercio ambulante.

También tuvieron que asumir ciertos costos. Los Pueblos Mágicos deben inhibir algunos negocios, como los rastros, quitar letreros que no correspondan con la imagen, y, a veces, dar marcha atrás a otros proyectos que pueden alterar la vocación económica del lugar.

La propuesta de Real de Asientos combinó el hallazgo de los acueductos subterráneos con la herencia religiosa de este lugar que fue asentamiento de jesuitas, su legado minero y uno de los patrimonios ferrocarrileros más importantes de Latinoamérica. Hasta existe un proyecto para unir con vías Aguascalientes, Real de Asientos y otros poblados, en un recorrido similar al de la Ruta del Tequila, en Jalisco.

A unos meses de haber obtenido la certificación, algunos pobladores de Real de Asientos ya se convirtieron en guías de turistas y recorren orgullosos los acueductos subterráneos de dos kilómetros de longitud y su manantial. También llevan a los turistas al panteón más antiguo del norte del país, al Ex Convento de Tepozán y a la zona minera.

Ser o no ser
Hay una lista de 36 pueblos que quieren ser parte del grupo ‘mágico’. Algunos son famosos, como Chapala, Tonalá y Tlaquepaque, en Jalisco; Malinalco, en el Estado de México; Santa Clara del Cobre, en Michoacán; Magdalena de Kino, en Sonora, y Jerez, en Zacatecas.

Algo que los mueve son los recursos que reciben. A un mes de haber obtenido el título de Pueblo Mágico, en noviembre de 2006, la suma de aportaciones federales y locales generó en Real de Asientos una inversión de 500,000 pesos. Esta cifra contrasta con los 65 millones de pesos (MDP) detonados en Pátzcuaro desde su inclusión en el programa en 2002, y con los 570 MDP otorgados al total de Pueblos Mágicos desde su creación.

Según Sectur, por cada peso que el gobierno invierte en un Pueblo Mágico, los empresarios aportan 7 en hoteles, restaurantes y otros negocios relacionados con el turismo.

El gobierno federal cree que San Miguel de Allende es el caso más exitoso del programa. En este destino colonial de Guanajuato, se considera que las mejoras generadas por el programa Pueblos Mágicos contribuyeron a que fuera designado candidato a convertirse en sitio patrimonio de la humanidad. “Buscamos que la de Pueblo Mágico sea una categoría previa a esta distinción de la Unesco”, dice Arnau. “Hacia allá queremos llevar a todos estos pueblos”.

A pesar de los beneficios, hay destinos que han fallado en el cumplimiento de los criterios que exige la Secretaría de Turismo. “Y ya les sacamos tarjeta amarilla”, señala Arnau. Son casos como Mexcaltitán, la cuna de la mexicanidad, donde no hubo seguimiento del plan de reestructura. Las banquetas, por ejemplo, se pintaron con colores diferentes a los acordados y en las calles se instalaron transformadores eléctricos con los cables a la vista. Incluso, hubo sectores de la población que manifestaron estar en desacuerdo en que este poblado fuera un destino turístico. Lo preferían como pueblo pesquero porque consideraban que la presencia de los visitantes alteraba las costumbres locales.

La pérdida del título era inminente. Sin embargo, el gobierno local manifestó su disposición a mantener la distinción y sus beneficios, y hasta decidió incluir la fotografía de Mexcaltitán en las placas de circulación de los automóviles nayaritas. También frenó a los grupos que estaban en contra (además de los pescadores y ONG, había grupos indígenas cuyos usos y costumbres ignoran la autoridad municipal).

El gobierno estatal dice que estos problemas fueron provocados porque faltaba información. “Si el gobierno municipal no entendió lo que representa ser un Pueblo Mágico, difícilmente podría entender qué parte le tocaba”, cuenta Ney González, gobernador de Nayarit.

Problema ambulante
Los 30 pueblos que ya son mágicos (y los 36 que quieren serlo) deben enfrentar retos tan difíciles como mantener la arquitectura del lugar en buen estado. Pero su talón de Aquiles es el comercio irregular. Así sucede en Tepoztlán, Morelos, donde peligra esta distinción por este motivo. “O nos muestran una estrategia más agresiva para ordenar el comercio ambulante o les quitamos el título”, advierte Arnau.

La relevancia de este asunto tendrá a Malinalco, en el Estado de México, en la lista de espera de los Pueblos Mágicos hasta que reordene su comercio ambulante. Y eso que ya tiene un expediente preaprobado. “No se trata de quitarlos, pero sí de ordenarlos”, dice Arnau.

Otro desafío es la resistencia de los comerciantes para remodelar sus negocios o cambiar sus letreros, así como la oposición a que los centros históricos se conviertan en áreas peatonales. También se ha visto recelo de algunos líderes locales que temen perder su influencia; incapacidad de quienes asumen el liderazgo de la causa para negociar y sumar voluntades, y la utilización del programa como argumento de promoción política.

El programa ahora es más complejo porque involucra más dependencias. Además de Sectur se han sumado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que elabora la declaratoria del patrimonio histórico de cada pueblo, y Conaculta, responsable de determinar el patrimonio intangible, como las costumbres o la gastronomía. La Comisión Federal de Electricidad (CFE), que proporciona el cableado subterráneo, y la Sedesol, que con su programa Hábitat apoya la remodelación de las fachadas y los centros históricos. La Secretaría de Economía, por su parte, da créditos a las pymes turísticas, y Fonatur elabora el plan de desarrollo urbano. El Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) es el que diseña estrategias para promover los destinos.

Los criterios de selección se han endurecido. Antes de ser Pueblo Mágico se requiere reordenar el comercio ambulante, remodelar fachadas e instalar cableado subterráneo. Esto hace prever que de esta lista de 35 aspirantes, sólo ocho logren el certificado en 2007. “Nos vamos a ir más despacio”, comenta Arnau. “La vara está más alta y se requiere más trabajo previo”.

Los 300 MDP anuales con los que cuenta el gobierno para el programa son parte de una bolsa fija. Con 30 pueblos, el promedio de recursos para cada uno es 10 MDP, pero será menor si aumenta el número de Pueblos Mágicos.

El programa preferirá los destinos localizados en estados que carezcan de Pueblos Mágicos, y hará énfasis en los del norte del país. De tener éxito, lo mejor es que no sólo se crea desarrollo en poblaciones donde ahora no lo hay, sino que habrá centros históricos remozados, se recuperarán tradiciones y volverán costumbres tan pueblerinas como caminar por las plazas y comer al aire libre. Y pueblos como Real de Asientos, despertarán de su letargo.

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