La suerte de los ex de Fox

El equipo cercano al ex presidente volvió a los negocios.

Al término de su gestión como secretario de Hacienda en el sexenio salinista, a Pedro Aspe Armella no le faltaron invitaciones para integrarse como directivo de empresas, bancos o casas de bolsa. A todas ellas declinó y optó por las aulas del ITAM. La razón, expresó en ese entonces el ex funcionario a los medios, era que haber aceptado cualquiera de esas ofertas, implicaría un claro conflicto de intereses.

Para los integrantes del primer y segundo nivel del gabinete del recién concluido sexenio de Vicente Fox ese argumento no fue motivo de inquietud. Un buen número de ellos, que dejó el mundo de los negocios por un sexenio, regresó de inmediato a ese sector, y otros, como Aspe en su momento, encontraron espacio en el ámbito académico.

Un sondeo de Expansión encontró que el Tec de Monterrey captó a varios de los integrantes de ese círculo cercano a Fox; unos cuantos volvieron a trabajar a sus empresas, y otros más son ejecutivos de estreno en otras compañías. A decir de los cazadores de talento, su currículo seguramente les dio más valor en el mercado, aunque ninguno se atrevió a hacer estimaciones.

¿Qué pueden ellos aportar a los negocios ahora? Algunos observadores creen que llevan firmeza y poder de decisión; otros, consideran que poseen influencias e información.

“Cuentan ahora con una experiencia laboral de alta intensidad. Ante la presión que implica la toma de decisiones que pueden tener repercusiones nacionales, aprenden mucho sobre el manejo de crisis, a actuar con madurez y eso es algo muy estimado por cualquier corporativo”, opina Sam Podolsky, accionista de la empresa Leaders & Boards, una cazadora de talentos. “Si lo que requiere es una persona que tenga mucha interacción con el gobierno, manejo de crisis y prospectiva en ciertos sectores estratégicos, seguramente los ex funcionarios podrían ser candidatos”, opina Juan Ignacio Pérez, socio director en México de la consultora Heidrick & Struggles.

Óscar Guerrero, profesor de Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que los funcionarios, durante el desempeño de su cargo, establecen relaciones y generan intereses con empresas que son proveedoras del gobierno federal. Él considera que el gran riesgo es que en el futuro, como pago por favores recibidos, se incorporen a esas compañías, y utilicen información privilegiada de la administración pública, en perjuicio del erario. Guerrero prevé posibles conflictos de interés. Como el que vieron en el caso de Francisco Gil, que recién había dejado el puesto de Secretario de Hacienda, aceptó el asiento de consejero independiente del banco HSBC, al cual después renunció.

El hecho es minimizado por Juan Ignacio Pérez. “Cada ejecutivo, antes de colocarse, es evaluado; se analiza dónde puede ser colocado, y qué información puede usar y cuál no. Nadie contrata a una persona que le pueda causar problemas. Las empresas no quieren información privilegiada, quieren líderes”.

Y en estos años ¿qué aportaron con su paso al quehacer gubernamental? “Sangre nueva con ideas, tecnologías y sistemas de trabajo modernos. Esto le da oxígeno, que mucha falta le hace, a la administración pública”, responde Leo Zuckermann, politólogo del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Para el consultor Sam Podolsky, la aportación de esos funcionarios fue imponer orden y una nueva dinámica a la gestión pública. Aunque aclara que ambos ámbitos siguen reglas distintas: “El sistema empresarial funciona bajo un modelo de autoridad piramidal que exige disciplina; la burocracia, en cambio, demanda conocimiento pero, sobre todo, sensibilidad. Si las dos esferas son incapaces de adaptarse, el proceso no funciona”.

Y eso fue, quizá, lo que falló, coinciden los analistas. “Era un gabinete de claros ecos porfiristas: mucha administración, poca política. Y si bien es cierto que la gente demandaba mucha más efectividad y menos ‘grilla’, el gobierno no dejó de ser un ente político. Con un Congreso sin mayorías, lo que el Ejecutivo requería era capacidad de negociación”, opina Óscar Guerrero, de la UNAM. “Fue como una mano de pintura al edificio burocrático, una medida más estética que efectiva, una reforma semántica”, sentencia.

Con todo, los especialistas coinciden que hubo avances. Eso explica que las empresas y universidades privadas hayan ido tras esos ex funcionarios al final de su paso por la administración federal.

Aunque no todos corrieron la misma suerte. Emilio Goicochea Luna, ex secretario particular de Fox y hombre que ha hecho carrera en el gobierno y la iniciativa privada, tuvo un tránsito difícil. El Partido de la Revolución Democrática puso piedritas a su nombramiento como nuevo embajador de México en Canadá.

Carlos Hurtado, ex subsecretario de Egresos, fue impugnado por la oposición, que le impidió integrarse a la Junta de Gobierno del Banco de México, como factura por ‘la mala relación’ que tuvo con los legisladores durante su paso por la Secretaría de Hacienda.

Algunos más, en medio de críticas, son ‘candidateados’ para ocupar cargos de relevancia internacional, como el mismo Vicente Fox, a quien se mencionó como posible director ejecutivo de la cadena hispana de televisión, Univision, hecho que fue desmentido por su esposa, Martha Sahagún.

Con todo, no cualquiera puede presumir en su currículo haber ocupado una oficina en Los Pinos o una Secretaría de Estado. Y eso es, sin duda, un plusvalor.

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