La vida que quieres

¿Cansado del trabajo? A los 40 años y otro tanto de vida por delante, muchos se deciden a reinv
Marina Delaunay y Alejandra Xanic

Dicen que la vida comienza a los 40. ¿Quién no ha soñado con botar la corbata o los tacones, y deslizar los pies en un regio par de sandalias para atender un pequeño hotel boutique en Playa del Carmen o San Pancho, Nayarit?

Entre el cierre de los 30 y principios de los 50, las preguntas que le surgen a muchos a mitad de carrera y atacan implacables, en algún momento, son: ¿Esto es todo?, ¿qué sigue?

Hace medio siglo recibió el nombre de ‘crisis de la mediana edad’. Algunos afirman que es mera invención de la mercadotecnia para apoyar a las marcas que salivan por vender autos deportivos, poder sexual y tratamientos antiedad. Pero para muchas mujeres y hombres en los negocios, la experiencia está siendo tan determinante como su paso por la pubertad.

“Con una diferencia –dice el ahora empresario Rodolfo Rubio-: en la adolescencia seguías lo que los otros veían en ti, y ahora tienes la oportunidad de decidirlo tú mismo”. Hasta hace dos años, Rubio era el director general en México de una multinacional (la agencia Leo Burnett), tal como se había propuesto a los 23, y tras una larga carrera en corporativos.

A los 45, casado y con tres hijos de siete, 10 y 12 años, decidió dar el brinco, emprender algo propio. “Llevas tiempo creyendo que sabes quién eres, y, de pronto, te preguntas si realmente eres el que quieres ser”.

Durante tres meses pasó las madrugadas armando un plan de negocios en casa. Rubio guarda una carpeta con innumerables ideas y planes de negocios que imaginó durante su vida corporativa, como sacar al mercado un envase con café frío –cuando aún no lo había en México–, o traer Häagen Dazs al país, allá por los años 80.

“¿Podemos pagar este cheque?”, le pregunta una de sus seis colaboradores una mañana de mayo en su luminosa oficina de Polanco. El directivo, que durante cinco años diseñó las estrategias macro para Leo Burnett, ahora es todólogo: abre una cuenta de banco, escribe reportajes, firma cheques y maneja el programa de cálculo que antes operaba el director financiero de la trasnacional. Cambió el cabello corto por el largo y, en abril de 2005, este amante de la gastronomía creó Food Love Ventures, una compañía de experiencias culinarias que publica la revista Sabor, tiene la tienda de comida Dumas, en Polanco, y organizó un primer festival gastronómico en San Miguel de Allende, en abril pasado.

Muchos en el ambiente corporativo sienten una punzada como la que experimentó Rubio. Es una excusa para ‘portarse mal’, dirán los más viejos, que no recuerdan haber sentido esa inquietud cuando tuvieron esta edad.

Pero la circunstancia de vida de unos y otros (los de 40 y sus papás) podría explicar, en parte, que estén experimentando esta crisis de la mediana edad.

Cuando el papá de Rubio estaba por cumplir su cuarta década, la esperanza de vida de los mexicanos era de 60.6 años y los empleos eran para toda la vida; apenas había tres divorcios por cada 100 matrimonios, y las uniones, por lo general, no finalizaban hasta que algunos de los dos muriera. Además, las parejas tenían más hijos (6.7 en promedio) en quienes apoyarse eventualmente. Una realidad muy distinta es la de los hijos de esa generación. Su expectativa de vida es de 76 años, tienen dos hijos y hay un promedio de 11 divorcios de cada 100 matrimonios. Ya no tienen el empleo seguro, la jubilación no bastará y los veinteañeros vienen tras ellos brincando puestos como ardillas.

Además, el entorno social es distinto. Hoy en día hay mucha presión hacia la belleza, y menos reconocimiento a la madurez y la vejez, que dificulta asumir los cambios que experimentan, observa Alejandro Radchik, especialista de la Sociedad Psicoanalítica de México.

Por todo esto, “la crisis de la mediana edad se ha convertido en una necesidad existencial”, proponen Carlo Strenger y Arie Ruttenberg, un académico suizo y un empresario israelí, que crearon Life-Take2 Institute, una organización con sede  en Israel, que ofrece consultoría para diseñar este ‘segundo aire’ en la vida.

La sociedad ya no tiene recursos para pagar pensiones de jubilados que viven tanto tiempo después de dejar de trabajar. Eso “se está convirtiendo en un problema como el del calentamiento global”, comenta por teléfono Strenger (49) desde su cubículo en la Universidad de Tel Aviv. Los especialistas sugieren que cuando los retirados ‘no sienten que tienen un lugar real en la sociedad’, más vale que las personas encuentren, entre los 40 y los 50 años, cuál será su siguiente vocación. De otra manera “se convierte en una pesadilla, no sólo económica, sino también psicológicamente, la exigencia de llevar una vida con sentido y de contribuir con el ambiente y la sociedad”, explica Strenger.

40 años de preguntas
El término ‘crisis de la edad media’ es autoría de un sicoanalista canadiense, Elliott Jaques, quien lo publicó en un artículo en 1965, cuando él tenía 48 años. El concepto hoy tiene nombres en casi cualquier país y en México se le conoce más como la ‘crisis de los 40’, y se refiere,  en realidad, a la etapa entre los tardíos 30 y los 62 años. Es una experiencia para la cual la gente está muy mal preparada, dicen los especialistas. “Dos mitos que se oponen alimentan los miedos de la gente acerca de la edad media e inhiben un cambio exitoso”, escribieron Strenger y Ruttenberg en Harvard Business Review en febrero pasado.

El primer mito es que la vida a esa edad comienza a decaer, y que a los 65 termina la vida productiva –cuando Otto von Bismarck fue canciller alemán, estableció, en 1916, los 70 como la edad de jubilación, pero porque confiaba en que nadie viviría tanto.

El segundo mito, escribieron, es pensar que las transformaciones se dan por arte de magia, como alguien podría concluir de la historia de Sofie, que renunció a un organismo multilateral y abrió el hotel Marionetas, en Mérida. O como se podría pensar del caso de David, el ex dueño de una fábrica de alimentos en Iztapalapa, DF, que, en un rapto de desesperación digno del filme Un día de furia, dejó al chofer en el auto y, llorando, se puso a andar entre los coches varados en avenida Viaducto. Eso ocurrió hace un par de años, cuenta ahora desde la barra de su restorán. Tiene la tez bronceada, marca de su estancia en India. Ya no tiene auto y constriñe su vida a unas cuantas cuadras amables de Polanco.

Los disparadores
Po Bronson, un periodista estadounidense, estaba en una etapa de quiebre hace unos años, cuando decidió explorar cómo afrontaban otras personas los mismos cuestionamientos. Su iniciativa le hizo viajar por todo Estados Unidos, escuchar unos 900 testimonios y escribir un libro, What Should I Do With My Life? (¿Qué debo hacer con mi vida?).

Y si algo vio Bronson en todas estas experiencias de vida es que esta transición no tiene nada de fácil o mágica. La fuerza de voluntad y el coraje son sólo un paso necesario, pero difícilmente el único que debe tomarse, advierte desde EU. “Existe algo que llamo ‘la industria de la moderna máquina de sueños’ que continuamente escupe esa noción de que el éxito vendrá si tan sólo te lanzas a buscarlo, sueñas en grande y pierdes el miedo”, comenta Bronson. “Esta industria de la máquina de sueños es irresponsable en lo que defiende, al vender una idea vaga en lugar de ayuda auténtica. No hay nada fácil en ese cambio”.

Suele haber un detonador para esta urgencia por virar el timón. El despido, la muerte de alguien o la experiencia propia de la mortalidad, observa Yanis Raptis, director de Manpower Professional, buscadora de ejecutivos en la capital.

La oferta de un retiro anticipado fue el disparador, en el caso de Rogerio Casas-Alatriste, socio de PriceWaterHouseCoopers (PWC) en México, con 30 años de carrera en despachos de auditoría. Pese a su fascinación por la carrera, una duda llevaba años rondándole: “¿Cuál es el efecto importante que va a tener todo este trabajo? Pues muy probablemente, que el accionista de AT&T en Nueva York tenga equis puntos más de utilidades”. En 2000, y a los 50 años, pidió consejo a cinco amigos, uno de ellos, presidente de una fundación. Del edificio inteligente de PWC, en Polanco, Casas-Alatriste mudó su oficina a una casa en la colonia Santa María la Ribera, donde puso su experiencia a las órdenes de organizaciones de la sociedad civil.

En los siguientes siete años, desarrolló un programa para fortalecer e institucionalizar a más de 100 organizaciones vinculadas a Fundación Merced; las capacitó en materia de impuestos y contabilidad, y las ayudó a constituir órganos de gobierno. “Cada etapa de mi vida, sin saberlo, fue un escalón previo para llegar a donde estoy ahorita”. Desde febrero dirige la Junta de Asistencia Privada del DF.

Un problema de salud fue la clave para Jorge Pliego, director de Finanzas de la compañía de bebidas Diageo, en México. Estaba de vacaciones en Los Cabos, en diciembre pasado, cuando sintió una súbita pesadez y cambios en su ritmo cardiaco. Cansancio, le diagnosticó el médico. A sus 44 años, descubrió, con la ayuda de un coach, que había un aspecto de su vida desatendido: “No escuchaba a mi corazón”.

Este año empezó a abrir espacios para sí mismo. Una vez a la semana reserva una sala cómoda dentro de un hotel boutique en Polanco. No hay otra agenda que estar consigo mismo. “Las crisis –afirma Jorge– te indican que debes hacer algún cambio, y rápido. Antes era válido basarme sólo en lo racional. Pero llegué a una edad en que eso ya no es suficiente, y tienes que buscar ser un hombre más completo”.

Marisela Reyes tuvo un coctel de razones para querer un cambio. Durante tres años durmió con el celular muy próximo a la oreja; era la directora de 7x24, un servicio de ambulancias propiedad del Grupo Christus Muguerza de Monterrey. “Era desgastante físicamente, la hacía de superwoman: gimnasia de seis a siete; llevaba a mis dos hijos al colegio; trabajaba hasta las ocho de la noche y luego iba a un evento o a junta de consejo”.

En mayo cumplió 40 años, y nueve meses de calma. “Puedo vender piedras, pero me di cuenta que no es mi vocación vender lo que sea; ahora sé que mi vocación es algo que trascienda a la sociedad”. Así nació el programa de desarrollo humano y autoestima para niños Yo Soy, con videos, talleres y campamentos para los más chicos. Renunció a su trabajo, invirtió dinero y a los 40 años está buscando distribuidores.

“Mi vida dio un vuelco de 180 grados”, relata desde su oficina en Monterrey, una habitación de su casa convertida en estudio donde trabaja mientras sus hijos de siete y nueve años pintan y navegan en su propia computadora a metros de su escritorio.

Hacia los 35 ó 37 años, los ejecutivos ya no hacen las cosas para quedar bien, llegan a una etapa donde pueden decidir si eso es lo que quieren hacer en su vida. “En los 40 se preguntan ‘¿qué quiero hacer de la otra mitad de mi vida?’, o bien, reafirman lo que quieren”, explica el coach capitalino Mauricio Oltra.

Los caminos de la vida
A contrapelo de lo que parece creencia popular, gente como Bronson, Strenger y Ruttenberg proponen que esta etapa de la vida es una de las más ricas. Así lo confirma la propia biografía de Elliott Jaques, que fue más productivo y lúcido en los 38 años que siguieron a ese artículo suyo sobre la ‘crisis de la edad media’ y hasta su muerte, en 2003.

“Una vida como la que llevó Jaques no debe ser vista como inusual. Las concepciones de la gente en torno a la edad están completamente desvinculadas de la realidad”, publicaron Strenger y Ruttenberg en Harvard Business Review.

A los 40, un adulto tiene tanta vida por delante como la que ya recorrió. “Es un mito que después de la mediana edad ya no puedes cambiar. Hay mucha evidencia médica de que la actividad del cerebro es muy alta, no hay razón para no seguir desarrollando cosas, aunque no puede esperar que el entusiasmo a los 45 sea el mismo que a los 20”, aclara Strenger en entrevista.

El vigor y el aplomo son mayores. Aunque, claro, a nivel del cuerpo las cosas empiezan a cambiar. Apenas se apagan las velitas del pastel, los médicos suelen pedir la primer mastografía y la primer visita al urólogo.

Es justo hacia los 40 cuando se notan los cambios degenerativos que comenzaron de 12 a 15 años atrás. “Es que a mí antes…”, “ya no duermo”, “el sexo se acabó”, son frases que escucha con frecuencia Lauro Gómez, urólogo del Hospital Universitario de Monterrey. Los niveles de hormonas como la testosterona, decaen; también aquellas otras que permiten al cuerpo manejar mejor el estrés.

El físico te recuerda que no eres el joven que solías ser, dice Octavio Herrero, director creativo de la agencia de publicidad Wunderman. “Me levanto y al verme al espejo me digo: ‘Y ese señor ¿cuándo llegó a mi vida’? La gente en la calle te empieza a hablar de usted”.

Hay quienes se paralizan por el miedo a cambiar. Algunos comienzan por hacer ajustes, como Jorge Pliego. Otros optan por un cambio radical, como Rodolfo Rubio. También hay quienes saltan con paracaídas, y los que se arrojan como trapecistas, sin red.

Pero muy pocos se preparan para esta transición, observa Jorge Llaguno, académico de la escuela de negocios IPADE, que este año inauguró una serie de sesiones sobre el tema, a petición de sus alumnos en los campus de Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México.

César Ortega de la Roquette, quien dirigió desde los 28 años Bimsa, la empresa de investigación de mercados que fundó su padre, decidió vender a la francesa Ipsos cuando llegó a los 40. Ansiaba arrancar algo nuevo, quería permanecer en el sector servicios, y como empresario, pero no tenía un plan esbozado. “Subestimé la decisión que estaba tomando”, dice ahora. “Pensé: una vez fuera tendré suficiente tiempo para pensarlo”. En julio de 2006 y a sus 45 años cerraba la transacción. Sabía que vendría una etapa de duelo, de acostumbrarse a una vida nueva, pero fue más difícil de lo que imaginó. “Nada te prepara para un cambio tan drástico”. Buscó la ayuda de un asesor, y en enero de 2007 comenzó un proceso que le ayudó a poner en perspectiva su vida profesional. Cuatro meses después se integró a Bimsa Reports, que provee información táctica a la industria de la construcción, y de la cual es ahora también accionista.

La transición le sirvió para reafirmar sus preferencias. “Me di cuenta que lo que me motiva es hacer crecer negocios, hacer diagnósticos, tomar decisiones, ejecutarlas”, comenta. Este año prevén que la empresa que dirige crezca 45%.

Algunas pistas
Las transiciones no son mágicas y las que resultan más exitosas no se gestaron de un momento a otro.

“Escuchamos historias fantásticas, como el vendedor de seguros que un buen día pone un restaurante que luego transforma en la cadena McDonald’s. Pero no te dicen que llevaba años intentando hacer empresitas y que le gustaba cocinar”, dice Jorge Llaguno, del IPADE. Para prepararse para una ‘segunda vida’, hay que diferenciar entre fantasías y lo que realmente somos. ¿Y cómo hacerlo? “Si quieres ser chef, pregúntate qué rol han jugado la cocina y la comida en tu vida; si sólo vas a restaurantes, entonces ser chef es una fantasía”, sugiere Strenger. “Pero si cada semana invitas a amigos, pruebas recetas y las ordenas en tu computadora, entonces sí tienes vocación”.

Según este sicólogo de la Universidad de Tel Aviv, la gente no debería hacer cosas completamente distintas a las que ha venido haciendo. “A los 20 años tenemos poco conocimiento del mundo; en la mediana edad sabemos más acerca de nosotros”, afirma. Marisela Reyes, Rodolfo Rubio y Rogelio Casas-Alatriste, en realidad, encontraron otra aplicación para las habilidades que desarrollaron en sus carreras en el mundo corporativo.

Llaguno recomienda “comenzar a hacer pequeños experimentos fuera de nuestra realidad profesional. Si he sido abogado siempre ¿qué tal si comienzo a dar clases, o a tomar clases? Así pruebas, y, además, generas una red de contactos ajena a la que has desarrollado en 20 años en tu entorno profesional”.

Ése fue el camino que tomó María de Jesús Sánchez, que por siete años se dedicó al comercio internacional y que hoy es directora de Recursos Humanos de Ericsson. Este año, a sus 49, terminará la licenciatura de Humanidades en el Claustro de Sor Juana, y cuando cumpla 50 estará empezando la maestría. “Comencé a los 42; en estos años colaboré en dos proyectos, desarrollé contactos también en Letras y Filosofía de la UNAM y en el Instituto Mora”, dice. La mediana edad fue y es para Sánchez parte del camino para seguir buscando. Se casó por segunda vez, tiene un hijo de 26 años y ya tiene planeado su tercer ciclo profesional. También está siendo el momento de formar capital para hacer lo que sueña. “Estoy empezando a pensar y a tomar acciones para mi siguiente etapa profesional, que comenzará a los 60, como investigadora y/o académica en historia del arte”, cuenta con aplomo.

Los hombres suelen centrarse en su carrera y tienen una red de contactos limitada a su ambiente profesional, y ese tiende a ser un problema, a la hora de pensar en una transición, destaca Jorge Llaguno, del IPADE. A la hora de un cambio, no tienen relaciones en ese otro mundo al cual quieren dirigirse, y sus conocidos muy seguramente los presionarán a volver al redil.

En esto, las mujeres están mejor preparadas, dice el académico, de 38 años. Ellas crecen con más proyectos simultáneos. Además, para crecer en un mundo corporativo tan masculino suelen desarrollar redes de contactos más diversas que luego les facilitan una transición, asegura el profesor.

Sin embargo, la directora de Planeación y Finanzas de Urbi, Selene Ávalos, duda que muchas mujeres den el brinco. “La mujer (en México) tiene menos probabilidades de plantearse cambios en los 40 porque no tienen acceso a muchas oportunidades, por eso, se refuerzan en su posición y su enfoque donde les asalta la edad”. Esta ejecutiva, de 38 años, no ha pasado por una crisis así “y no la pienso tener”. Pero trabaja con un grupo de varones que buscan replantear sus vidas, comenta.

Para dar el salto, opina Rodolfo Rubio, de Food Love Ventures, hay que ‘cambiarse el chip’. “En el mundo corporativo te rodeas de gente igualita a ti; aquí necesitas gente muy diferente y complementaria”. Y tienes que ser un poco osado, advierte. Él dedicó muchísimas noches y madrugadas a diseñar un plan de negocios que le daría la independencia. Pero advierte: “Yo no lo sobreanalicé, porque si realmente piensas en el riesgo, que es altísimo, habría más razones para no hacerlo que para sí (hacerlo)”.

Octavio Herrero cree que la ‘crisis de los 40’ es más bien una crisis de percepción, una disonancia entre tres relojes que van marcando el tiempo: el interno, el físico y el social. Pero de todos, el reloj social es quizás el más cruel y el que quizás agudiza la crisis. “En México, los hombres creen que los 40 son la edad para cosechar todo lo que hiciste anteriormente. ¿Y si no tienes nada que cosechar, por lo menos no lo que la gente espera?”.

Herrero decidió cambiar su lógica. Tenía 40 años, había cerrado su empresa de comunicación corporativa y no conseguía el puesto de director creativo en una agencia de publicidad, como anhelaba. El nacimiento de su segundo hijo, Pablo, le abrió los ojos. “Aquí estoy haciendo cosas de hace 10 –cambiaba de nuevo pañales, como lo hizo con su primer hijo–. ¿Y si en lugar de pensar que tengo 40 pienso que tengo 30, y busco trabajo de esa edad?”.

En una semana encontró empleo, ya no en una dirección sino en el puesto de redactor creativo. La diferencia salarial no le importó; estaba seguro de que ascender sería cuestión de tiempo. En la siguiente década ocupó una dirección creativa, y fue director general de Ogilvy One y ahora es director creativo de Wunderman.

Desde entonces, Octavio Herrero juguetea con la idea de la edad. Ahora tiene 51 años y toca guitarra eléctrica en la banda de blues Las Señoritas de Avignon, en un bar tumultuoso de la Condesa. “El error es vivir una obra de teatro escrita por los demás”, observa. Por eso, para él la solución es reinventarse. “Puedes borrar y corregir. No hay que tenerle miedo a la goma y a escribir”.

(Con la colaboración de Verónica García de León, Ulises Hernández y Roberto Morán.)

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